1. EL PAPEL DE LA PAREJA
Desde el inicio de los tiempos la lactancia materna y la crianza han sido cosa de mujeres. Los varones se encargaban de cubrir las necesidades básicas de alimentación y protección de las mujeres, especialmente en la etapa reproductiva. Actualmente se está dando un cambio de tendencia en el que las parejas se implican cada vez más en la crianza siendo más conscientes del cambio que supone en sus vidas. Este reparto de tareas comienza con la incorporación de la mujer al mundo laboral hace décadas unido a la creciente responsabilidad afectiva de las parejas, quienes desean colaborar en la llegada de un nuevo miembro a la familia e implicarse en su educación, asumiendo los cambios que esto produce en su relación con la madre.
En términos generales, la incorporación de las mujeres al mundo laboral durante el siglo pasado actuó en detrimento de la lactancia materna. La vuelta al trabajo a las pocas semanas tras el parto junto con los avances en la fabricación y comercialización de las leches de fórmula disminuyó las tasas de amamantamiento en el mundo globalizado. Los niños y las niñas quedaban a cargo de otras mujeres, quienes les alimentaban con biberones de leche artificial. La industria farmacéutica publicitaba esta leche como el mejor sustituto de la leche humana, incluso las igualaba, y los médicos de la época la recomendaban con facilidad.
Por otro lado, surgen en la misma época algunas campañas de desprestigio de la leche de fórmula, anunciando mayores tasas de mortalidad infantil en lactantes alimentados con la misma. Sin embargo, especialmente en los países más desarrollados, predomina el consumo de alimentación artificial entre la clase media y alta.
Con el paso del tiempo se da un nuevo cambio de tendencia, pues los estudios de las últimas décadas muestran que las tasas de lactancia materna aumentan ligeramente y que las mujeres con más alto nivel de estudios y de ingresos amamantan más. El más elevado nivel de estudios hace que la madre conozca más realidades, se informe más de las decisiones sobre crianza y cuente con una red personal y profesional de apoyo más amplia. Una posición laboral más elevada podría ofrecer mejor gestión del tiempo y de los permisos a la madre lactante.
Los recién nacidos y recién nacidas sólo pueden crear lazos de apego intenso con una persona. En el lactante amamantado esta persona va a ser su madre. Si el lactante tiene un apego seguro con su madre, mejor será su relación con la pareja y demás miembros de la familia. El cerebro de la mujer cambia para la crianza, dándose un entramado hormonal complejo orientado al amor y al cuidado de su hijo o hija casi exclusivamente. En ocasiones la pareja de la madre se puede sentir desplazada, puede envidiar esa relación tan íntima que tienen la madre y la criatura, y es un sentimiento normal. Hablar de la lactancia y la crianza incluso antes del embarazo va a propiciar una relación más sana entre los progenitores. Durante el embarazo ambas partes deben informarse y aprender sobre los cuidados del recién nacido y la maternidad o paternidad, para sobrellevar mejor el gran cambio que va a suponer en sus vidas.
A pesar de que muchas parejas lo plantean así, no es necesario compartir la alimentación del recién nacido para sentirse partícipe como padre o madre. Amamantar es lo único que puede hacer solo la madre, mientras que la pareja puede relacionarse con la criatura mediante el juego, las caricias, el baño, el paseo…
La misión de la pareja en el puerperio es asegurar el bienestar de la madre, puesto que, si la madre está bien, su hijo o hija estará bien. La madre tiene que sentirse segura y apoyada teniendo a alguien que responda a sus necesidades físicas y emocionales.
Durante la estancia hospitalaria la pareja tiene un papel clave. Desde el apoyo incondicional durante el proceso de parto hasta la preservación de la intimidad durante el ingreso. Deberá entender las necesidades de la madre y velar por su respeto de familiares y profesionales en estos delicados momentos. Si el estado de salud materno estuviera tan afectado que no pudiese cuidar del recién nacido, será su pareja la persona idónea para realizar contacto piel con piel, alimentarlo y velar por su seguridad.
