TEMA 1. HABILIDADES DE COMUNICACIÓN EN LACTANCIA MATERNA


  1. COMUNICACIÓN

La definición concreta, según la RAE, es: “1. Acción y efecto de comunicar o comunicarse. 2. Trato, correspondencia entre dos o más personas. 3. Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor. 4. Unión que se establece entre ciertas cosas, tales como mares, pueblos, casas o habitaciones, mediante pasos, crujías, escaleras, vías, canales, cables y otros recursos. 5. Medio que permite que haya comunicación (‖ unión) entre ciertas cosas. 6. Papel escrito en que se comunica algo oficialmente. 7. Escrito sobre un tema determinado que el autor presenta a un congreso o reunión de especialistas para su conocimiento y discusión.”

Para profundizar mejor en el significado veamos como etimológicamente, el término comunicación proviene del latín communicatio, communicatiōnis, que, a su vez, deriva del verbo latino communicare, que significa compartir, intercambiar algo, poner en común. Communicare, al mismo tiempo, remite a la voz latina commūnis, que se refiere a lo común, a lo público. 

De esta manea podemos ver como la palabra comunicación es la idea de poner nuestras ideas y pensamientos en común con los de otra persona, pues lo común es aquello que se comparte. Es en este sentido en el que vamos a trabajar, en la acción de compartir pensamientos, creencias, información y sentimientos a través de una relación entre dos o más personas, por diversos canales (oral, escrito, digital); una interacción en la que entran en juego muchos elementos que pueden facilitar o entorpecer la transmisión del mensaje. 

1.1. Elementos de la comunicación

Los elementos de la comunicación son:

  • Emisor: quien emite el mensaje.
  • Receptor: quien recibe el mensaje.
  • Código: conjunto de señales o signos que forman el mensaje.
  • Mensaje: la información a transmitir.
  • Canal de comunicación: el medio por el cual se transfiere el mensaje.
  • Ruido: interferencias en el proceso de comunicación (externas e internas).
  • Retroalimentación: respuesta del receptor cuando ha recibido el mensaje.

Imagen 1: Elementos de la comunicación (Fuente: Esther Esteban)

Es necesario ver este tipo de componentes en la comunicación que tenemos, puesto que cada elemento tiene unos matices y va a ser trascendental para la comunicación eficaz. Nuestro objetivo a nivel de educación y promoción de la salud no es solamente transmitir un mensaje o dar una información, lo que buscamos en el colectivo de personas con las que vamos a trabajar es un aprendizaje e incluso una motivación al cambio. Por ejemplo, de cara a la crianza, que no solamente vamos a ofrecer datos sin más, sino que pretendemos que sepan cómo actuar en diferentes momentos de la vida de su hijo/a.  Así que aquí ya entran en entran en juego más factores a través de la comunicación porque tenemos que pensar que la comunicación o la información la recibimos a través de nuestros sentidos, lo que incluye no solo el mensaje explicito, sino también la parte no verbal y paraverbal del lenguaje y los aspectos emocionales tanto del emisor como del receptor. Hay muchos factores que influyen en la trasmisión de un mensaje y como agentes de salud debemos tener en cuenta la responsabilidad de dar el mensaje de la mejor manera posible, por eso el foco de atención está en una misma, para mejorar la comunicación. 

1.2. Proceso de comunicación

Vamos a desarrollar los elementos no verbales y paraverbales que influyen en el proceso de comunicación, desgranando los puntos más importantes donde poner énfasis para propiciar aprendizaje y motivación. 

