Las indicaciones durante la lactancia de muchos prospectos de medicamentos y de las fichas técnicas que recoge el Vademecum, no se sustentan en datos científicamente contrastados y obvian los beneficios de la lactancia materna para la salud de madre y lactante.
Se debe tener en cuenta que, en la mayoría de los medicamentos, los beneficios de la lactancia materna sobrepasan los posibles riesgos de la exposición a través de la leche materna para los lactantes.
No obstante, sin renunciar a la seguridad, disponemos en el momento actual de muchas publicaciones sobre el paso concreto de fármacos a la leche humana y buenos conocimientos de la farmacocinética de la mayoría de los medicamentos y del grado previsible de excreción en leche materna, que nos permiten valorar adecuada y puntualmente los riesgos en que basar la decisión de administrarlos o no durante la lactancia. El concepto de dosis relativa es un robusto puntal en el que asentar nuestra decisión al respecto. En general, un fármaco se considera seguro durante la lactancia, cuando la dosis relativa es inferior al 10% o inferior al 10% de la dosis pediátrica habitual recomendada para ese medicamento. En el caso de los bebés prematuros, se extreman las precauciones y se marca como límite superior de la dosis relativa el 5%, es decir, un fármaco se considera seguro cuando su dosis relativa es inferior al 5% de la dosis pediátrica habitual para ese medicamento.
Durante la lactancia, se elegirán prioritariamente medicamentos de vida media corta dado que al eliminarse más rápidamente del organismo materno van a suponer de menor riesgo.
Especial precaución se debe tener con la medicación de efecto sedante y para ello se tomarán las siguientes medidas: administrar dosis y duración mínima eficaz, dentro de un mismo grupo terapéutico, elegir el fármaco con farmacodinamia más favorable y llevar un seguimiento de control clínico del lactante