La salud mental de la madre pasa por un periodo sensible durante el POSPARTO. Incluso en el seno de una relación de pareja sana, los cambios que conlleva la llegada de un nuevo miembro a la familia pueden desestabilizar las bases de la misma. Una mujer que se enfrente a una maternidad no deseada, sin red de apoyo, con alguna enfermedad propia o de su futuro hijo o hija, o en situación de riesgo de exclusión social tiene más posibilidades de que se altere su salud mental y así condicionar el cuidado de su criatura.
Proteger la maternidad debe ser una misión conjunta como sociedad. La salud de las madres repercute directamente en la salud de su descendencia y, de esta manera, en el avance de la humanidad. Las mujeres perpetúan la especie y desde los hogares con los cuidados de la unidad familiar, hasta los dirigentes con la legislación, se debe proteger a este sector de la población.
Las parejas tienen este papel en la unidad familiar. En nuestro país el permiso laboral es el mismo para la mujer que pare que para su pareja: dieciséis semanas. Es obligatorio que la mujer que ha parido disfrute de las primeras seis semanas, pudiendo repartir las otras diez con su pareja si lo desea. Existen permisos de lactancia, reducción de jornada y la posibilidad de excedencia. El despido laboral durante este periodo se considera nulo.
El comienzo de la vida de un hijo o hija requiere de un contacto continuo con quien va a establecer una relación de apego, su madre. A pesar de lo desplazada que se pueda sentir la pareja, su papel es fundamental para el bienestar del binomio. Con el paso del tiempo los niños y las niñas buscan más contacto con la otra persona, momento en el que afianzarán su relación. Apoyar a la madre durante este proceso es primordial y va a condicionar la salud familiar presente y futura.
2. SEXUALIDAD DURANTE LA LACTANCIA MATERNA
La lactancia materna ha estado unida a la reproducción desde el inicio de la humanidad. Somos casi los únicos mamíferos que mantienen las relaciones sexuales durante el periodo de amamantamiento. Para conocer los cambios que se producen en esta esfera en el POSPARTO debemos conocer los que se producen en el embarazo.
Las relaciones sexuales no se desaconsejan en la gestación, a excepción de que haya amenaza de parto prematuro, rotura prematura de membranas o sangrado vaginal activo. En general aumenta la libido, especialmente en el segundo trimestre. Al inicio de la gestación algunas mujeres se pueden sentir inseguras si han tenido algún aborto o las parejas pueden tener miedo de dañar al feto durante el coito conforme avanza el embarazo.
2.1. CAMBIOS FÍSICOS
Las zonas erógenas femeninas están más vascularizadas e inervadas y los genitales externos y las mamas crecen, lo cual puede aumentar la sensibilidad y facilitar la excitación. Llegar al orgasmo supone beneficios al feto como mayor aporte sanguíneo y mayor secreción materna de endorfinas. Además de los beneficios para la mujer, las relaciones favorecen la maduración del cérvix, volviéndolo más blando y entreabierto para el momento del parto.
Es habitual que las mujeres que mantienen relaciones sexuales durante la gestación acepten los cambios que sufre su cuerpo, lo que lleva a más altos niveles de autoestima y satisfacción.
El parto es un momento trascendental en la vida de la mujer, más aún en su esfera sexual. Las experiencias que rodean este momento pueden condicionarla de por vida. Es interesante tener en cuenta el tipo de parto, especialmente si se produjo traumatismo perineal. Algunas prácticas durante el parto o la inadecuada reparación del periné afectan a la vida sexual de la mujer. La episiotomía se relaciona con dispareunia a largo plazo.
Al parto le sigue un periodo de infertilidad fisiológico producido por cambios endocrinos en el eje hipotálamo-hipófisis-ovario. La succión frecuente al pecho es el principal mecanismo que produce alteraciones en la secreción de GnRH, que a su vez altera la secreción de LH y FSH y afecta a la ovulación.
