1. INTRODUCCIÓN
En este tema abordaremos el conocimiento y el uso de algunas herramientas que nos permiten identificar, analizar, evaluar y priorizar riesgos en la práctica clínica y planificar, desplegar y evaluar respuestas a los mismos.
Durante todo el proceso de gestión de riesgos se ha de tener siempre en mente en que no se busca la persecución de las personas implicadas en un posible error (cultura punitiva), sino la mejora del sistema, creando o fortaleciendo barreras que impidan o minimicen los daños.
Las múltiples metodologías de detección pueden centrarse en los registros siendo por ello, en general, métodos de “alerta tardía” o centrarse en los profesionales, ofreciendo la oportunidad de una “alerta temprana”.
2. REGISTROS
La revisión de las historias clínicas como herramienta de detección en seguridad del paciente tiene su momento de referencia con el Estudio de Harvard.
Múltiples sistemas se han creado tratando de estandarizar y simplificar el cribado de los documentos y registros buscando elementos significativos que indicasen posibles eventos adversos o incidentes.
Algunos ejemplos de estos sistemas son el Global Trigger Tool (GTT) del instituto para la mejora de la sanidad IHI o el Patient Safety Indicator (PSI) de la Agencia para la investigación y la calidad sanitaria AHRQ.
El Estudio de Prevalencia de las Infecciones Nosocomiales en España (EPINE) proporciona información sobre diversos eventos adversos como úlceras por presión, infección urinaria debida a sondaje, flebitis, etc. y dado que se lleva realizando desde 1990 con una metodología constante podría usarse como “indicador de base” en esos eventos.
3. SISTEMAS DE NOTIFICACIÓN CENTRADO EN LAS PERSONAS
Los sistemas centrados en las personas parten de un claro sesgo de selección, pero suelen acompañar datos de las circunstancias del mismo que posibilitan un análisis más detallado ofreciendo una clara oportunidad de mejora.
Algunos de estos sistemas son obligatorios para los profesionales, como el sistema de notificación de reacciones adversas a medicamentos (www.notificaram.es), que proviene del antiguo sistema de notificación conocido como la “tarjeta amarilla”.
Otros son creados por los propios profesionales, como el Sistema Español de Notificación en Seguridad en Anestesia y Reanimación SENSAR (https://anestic.sensar.org/anestic/login.jsp).
Pero también existen sistemas con vocación más amplia, como el Sistema de Notificación y Aprendizaje para la seguridad del paciente SINAPS (https://www.sinasp.es/) auspiciado desde el ministerio de sanidad.
El objetivo de los sistemas de notificación es el estudio de estas situaciones, el contexto en el que ocurrieron, los riesgos latentes preexistentes y los factores que contribuyeron a su aparición. Se realiza con el fin de promover los cambios necesarios en el sistema para evitar que estas situaciones vuelvan a producirse en el futuro.
Conocer “antes” los incidentes que pueden ocurrir en un determinado servicio o entorno es la mejor manera para diseñar las barreras que los minimicen o mitiguen sus efectos. En este sentido, una herramienta es particularmente útil, el análisis modal de fallos y errores conocida como AMFE.
4. ANÁLISIS MODAL DE FALLOS Y ERRORES (AMFE)
Lo poderoso del AMFE es que otorga una prioridad a los posibles fallos. Se trata de una herramienta pensada para ser usada en la fase de diseño de un nuevo proceso o servicio, pero que también se puede aplicar antes de realizar cambios en procesos o servicios en marcha.
El AMFE requiere un amplio conocimiento del proceso o servicio a evaluar y de todos sus desenlaces verosímiles. Tiene tres fases:
- Identificación de todas las partes del proceso o servicio y sus modos de fallo asignando una severidad según la gravedad del efecto que ese fallo tiene (de 1 a 10).
- Para cada una de las posibles causas del fallo y teniendo en cuenta el fallo en sí se trata de determinar la frecuencia con la que este puede ocurrir. A esta frecuencia también se le asigna un valor de 1 a 10.
- Por último se evalúa la capacidad de detección de los fallos en base a las barreras o sistemas preventivos que tiene nuestra organización articulados asignando así mismo una puntuación de 1 a 10.
Con estos tres factores se halla el valor de “Prioridad de riesgo” que nos permite establecer una jerarquía en los posibles fallos detectados para actuar sobre ellos.
5. ANÁLISIS CAUSA-RAIZ (ACR)
El ACR se relaciona en su base con el llamado “Modelo del queso suizo” de Reason, para explicar la multiplicidad de los factores que se relacionan con un error en los entornos complejos.
Se basa en que “la causa raíz de los riesgos es una mezcla de varios factores independientes”. Para ello busca identificar esos factores contribuyentes tratando de saber QUE, CÓMO y PORQUÉ sucede un evento adverso, orientándose a reducir el nivel de riesgo de los procesos y sistemas.
6. PROTOCOLO DE LONDRES
En cambio, el Protocolo de Londres aplica la metodología de los factores humanos y se concibió como una herramienta de análisis enfocado en mostrar los problemas del sistema, más que en localizar las causas del incidente/evento en si.