  • Aspecto físico: el aspecto físico es cómo nos ven desde fuera: el color del pelo, la ropa, la apariencia que ofrecemos a los demás. Parece que la apariencia física influye a la hora de transmitir un mensaje, pero no hay una evidencia que determine si realmente tener el cabello de un color u otro realmente genera un impacto “x” o es un matiz más bien cultural, personal y/o social. Sí es cierto que hay determinadas cosas del aspecto físico que, si resultan importantes como el atuendo cuidado y la higiene, que, acompañados de la comunicación no verbal y paraverbal, apoyan a un efecto positivo en la comunicación. Aquí hay un sesgo muy importante que es nuestro punto de vista a la hora de cómo hay que vestir, entrarían factores sociales y culturales, de cada zona. El aspecto físico influye, es una cosa que debemos tener en cuenta, pero tampoco como algo determinante.
  • Distancia/proximidad: nuestra profesión suele conllevar una distancia y una proximidad bastante estrecha. Depende de la situación y del momento y debemos calibrar la respuesta de la otra persona ante el acercamiento. Puesto que nos metemos en una distancia íntima. 
  • Contacto físico: es bastante común tener que tocar a la mujer o al bebé en algún momento, así que es fundamental pedir permiso antes de hacerlo y avisar previamente si ya nos han dado dicho permiso. En la atención a madres puérperas es preciso recordar que podemos encontrar mujeres que se sientan violentadas por el contacto en zonas íntimas por aspectos culturales o personales (como haber sufrido abusos sexuales).
  • Tono, volumen, velocidad e inflexiones de la voz: nuestra voz es otra herramienta muy útil, el uso adecuado de las cualidades de la voz ayuda a apoyar nuestro mensaje.
  • Intensidad: es el “volumen de la voz” que se determina por la cantidad de aire que llega a las cuerdas vocales. Si hay una intensidad baja: transmitiremos poca energía, en cambio sí damos una intensidad media-alta transmitiremos mayor energía y apoyaremos el mensaje, pero sin llegar a gritar. 
  • Tono y entonación: Varía entre agudo y grave, depende de la longitud y grosor de las cuerdas vocales (a más anchas, más grave es la voz); aunque cada persona tiene su timbre también posee una gama de tonos que puede ir variando a lo largo del discurso. Para ser percibidos más creíbles funciona mejor el tono grave, aunque es recomendable ir variando el tono a lo largo de la conversación porque la monotonía aburre, pero evitando cantar. Aporta credibilidad acabar la frase en tono grave.
  • Duración: Se trata de hablar más o menos rápido; si hablamos lento produce aburrimiento y si hablamos rápido se aporta dinamismo. Provoca percepción de credibilidad hablar un poco más rápido de lo habitual, es útil generar contrastes en duración, hablando más lento en lo importante del discurso y más rápido en lo menos relevante. 
  • Timbre: Es lo que hace única a la voz, se produce por la suma del sonido que sale por las cuerdas vocales a través de la caja resonancia que supone la cara. Es poco modificable, pero se puede variar un poco como al abrir más o menos la boca y sobre todo con la sonrisa. 
  • Postura corporal: se trata no de la que tenemos en un momento determinado que viene influida por muchos factores, sino la postura corporal general que nos define. Por ejemplo, una postura neutra sería con hombros centrados, cabeza en línea y la postura armónica. Una postura de hombros caídos, cabeza y mirada hacia abajo trasmite poca energía y, por el contra, una persona con hombros hacia atrás, sacando pecho y la cabeza elevada puede llegar a producir efecto de prepotencia. Como todo, depende del contexto y de otros elementos de la comunicación no verbal. 
  • Gestos:hay múltiples gestos, tanto del cuerpo en general, las extremidades, faciales, etc. Un gesto por sí solo no da gran información, la suma de estos apoya nuestro mensaje o lo contradice. Concretamente en el caso de los gestos faciales, hay pequeños gestos, denominados microgestos, que son universales y que aparecen espontáneamente y no se pueden encubrir. Hay mucho de lo que hablar sobre este tema, pero vamos a centrarnos en tres conceptos que nos ayuden a proyectar una imagen confiable y cercana que potencie la conexión entre el profesional y la familia. 
    • Mirada: se recomienda mirar a los ojos puesto que sin contacto visual no hay conexión y la mirada atenta demuestra escucha y aporta credibilidad. 
    • Sonrisa: “el mejor vestido, la sonrisa”, proyecta una imagen positiva, ofrece confianza y optimismo. Cuidado con las sonrisas forzadas que provocarían en efecto contrario. 
    • Situación de brazos y manos: para apoyar el mensaje y provocar credibilidad la postura de brazos y manos debe ir por delante del cuerpo, a la altura de la cintura o un poco más arriba.        

 

  

Imágenes 2,3 y 4. Lenguaje no verbal: posición de brazos que produce credibilidad. Fuente: Bigstock Photo

Estos elementos de la comunicación no verbal y paraverbal deben ser congruentes con el mensaje verbal, puesto que si no es así la credibilidad decae y el mensaje oral se pierde. Aunque algunos autores discrepan, se asume que, aproximadamente solo el 10-15% del mensaje llega por la comunicación verbal y la comunicación no verbal y paraverbal hace el resto.

2. RELACIÓN DE AYUDA

2.1 Concepto de relación de ayuda

Es el vínculo que se establece con una persona, relación que activa sus recursos, a través de su consideración integral como persona. Es una labor sanitaria que consiste en potenciar las capacidades del cliente/paciente para superar su dificultad, dar la posibilidad de plantear y afrontar desde diferentes alternativas el mismo problema y entablar una buena comunicación basada en la asertividad. 

Esto no tiene nada que ver con el paternalismo al que acostumbra a llevar anclada la profesión sanitaria, donde esperamos que el profesional sanitario diga y la persona receptora de cuidados obedezca. 

Buscamos un modelo donde cada individuo encuentre su fórmula personal para solucionar o afrontar la situación que le ha llevado a nuestra consulta, potenciando sus recursos personales y poniendo énfasis en sus decisiones y logros, interpretando un papel de acompañamiento respetuoso y paciente. 

2.2 Individualidad en la relación de ayuda 

Cada persona vamos a tener un toque personal, no todos estamos cortados por el mismo patrón y ese toque personal enriquece. Es muy importante ver cuál es nuestro toque personal, pues desde ese punto se puede favorecer todavía más al transmitir el mensaje o, por el contrario, enturbiarlo con aspectos negativo (generalmente arraigados por temas emocionales propios). 

 

Imagen 5: Factores personales de la relación de ayuda (Fuente: Esther Esteban)

 

Esta imagen pretende resumir “cómo somos”: tenemos unos recursos técnicos, unos recursos relacionales y una actitud ante la vida. 

En la cabeza tenemos el saber: los conocimientos teóricos, por ejemplo, cuando salimos de la carrera, tenemos la cabeza muy grande, llena de conocimientos teóricos, unas destrezas, unas habilidades.