Una mujer que no amamanta recupera el periodo a partir de los veinticinco días, produciéndose la primera ovulación entre los 25 y los 35 días. La posibilidad de que haya habido ovulación aumenta cuanto más tiempo pase antes de la primera menstruación. Cuando hay sangrado generalmente ha habido ovulación previamente, sin embargo, las primeras ovulaciones no son adecuadas para que progrese una gestación. Los tiempos varían en cada mujer, pero más de la mitad suele menstruar en los primeros tres meses.
Durante la ovulación aumenta la permeabilidad del epitelio mamario. Esto produce aumento de la concentración de sodio y cloro y disminución de lactosa y potasio. Estas alteraciones afectan al sabor de la leche materna, lo que en ocasiones percibe el lactante y le hacen manifestar una huelga de lactancia.
El periodo de amenorrea POSPARTO confiere ventajas al organismo materno, entre ellas la recuperación de los depósitos de hierro al no haber metrorragia. Por otro lado, sirve como método natural de control de la fertilidad. Debemos conocer bien las bases del método de lactancia y amenorrea para que sea eficaz. Para ello debe darse que el lactante sea menor de seis meses, que no haya habido sangrado vaginal en los primeros 56 días POSPARTO y que la lactancia materna sea exclusiva. Si se dan estos tres aspectos la posibilidad de gestación es del 2%. Si alguno está alterado, la mujer y su pareja necesitarán un método alternativo si no desean gestación.
Se pueden utilizar métodos de barrera, métodos hormonales de solo progestágenos (a partir de las seis semanas POSPARTO preferiblemente) y dispositivos intrauterinos. Es aconsejable el uso de aceites y lubricantes en las relaciones coitales, puesto que los cambios en el epitelio vaginal producidos en el parto y mantenidos por las hormonas principales del puerperio pueden producir sequedad vaginal.
2.2. CAMBIOS PSÍQUICOS
Varios episodios en la vida sexual y reproductiva de la mujer están mediados por las mismas hormonas. El ciclo menstrual, las relaciones sexuales, el parto, la lactancia o el climaterio están regulados por estrógenos, progesterona, testosterona, FSH, LH prolactina y oxitocina. Las mamas cambian durante el ciclo menstrual, el orgasmo, el embarazo y la lactancia. El útero se contrae durante el orgasmo, el parto y la lactancia. La temperatura corporal aumenta durante la ovulación, el orgasmo, el parto y la lactancia.
Conociendo la interrelación de todos estos eventos no sería extraño referirse a la lactancia materna como algo que podría producir placer sexual. Este fenómeno existe, pero pocas madres hablan de él. El sentimiento de culpabilidad o vergüenza puede hacer que las mujeres lo oculten. Nuestra sociedad ve el pecho como un órgano con función sexual por encima de su función de alimentar a las criaturas y esto afecta directamente en las tasas de inicio y mantenimiento de la lactancia materna.
Es fundamental un entorno física y psicológicamente seguro para la madre lactante. Los episodios pasados o presentes relacionados con violencia sexual pueden condicionar el inicio y duración de la lactancia materna, disminuyendo sus tasas. En un entorno inestable, el cese de la lactancia materna aumenta el riesgo de depresión enormemente.
La vida de pareja sufre gran transformación. La comunicación es esencial por parte de los dos miembros, quienes deben conocer la extremada sensibilidad de este periodo. La madre desarrolla una nueva relación amorosa con el lactante y se centra casi exclusivamente en ella. Pierde el interés en las relaciones sexuales, lo cual debe ser comprendido por su pareja. Esto es una ventaja evolutiva, puesto que la continua atención materna al recién nacido asegura su supervivencia.
Los profesionales sanitarios que trabajan con el binomio madre-lactante deben conocer estos cambios y ofrecer información a la pareja sobre los mismos, así como saber detectar dificultades.
La esfera sexual humana es amplia y compleja. Debemos evitar generalizar, puesto que cada individuo tiene sus particularidades.
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