La lengua tiene un papel muy importante en la lactancia materna.
Ayuda a colocar el pecho en la posición adecuada y posibilita su estímulo y la obtención de la leche a través de los movimientos propios de la lengua: protusión, elevación, peristaltismo, acanalamiento y lateralización.
Los labios juegan, igualmente, un papel muy importante en la lactancia, pues son los que sellan la boca del bebé al pecho. Para una succión eficaz, la boca debe estar muy abierta, con los labios evertidos y abarcar gran parte de la areola.
La anquiloglosia es la alteración congénita oral caracterizada por un inusual frenillo corto, grueso o apretado que limita el movimiento de la lengua y la conecta al suelo de la boca.
Esto sucede por la persistencia de tejido sublingual que no sufrió apoptosis durante el período embrionario. La etiología es desconocida, aunque parece existir un componente genético.
La palabra anquiloglosia proviene del griego y significa “lengua atada o anclada”.
Las tasas de prevalencia son muy dispares. Hay pocos estudios que la analicen adecuadamente y en España las cifras oscilan entre el 11 y el 20%.
Los frenillos alterados pueden conllevar varias disfunciones orofaciales: disfunciones del aparato masticatorio, disfunción en la deglución, alteraciones dentales, y los vinculados a la succión, a los que nos referiremos en este apartado, en la que la limitación de la lengua no permite los movimientos necesarios para lactar y posteriormente tampoco lo hará para la alimentación complementaria.
La longitud, la elasticidad y su punto de inserción, influirán en el grado de restricción de los movimientos linguales.