Los brazos representan en saber hacer: más o menos desarrollados y según vamos desarrollando nuestro trabajo, con el paso del tiempo, ampliamos conocimientos y hacer nuestras destrezas van creciendo 

El corazón representa nuestra esencia, nuestro ser. Se trata de nuestra actitud ante la vida, nuestro carácter, nuestra personalidad y esto es lo que nos compone como profesionales también; nuestro ser queda marcado con diferentes experiencias que dejan su marca (la tirita), influyendo en el tipo de atención que ofrecemos y del que debemos ser muy conscientes puesto que, si no lo gestionamos adecuadamente, puede interferir negativamente para desarrollar una relación de ayuda óptima. 

Este último concepto liga directamente con la inteligencia emocional, porque la comunicación no es aséptica. Por ejemplo, en el caso de la promoción de la lactancia materna, podemos saber mucha teoría y tener destreza a la hora de apoyar a una mujer a colocar a su bebé al pecho, pero hacerlo de una forma fría sin empatizar ni alentar los logros de esa madre, no va a lograr el mismo efecto. Por un lado, la gestión emocional nos ayuda a conectar con la otra persona y por otro a modular nuestras emociones internas para mejorar la relación de ayuda. Siguiendo el mismo ejemplo, si el profesional sanitario tuvo una mala experiencia personal entorno a la su propia lactancia puede encontrar barreras que entorpezcan una asesoría o que deje un poso de malestar en su interior. En el tema de la comunicación, cómo el profesional tenga estas heridas más o menos cicatrizadas, va a influir en su forma de trabajar (en relación con la lactancia o en cualquier ámbito). Veamos otro ejemplo más cotidiano: un profesional sanitario, fumador/a, para proponer una deshabituación tabáquica vs un profesional no fumador/a, ¿se producirá el mismo tipo de intervención o estará sesgada por el propio hábito del sanitario?

2.3 Actitudes en la relación de ayuda

Buscamos promover un cambio en la persona a partir de que se sienta entendida, aceptada y con confianza; por lo que desarrollar determinadas cualidades en la relación de ayuda es básico para la consecución del objetivo. 

  • Empatía: conjunto de capacidades que nos permiten reconocer y entender las emociones de los demás, sus motivaciones y las razones que explican su comportamiento.  La empatía es una actitud que lleva a sintonizar con el sentimiento ajeno, permaneciendo conscientes de que se trata de un sentimiento ajeno.  

Podemos describir cuatro fases: 

    • Identificación: Transmitir interés y voluntad de ayuda, escucha activa, “entrar” con permiso
    • Incorporación: Transmitir comprensión y voluntad de ayuda, cobra mucha relevancia el uso adecuado de las habilidades de comunicación, se trata de manifestar comprensión teniendo cuidado con frases como “te entiendo” puesto que el realidad no podemos comprender al 100% la realidad que está viviendo la otra persona. 
    • Repercusión: Puede aparecer identificación por lo que hay que estar atentos para evitar “caer en el pozo” con la persona (situación que sería contraproducente), la aceptación de diferencias con nuestro parecer, transmitir un optimismo realista proporcionando apoyo sin ofrecer fórmulas de solución. 
    • Separación: Reforzar capacidades del otro (alentar), procurando evitar crear dependencias emocionales, muy propias de la etapa puerperal. 

Según Goleman la empatía es la “Habilidad para tratar a las personas de acuerdo con reacciones emocionales”. Esta definición tiene un matiz más realista, puesto que lo que se describe como empatía de forma general, no es algo posible de conseguir puesto que nadie va a ser capaz de comprender en profundidad lo que siente la otra persona puesto que su vivencia se ve influida por toda su historia personal previa, algo único en cada individuo; sin embargo, si podemos acercarnos a su mundo emocional a través de las emociones que observamos y sentimos y modular nuestra intervención en base a ello. 

  • Aceptación incondicional: se trata de llevar a cabo una atención con plena confianza y visión positiva del ayudado y una ausencia de juicio moralizante; no vamos a obviar que el juicio va a aparecer en la mente, pero se trata de no dejarse arrastrar por juicios de valores que no apoyan a una relación de ayuda de calidad. Se añade la acogida del mundo de los sentimientos con aceptación y validación de estos, cordialidad y calor humano.
  • Autenticidad: siguiendo la línea de lo anterior, se trata de ser honesto con los propios valores, manteniendo la asertividad hacia uno mismo y hacia la otra persona. Compartir la “riqueza de la experiencia” del que ayuda o del profesional, pero sin hacer de ello un absoluto, evitando un protagonismo excesivo del sanitario. 

3. INFLUENCIA DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA COMUNICACIÓN

3.1 Estado emocional

 Este tema es básico para conseguir una comunicación fluida y asertiva. De hecho, daría para hablar largo y tendido sobre inteligencia emocional y su implicación en la comunicación y en la relación con otras personas. La inteligencia emocional es definida por Goleman como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las emociones”, de lo que podemos deducir que si somos capaces de reconocer nuestro mundo emocional y gestionar la marea de emociones que surgen, nuestro potencial en las relaciones interpersonales mejora notablemente, ni que decir tiene que es una asignatura imprescindible a trabajar en el ámbito sanitario. 

Lograr un estado emocional equilibrado es un esfuerzo diario, algo que se trabaja a lo largo de toda la vida y que se puede optimizar nuestro bienestar y el de las personas que nos rodean. Por ello la primera mirada hay que ponerla dentro de uno mismo y valorar las necesidades y el autocuidado y cubrirlo, de forma que nuestro potencial de cuidado hacia los demás este “lleno”.

