1. ALERGIAS ALIMENTARIAS
Las reacciones adversas alimentarias se producen cuando al ingerir un alimento el cuerpo reacciona contra él mismo, generando una serie de síntomas. Estas reacciones se pueden clasificar en tóxicas y no tóxicas. Dentro de las reacciones no tóxicas, encontramos las reacciones alérgicas, cuando la reacción es mediada por un mecanismo inmunológico. Para el resto de las reacciones alimentarias sin mecanismo inmunológico implicadas se habla de hipersensibilidad.
La leche es la causa más frecuente de alergia a alimentos en menores de 2 años. Ésta puede ser mediada por IgE o no mediada por IgE.
1.1. Alergia a las proteínas de la leche de vaca IgE mediada
La alergia a las proteínas de la leche de vaca (APLV) mediada por IgE produce reacciones alérgicas inmediatas y potencialmente más graves. Entre sus principales manifestaciones clínicas se incluyen los síntomas cutáneos, gastrointestinales, respiratorios y las reacciones anafilácticas. El diagnóstico se realiza mediante pruebas cutáneas y detección de IgE específica en sangre. Se han descrito como principales factores predisponentes la administración de antibióticos a la madre, las cesáreas, la administración precoz e intermitente de fórmula en los primeros días o meses de vida, el déficit de vitamina D, la exposición al humo de tabaco durante la gestación y la atopia.
1.2. Alergia a las proteínas de la leche de vaca no IgE mediada
Se presenta en forma de reacciones más tardías, sin anticuerpos IgE-específicos frente a leche, debidas a reacciones de inmunidad celular. Los síntomas presentados pueden ser cutáneos en forma de dermatitis atómica y síntomas en forma de proctocolitis, enteropatía o enterocolitis. Su diagnóstico es clínico, sin precisar pruebas complementarias salvo la prueba de exclusión de las proteínas de la leche de vaca de la dieta materna.
1.3. APLV Y Lactancia
En ningún caso se recomienda la retirada de la lactancia materna, el tratamiento consiste en la exclusión de las proteínas de la leche de vaca de la dieta materna. En el caso de escoger lactancia artificial se administrarán inicialmente fórmulas extensamente hidrolizadas o fórmulas elementales en caso de seguir presentando clínica.
2. INTOLERANCIA A LA LACTOSA
La lactosa es un carbohidrato presente en la leche de todos los mamíferos, precisando de la lactosa intestinal para convertirla en glucosa y galactita para ser absorbida. La lactasa puede dejar de producirse con la edad, pero muy raramente antes de los 2-3 años. Además, la leche humana contiene lactasa, por lo que, en ningún caso de sospecha de disminución temporal de la lactosa, como por ejemplo tras una gastroenteritis importante, está justificada la retirada de la leche materna.
3. REFLUJO GASTROESOFÁGICO
El Reflujo gastro-esofágico es una situación común en los bebés. Es más frecuente después de las tomas y se considera una condición fisiológica, que además se resolverá espontáneamente antes de los 2 años de vida.
Debemos diferenciar el reflujo gastroesofágico fisiológico de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), que sucede cuando el reflujo de la leche es más frecuente e intenso, llegando a causar inflamación del esófago (esofagitis por reflujo).
Ante todo, no está indicado suspender la lactancia materna, ni siquiera
La alergia a las proteínas de la leche puede causar una presentación clínica que imita la ERGE en los bebés. Por lo tanto, se recomienda una prueba de 2 a 4 semanas de una dieta de exclusión materna que restrinja al menos la leche y el huevo en lactantes con síntomas de ERGE.
No está indicada la lactancia diferida para añadir espesante a las tomas, ni el paso a fórmulas antirreflujo. En cuanto a las medidas posturales, se recomiendan las posturas más verticales para amamantar, así como mantener al bebé en posición vertical en brazos 20-30 minutos tras la toma, pero no se recomienda la posición sementada en sillita u otros dispositivos, ya que aumenta la presión intraabdominal. Aunque la posición en decúbito prono o en decúbito lateral izquierdo pueden disminuir el reflujo, no se recomiendan como posturas para dormir ya que aumentan el riesgo de muerte súbita del lactante, y el riesgo no supera el beneficio.
4. INTESTINO CORTO
El síndrome del intestino corto responde a un estado de malabsorción que se produce por una resección masiva del intestino delgado, o por una pérdida de absorción adecuada asociada a alguna enfermedad. La causa más frecuente el lactante es la resección secundaria a una enterocolitis necrotizante.
Muchos de los bebés con intestino corto, suelen necesitar nutrición parenteral inicialmente, pudiendo conseguir de forma gradual el paso a nutrición enteral gracias a un proceso de adaptación gastrointestinal. La nutrición enteral debe introducirse tan pronto como sea posible, avanzando de forma lenta para persistente. La leche materna es la mejor opción para estos niños debido a sus propiedades hipoalergénicas y a sus factores tráficos e inmunes que facilitan la absorción de nutrientes. En caso de no ser posible la lactancia materna, se administrarán fórmulas elementales. Es importante ofrecer pequeñas cantidades por succión desde el inicio para mantener el reflejo de succión en estos niños y prevenir la posible aversión oral.
