Hablar de la Seguridad del Paciente, es hablar de los efectos adversos que sufre el paciente derivados de la asistencia sanitaria que se le presta por parte de los profesionales y del sistema. Es hablar de praxis profesional, es hablar de calidad asistencial.
La preocupación por la seguridad del paciente en los servicios sanitarios no es un tema nuevo. Los primeros estudios datan de 1950, pero lo cierto es que en los últimos quince años, desde que el Instituto de Medicina de los Estados Unidos publicó en 1999 el libro “To err is Human: building a safer health system”, el problema ha adquirido una dimensión mundial y se ha incorporado a las agendas políticas y al debate público.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en la 55 Asamblea Mundial de la Salud celebrada en Ginebra en el 2002, aprobó la resolución WHA55, en la que se insta a los estados miembros a prestar “la mayor atención posible al problema de la seguridad del paciente” y a establecer y consolidar “sistemas de base científica, necesarios para mejorar la seguridad del paciente y la calidad de la atención de la salud, en particular la vigilancia de los medicamentos, el equipo médico y la tecnología”, dando por creada una gran Alianza Internacional por la Seguridad del Paciente.
En la Asamblea Mundial del 2004, se acordó que la Alianza Internacional para La Seguridad de los Pacientes fuese puesta en marcha el 27 de octubre de ese mismo año.
El programa de la Alianza incluye una serie de medidas consideradas clave para reducir el número de enfermedades, traumatismos y defunciones que sufren los pacientes al recibir atención sanitaria.
A la iniciativa de la OMS han seguido en el 2005 las de la Comisión Europea y del Consejo de Europa.
El 5 de abril del 2005, la Comisión Europea bajo la presidencia luxemburguesa y la Dirección General de Salud y Protección del Consumidor, consensuaron la declaración “Patient security: making it happen”.
El Consejo de Europa, asimismo, organizó otra reunión el 13 de abril de 2005 en Varsovia con todos sus estados miembros, que concluyó con la “Declaración de Varsovia sobre la Seguridad de los Pacientes. La seguridad de los pacientes como un reto europeo”.
El primer proyecto de la ALIANZA 2005-2006 trata de reducir las infecciones bajo el lema: “Cuidado limpio es cuidado seguro”. La OMS invita a los países a unirse a esta iniciativa para mejorar su propio sistema sanitario.
España se adhirió a las instrucciones de la OMS para implantar la cultura de seguridad del paciente y promover la Higiene de Manos.
Dentro de esta línea de actuación, cuando hablamos de seguridad, estamos hablando de generar hábitos, de crear una cultura nueva entre los profesionales de la salud. Implantar culturas es un trabajo arduo, largo y costoso, pero ya hemos reconocido, a estas alturas, que es imprescindible.
La seguridad del paciente es transversal a todas las especialidades de la salud y a todos los profesionales, siendo la infección nosocomial uno de los principales efectos adversos en cualquier sistema de salud. Produce daños importantes a la salud de la población, llegando a causar la muerte, lo cual siempre debe de ser inaceptable. Implica un coste multimillonario a las arcas de la sanidad pública. Y hasta no hace mucho tiempo se aceptaba como un mal irremediable.