Pongamos un ejemplo gráfico: tengo una botella de agua llena y tengo sed, antes de llegar a beber mi pareja me pide un poco de agua y le doy un cuarto. Un rato después, mis hijos me suplican un poco de agua y mi botella queda por la mitad. Llego al trabajo con esa botella y varias personas tienen mucha sed, así que voy repartiendo agua hasta que solo me queda un poco. Al terminar la jornada una compañera esta sedienta y le ofrezco lo último que me queda. Ha terminado el día y la botella de agua está vacía sin que llegue a beber nada aun teniendo sed. El agua simboliza el cuidado y la atención emocional: tenemos una “cantidad”, de forma que si lo reparto en los demás es muy posible que no esté mirando mi propia necesidad quedándome sin energía; precisamos un equilibrio ente dar y recibir, vaciar y rellenar nuestro agua, es decir cuidado/autocuidado. Para rellenar esa botella es preciso buscar actividades que nos recarguen, tanto de descanso como de ocio, de forma que podamos repartir cuidados sin agotarnos y aprendamos a cuidarnos y a ser cuidados. Es una forma simplista de comparar lo que supone la inteligencia emocional en nuestra vida, pero sí muy gráfica.

Tenemos el poder de cambiar el estado emocional de la otra persona, esto ofrece una posibilidad de conectar y por tanto de mejorar la llegada del mensaje, sobre todo si el interlocutor se encuentra muy cerrado o, como suele ser el caso de la mamás puérperas, con su cerebro bastante colapsado emocionalmente hablando. La opción más útil para “bajar las defensas” de la otra persona y propiciar una conexión es el humor, una pequeña broma, un comentario gracioso bienintencionado es como abrir un cerrojo en la otra persona. El uso del buen humor no tiene por qué ser solo aquel que es gracioso, en el caso de la atención a madre con sus bebés un comentario agradable y sincero sobre ellas o sobre su bebé es una buena opción. Con el uso de chistes o bromas también hay ser muy cuidadoso para no provocar un efecto contraproducente. 

3.2 Tipos de respuesta:

Siguiendo la línea de valorar a nivel personal cual es la tendencia a la hora de comunicarse, los tipos de respuesta sería la forma automática en la que solemos contestar en el día a día. Obviamente esto se verá reflejado en el trabajo, existen test para poder valorar esta tendencia, aunque hay que tener muy presente que, pese a la tendencia natural que se tenga, se puede modificar el tipo de respuesta, practicando otro tipo de alternativas comunicativas.  

Pongamos como ejemplo esta situación: “Tu compañero de trabajo acaba de enterarse de que han ascendido por encima de él a un joven que es familiar de un alto cargo. Él te lo explica dolido y decepcionado porque esperaba que ese ascenso fuera para él, y te dice que va a presentar su dimisión”. Veamos cuales serían las respuestas posibles ante los diferentes talantes personales. 

  • Valoración o juicio moral: “¿Pretendes que te valoren con un ascenso el buen trabajo cuando un buen profesional debería buscar la valoración diaria con el trabajo bien hecho?”. Este tipo de respuesta se centra en hacer un juicio de la situación, sobre todo sobre el interlocutor. Las frases de este tipo tienden a alejar al interlocutor a nivel emocional y por tanto de la posibilidad de establecer una relación de ayuda útil. 
  • Respuesta interpretativa: “Los problemas nunca vienen solos. Estas personas elegidas a dedo nunca son competitivas y acaban fracasando”. Se trata de dar una visión de lo que ha ocurrido desde el punto de vista personal del que habla; también puede contener cierto juicio moral, pero en este caso hacia el entorno o la situación. No tiene por qué generar distancia emocional, pero tampoco resulta especialmente de ayuda. 
  • Apoyo/consuelo: “¡venga, hombre! No sufras. Tienes el afecto y la valoración de todos los que te conocemos. Seguro que es mejor para ti además estás mucho más tranquilo así”. Pretende aliviar la sensación desagradable y animar a la persona, podría parecer útil pero este tipo de respuestas conlleva una no aceptación ni validación emocional hacia el interlocutor. 
  • Investigación: “¿Has informado ya de tu decisión a tu esposa?”. Trata de recabar más información con alguna finalidad en la relación de ayuda. En el ámbito sanitario este tipo de conversaciones se usan para la anamnesis. 
  • Resolución de problemas: “Deberías hablar con el director de la fábrica y contarle lo que piensas, antes de tomar una decisión tan drástica. Él te ayudará con la decisión”. Se da directamente una respuesta con las instrucciones de lo que la persona cree que debería hacer su interlocutor. Queda vacío lo relacionado a la validación emocional o con saber más sobre el tema. 
  • Empática: “Te sientes desilusionado y decepcionado porque no han valorado tus años dedicados a la empresa”. Acepta y validad a nivel emocional, genera conexión y da pie a seguir con una conversación hilando buscar recursos del interlocutor para solventar la situación o simplemente quedarse en esa actuación de compresión emocional. 

No podemos marcar una tipo de respuesta como la ideal, puesto que cada situación requerirá un tipo de intervención u otra o la combinación de varias; si bien es cierto que las que conllevan juicios morales deberían evitarse a nivel profesional. 

3.3 Estilo comunicativo

Se trata de la tendencia personal que tiene cada uno para responder en situaciones de ayuda a los demás y de su forma de responder en la vida cotidiana. Es recomendable fijarse cómo se tiende a responder en la mayoría de las ocasiones en las que se establece una relación de ayuda. Para poder valorar esta tendencia podemos hacer observaciones y anotaciones de la forma en la respondemos o usar test similares a los que se usan para valorar el tipo de respuesta comunicativa, recordando que tenemos en nuestra mano escoger otro tipo de estilo trabajando en ello concienzudamente (estas tendencias las aprendemos desde muy pequeños). Otro punto para tener muy en cuenta es que no hay un estilo comunicativo ideal, aunque se ponga de manifiesto que los estilos autoritario y paternalista quedarían para un uso muy restringido, cada relación de ayuda va a requerir una intervención personalizada.

 

Imagen 6: Estilos comunicativos. Fuente: Esther Esteban

 

  • Autoritario: se centra en el problema y quiere resolverlo de manera directiva, atiende más a los propios recursos que a los del ayudado, tiende a establecer una relación de ayuda de dominio-sumisión, se considera a la otra persona como un simple ejecutor.
  • Democrático-cooperativo, se centra en el problema del interlocutor, su estilo es facilitador, tiende a implicar a la persona en la solución de la situación, quien ayuda acompaña en el proceso para encontrar alternativas.
  • Paternalista: quien ayuda se centra en la persona, la intervención es directiva, tiende a la protección y a asumir la responsabilidad del otro, en realidad no hay una confianza real en el ayudado, le quita responsabilidad y capacidad de decisión.
  • Empático-comunicativo: se centra en la persona ayudada, actitud facilitadora, tiende a alentar y a que tome conciencia la otra persona de sí misma, de sus dificultades y recursos, así como de sus sentimientos y pensamientos, acompaña el proceso.

4. ESTRATEGIAS DE COMUNICACIÓN

  • Conexión: la conexión con uno mismo, base de la inteligencia emocional es el primer pilar para poder establecer la comunicación con la otra persona. Sin conexión la relación terapéutica va a mermar su calidad drásticamente.  Pone de manifiesto el interés real en el otro y se fomenta a través de la expresión de la comunicación no verbal, como la mirada y gestos que acompañen, y la escucha activa. De forma concreta: para, mira a los ojos y escucha que te está diciendo la otra persona verbal y no verbalmente.
  • Confianza en uno mismo y en el otro: La confianza en uno mismo está basada en la propia autoestima. Confiar en los recursos de la otra persona es imprescindible para la relación terapéutica ya que es preciso ver el potencial de acción de cada madre y permitir que a su ritmo lo desarrolle. 
  • Asertividad: se trata de saber comunicar lo que yo pienso y lo que yo siento, de una forma respetuosa, tanto para ti como para mí; estemos o no de acuerdo y puede que surja la necesidad de pactar o negociar. Hay dos polos cuando no hay asertividad, por un lado, las conductas excesivas como agresividad, dominancia, autoritarismo o atacar. Lo que pretendo es imponer mi forma de pensar, mi decisión es la válida y punto y no tengo en cuenta el resto de los puntos de vista. La otra parte de no ser asertivo son las conductas deficitarias como la pasividad, la inhibición y la huida.  

 

Imagen 7: pasividad-asertividad-dominancia. Fuente: Esther Esteban

 

  • Validar emociones: Es poner nombre a lo que sentimos y conectar con la otra persona desde la empatía y el respeto a lo que está sintiendo. Es utilizar las palabras para acercarnos a otra persona desde la comprensión. El objetivo de la validación es la conexión: sentirnos cerca de la otra persona y hacerle sentir esta conexión poniéndole nombre a las emociones y haciéndole saber que es lógico que se sienta así. La validación no está relacionada con ningún cambio de conducta ni con la represión de las emociones. Hay dos reglas nemotécnicas que pueden ayudarnos a recordar cómo hacerlo:
    • “APEGO” (Naomi Aldort) 

A – Aislarse del comportamiento de la otra persona

P – Prestarle atención 

E – Escuchar lo que dice o lo que sus acciones indican. 

G – Garantizar la validación de los sentimientos y necesidades sin dramatizar. 

O – Otorgar poder a la persona para que resuelva su propio disgusto confiando en él. 

    • “NVEO”

N - Nombra la emoción. 

V – Valídala. 

E – Explica lo que vais a hacer. 

O – Ofrece alguna alternativa

  • Escucha activa: Se trata de prestar atención a la otra persona con todos los sentidos, de forma que se perciban los sentimientos y valores de la persona; es necesario evitar los juicios y las evaluaciones anticipadas. En la escucha activa están incluidas herramientas como la aceptación y validación emocional, un lenguaje no verbal congruente con el interés hacia la otra persona y un respeto absoluto. 
  • Introducción al lenguaje positivo: 
    • Evitar decir “no”, en el sentido de usar una frase en negativo. Ejemplo: “no tenses los hombros al ponerle al pecho”
    • Usar frases en afirmativo. expresar de forma afirmativa lo que se desea o se pide. Ejemplo: “Intenta aflojar/relajar los hombros”.
    • Describir la conducta que se desea conseguir.
    • Exponer lo que se espera de la otra persona.
    • Cambiar el “pero” por el “y”. Ambas son conjunciones con matices diferentes. El “pero” tiene la propiedad de anular lo que se ha dicho previamente y el “y” añade información sin dar ese matiz a la expresión. Por ejemplo: “entiendo lo que dices, pero te saldría mejor esa tarea haciéndola con mis instrucciones” vs “entiendo lo que dices y creo que mis instrucciones podrían ayudarte”; En la primera hay un mensaje subyacente donde se enfatiza en las instrucciones del interlocutor, restando importancia a la visión de la otra persona, sin embargo, en la segunda lo que hacemos es validar el mensaje recibido y añadir información evitando juicios asociados al uso del “pero”. Estas herramientas en el uso del lenguaje pueden parecer poco fáciles de utilizar a priori,pero si se pone en práctica a diario la atención en estos matices puede conseguirse cambios en la comunicación muy eficaces. 
  • Alabar vs alentar:Aunque parezcan conceptos semejantes, alentar pone el acento en el mérito de la otra persona y en el reconocimiento de su hazaña. No es lo mismo decir “estoy orgullosa de ti” que “puedes estar orgulloso de lo que has conseguido”. Es una herramienta útil que tiene la finalidad de mejorar la autoestima del interlocutor, con un impacto muy positivo en el caso de las puérperas concretamente. 
  • Personalización:
    • Llevar la atención a lo que la persona siente, piensa.
    • El significado que le da a la situación concreta
    • Lo que necesita o quiere hacer
  • Normalización: 
    • Pretende disminuir el grado de malestar ante una situación determinada
    • Encuadrar la situación en su contexto
    • Concebir la situación o dificultad como algo no extraño o patológico, sino como algo resoluble o abordable
    • Ejemplos de otras personas
  • Confrontación: Consiste en ayudar a tomar consciencia a la otra persona de las discrepancias entre sus pensamientos, sentimientos y conductas, como, por ejemplo: hábitos no saludables, necesidades no satisfechas (autocuidado) o manejo emocional. Requiere unas condiciones previas: clima adecuado, modo específico, directo y respetuoso, generar una propuesta, siempre prevalece la voluntad de ayudar y aceptar la respuesta, sea la que sea. 
  • Iniciación a la acción: Propiciar un cambio encontrando una orientación capaz de promover un cambio positivo. Puede llevar la generación de un plan de acción, según lo complejo del cambio a realizar. 

5. CONSEJERÍA EN LACTANCIA MATERNA

Es un modo de abordaje que refuerza la confianza de la mujer en su habilidad de amamantar, ayudándola a tomar decisiones libres e informadas en relación con la alimentación de su hijo o hija.

 Necesitamos técnicas de comunicación que nos permitan respetar, nombrar, y acercarnos al mundo emocional de la lactancia materna. Una madre que se siente comprendida y apoyada estará capacitada para seguir con la lactancia materna y poder utilizar las orientaciones prácticas. Cómo hablamos con las madres está directamente relacionado con lactancias mejores. 

El propósito de esta relación de ayuda es desarrollar la confianza de la madre, que ella se aclare en relación con sus sentimientos, experiencias y metas, proporcionando herramientas para que ella pueda solucionar su problema. La madre es la protagonista. Es imprescindible confiar en la capacidad de la madre, como persona responsable de sus decisiones; confiar en la capacidad del bebé como mamífero e incluir a la pareja como red de apoyo positiva y efectiva, en el mantenimiento de la lactancia materna.

La consejería en lactancia materna se basa en los contenidos vistos anteriormente, usando herramientas verbales como no verbales para apoyar a las mujeres a sentirse protagonistas, ayudando a resolver dudas e interviniendo cuando sea preciso. 

5.1 Escuchar a la madre

Aunque parezca algo obvio, es importante recalcar que la escucha activa es primordial a lo largo de la consejería, de forma que se evidencie el interés en ella con empatía. 

Si la madre no inicia la conversación, o si buscamos más información usaremos preguntas abiertas sencillas, evitando términos que no aporten concreción como “normal”, “bien”, “mal” o “suficiente”. Por ejemplo: 

    • “¿Hace deposiciones normales?”: con esta fórmula de pregunta no tenemos la certeza de que considera normal la madre, la información sobre esa pregunta puede tener relevancia, es cambiante a lo largo de los días del bebé y se está usando un término técnico que puede no entenderse.
    • “¿Cómo son las cacas del bebé?” planteado a través de una pregunta abierta, donde la mamá podrá darnos información de frecuencia, color, cantidad, etc. Permite aportar detalles relevantes y ampliar con más preguntas similares según se precise. 

Es recomendable demostrar comprensión o recabar más información a través de feedback con comunicación no verbal (mirada, asentimiento) o verbal (repitiendo lo que la mujer dice, sin caer en discos rayados).  

5.2 Aceptar lo que dice, interpretar sus sentimientos

En esta etapa la validación emocional es muy relevante para propiciar la conexión, añadiendo la aceptación de las emociones que aparezcan, así como las decisiones. La aceptación no tiene por qué conllevar estar de acuerdo, se trata simplemente de aceptar con respeto otro punto de vista, pudiéndose expresar estar en desacuerdo. Aceptar lo que se escucha es fácil cuando estamos de acuerdo, pero puede ser muy difícil si no compartimos su idea o su decisión.  Por ejemplo: 

  • Validación y aceptación de sentimientos: “Érica acude llorando angustiada a la consulta, le retira el pañal a su bebé de 3 meses y te muestra un sarpullido en la zona perianal que aparenta ser irritación del pañal”
    • “No llores mujer, que no es para tanto”: Quita importancia a la preocupación de la madre.
    • “Muchos bebés tienen este tipo de irritación, con unos simples cuidados se pondrá mejor”: Normaliza la situación sin validar emocionalmente antes.
    • “Realmente te preocupa ver que tu bebé está molesto por esta irritación, ¿verdad?”: Muestra aceptación y validación emocional.
  • Validación y aceptación de pensamientos: “María está en tu consulta con su bebé de 4 meses con lactancia materna exclusiva, es pleno verano y ella te comenta que le da sorbos de agua varias veces al día por el calor”
    • “¡No, no es para nada necesario! La leche materna tiene todo el agua que necesita tu bebé”: Muestra no estar de acuerdo, sin aceptación ni validación, tampoco muestra empatía ante la preocupación de la madre por su hijo y el calor.
    • “¡Sí, claro! Con este calor puede ser necesario que su bebé tome agua”: Mostramos estar de acuerdo, pero estamos ofreciendo una información errónea.
    • “¿Crees que con este calor tu bebé puede necesitar agua?”: Demuestra aceptación de esa creencia, hace una pregunta abierta que denota interés y escucha además de buscar más información, dando pie a ofrecer más información después. 

5.3 Reforzar la confianza, alentar

Ayudar a la madre a sentirse bien consigo misma. Es fundamental hacer sentir a la madre todo lo que ella ha hecho bien, incluso si vemos que hay un cuidado erróneo; puede parecer complicado, pero incluso ante situaciones donde se observe algo inadecuado podemos alentar a la mujer porque haya traído al bebé y nos esté contando la situación. 

Siguiendo el punto anterior, empezaríamos por la aceptación y habría que buscar una forma de explicarle los cuidados adecuados sin culpabilizar. Se recomienda evitar decirle a la madre lactante qué tiene que hacer, más bien se trata de ayudar a cada madre a que ella misma decida qué es lo mejor para ella y para su bebé.

Recordemos que es diferente alabar que alentar. 

  • Alabar consiste en hacer cumplidos a alguien
  • Alentar consiste en nombrar los éxitos de una persona 

Dar aliento es más potente para desarrollar buenos recursos y satisfacción interna.

Cuanto mayor es la necesidad de asumir la responsabilidad de una madre, menor es la confianza en la capacidad de esta madre para comportarse como una persona competente.Debemos evitar que la gente se convenza de que es inepta.

5.4 Dar información

Una vez que pasemos a ofrecer información, se recomienda hacerlo de una forma sencilla y concisa, evitando órdenes o consejos directos. 

Evitaremos frases tipo: “Haz”, “No hagas”, “Nunca se debe”, “Tendrás que”, “Por qué”, “Por qué no has “, “Deberías haber”.

Hacer referencia a organismos científicos mejora la calidad de la información y lo valida ante las opiniones contradictorias que aún encontramos en torno a la lactancia materna; también el recurso de despersonalizar la orientación haciendo alusión a otras madres como colectivo.  Por ejemplo: “Las recomendaciones de la OMS incluyen”, “Muchas madres encuentran que”, “Algunos bebés necesitan”

5.5 Hacerle 1 o 2 sugerencias

El formato para ofrecer alternativas de como incluir un cambio en algún cuidado o plantear un cambio de postura se recomienda que vaya formulado a modo de sugerencia, del tipo “¿Has pensado en…?”, “¿Qué te parece…?” o “¿Quizás te resultaría útil…?” De esta manera damos opciones abiertas, basadas en información adecuada a la evidencia sobre la lactancia materna, habiendo preparado el terreno cognitivo y sobre todo emocional previamente. Es preferible hacer pocas sugerencias sobre lo mismo, para no saturar a la madre, asegurándonos siempre de que lo ha entendido y si le resultan aceptables las alternativas. 

6. COMUNICACIÓN DURANTE LA VALORACIÓN DE TOMA

En los apartados anteriores está desarrollado el tema de la comunicación a nivel general, desgranando diferentes aspectos que influyen mucho en la relación de ayuda y que, de hecho, puede ser determinantes para reforzar la confianza o conseguir un cambio en la otra persona. Recordemos esta frase: Cómo hablamos con las madres está directamente relacionado con lactancias mejores. La consejería en lactancia materna y los siguientes puntos especifican más la guía de atención a madres lactantes. 

Premisas al inicio del contacto con la madre lactante: 

  • Aceptación y validación emocional 
  • Conexión antes que corrección 

Para valorar la toma empezaremos por mantenernos a una distancia cercana, en la medida de posible sin barreras físicas en medio, sin interferir en la manipulación del bebé mientras su madre lo coloca al pecho. De esta forma podremos valorar el manejo que tiene la mujer y la reacción del bebé, además de demostrar nuestra confianza de que ella lo puede hacer bien sola; si se muestra dubitativa o insegura podemos reforzarle verbalmente para que continúe. 

Desde aquí empezamos la valoración de toma y también la consejería; por ejemplo, si se muestra resuelta en el manejo del bebé podemos objetivarlo con un comentario del tipo “veo que tienes mucha maña cogiendo a tu hijo/a”, o a veces tenemos que validar que se sienta insegura con una frase similar “los bebés parecen tan frágiles que podemos sentir que no podemos cogerles bien y asusta, poco a poco irás cogiendo destreza”. También se puede presentar la situación de que el bebé llore o tenga dificultades al pecho, igualmente empezaremos poniendo palabras a la situación, como “se nota a tu bebé intranquilo, a pesar de tus esfuerzos por calmarle”. 

Podemos encontrarnos tantos escenarios como diadas madre-bebé, incluso cada diada puede tener circunstancias diferentes a lo largo del tiempo. En general, si durante la valoración de toma todo fluye bien (posición adecuada, agarre correcto y  succión eficaz con trasferencia de leche y sin dolor en la madre) la comunicación se basará en describir lo que se ve, haciendo énfasis en las habilidades de la madre y del bebé; si acaso se pueden ofrecer sugerencias como alternativas para que la madre esté más cómoda o tenga una postura más relajada y aprovechar para dar información útil sobre el comportamiento de la criatura, en función de cada etapa. 

La valoración de toma puede requerir acercarse mucho para poder observar con detenimiento el agarre, la succión y la transferencia de leche, es recomendable comentarle a la mujer que si se siente incómoda puede decirlo, aprovechando para mencionar que no se trata de evaluarles a ella y a su bebé sobre si “lo hacen bien o mal”, sino prestar atención al conjunto para valorar si se precisa hacer algún ajuste para mejorar la eficacia o evitar el dolor.

Si la consulta requiere intervención activa, lo primero es pedir permiso para tocar, tanto a la madre como al bebé; puede parecer obvio que vamos a contactar de esa manera, pero es una parte importante puesto que muestra respeto y da espacio para avisar a ambos de dicho contacto. 

Si después de observar durante unos minutos la toma vemos que se puede mejorar la postura o el agarre, empezamos sugiriendo el cambio. Hay diferentes formas de hacerlo, con y sin contacto.

  • Sin contacto:
    • Describir verbalmente la propuesta, con lenguaje sencillo 
    • Disponer de un muñeco para demostrar lo que proponemos 
    • Disponer de un modelo de teta (goma, tejida) para mostrar la extracción de leche o como ayuda en conjunto con el muñeco
  • Con contacto:
    • Tras pedir permiso, explicar lo que vamos a hacer a la par que modificamos la postura materna y/o del bebé. 
    • Hay que pedir que suelte al bebé, si está enganchado, y modificar su postura; por ejemplo, si está en posición de cuna y valoramos que la posición biológica le puede ayudar, vamos informando mientras ayudamos a colocar al bebé en dicha postura. Aportar seguridad en que el bebé está sujeto, mientras sugerimos la postura de los brazos y del cuerpo a la mujer. 
    • Si la intervención supone hacer técnica de sándwich, compresión del pecho o similar, explicarle a la madre previamente, sobre todo si hay grietas o mamas doloridas. 

A la par que vamos haciendo todo esto, es útil mencionar las necesidades del bebé, como la de contacto o contención, qué significa la lactancia a demanda, cómo es el sueño del bebé, etc. de forma que vamos añadiendo información interesante para la crianza. 

Cuando nos encontramos ante un caso en el que hay un problema de base (mastitis, bebé que no crece de forma adecuada, grietas, dolor, etc.) hay que estar muy atentos a las reacciones emocionales de la madre para validarlas y darles un espacio de escucha y desahogo. A partir de ahí nos podemos centrar en la intervención en sí misma, haciendo propuestas en función de la situación y valorando la respuesta de la mujer; podríamos decir que establecemos un plan de acción en conjunto con ella con objetivos a corto plazo hasta la siguiente consulta, reevaluando el plan en cada visita. 

El tono usado en cada intervención es muy relevante. Si vamos a alabar el manejo de la madre o la succión del bebé, hacerlo elevando ligeramente el volumen, marcando un tono de voz grave, un mensaje breve, mirando a los ojos y con una sonrisa, de esta manera se aumenta la credibilidad (sin caer en la teatralidad) e impacta más emocionalmente. Si lo que necesitamos en corregir algún aspecto, modularemos bajando un poco el volumen, con entonación grave, mirando a los ojos, explicando despacio lo que proponemos y estando muy atentos al feedback no verbal que nos ofrece a mujer. 

 

6.1 Cuando la lactancia materna no funciona

La base sigue siendo la misma, poniendo atención en un posible duelo por la lactancia no conseguida, para validarlo y apoyar a la mujer a gestionarlo de la mejor manera posible. 

  • Afirmar el valor de la lactancia para su bebé durante el tiempo que haya dado pecho.
  • Reconocer la perdida que siente.
  • Darle a entender la importancia de mantener una relación con su bebé, y su capacidad para seguir con la crianza. 
  • Ofrecer información acerca de “cómo dar un biberón” y la preparación correcta de la leche de fórmula.
  • Evitar expresiones que pueda llevar a la culpabilización, como palabras del tipo “fracaso”.

En resumen, basándonos en el respeto hacia la madre/bebé/familia, dando información basada en la evidencia, con rigor y asertividad, reconociendo de forma empática los sentimientos de cada una de las partes acompañamos su proceso dándoles a ellos la confianza para tomar sus propias decisiones sin juzgar.

 

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