La pleura es una membrana que recubre los pulmones con dos capas (visceral y parietal) y un espacio pleural lubricado por líquido, que facilita la expansión pulmonar.
Las dos principales patologías pleurales son el derrame pleural y el neumotórax.
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El derrame pleural consiste en la acumulación excesiva de líquido en el espacio pleural, que puede ser seroso, pus (empiema), sangre (hemotórax) o linfa (quilotórax). Puede producir disnea y dolor pleurítico. Se diagnostica con radiografía, ecografía o análisis del líquido pleural. Su tratamiento se basa en resolver la causa y, si es necesario, extraer el líquido mediante toracocentesis, drenaje o pleurodesis.
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El neumotórax es la presencia de aire en el espacio pleural, que provoca colapso pulmonar. Puede ser espontáneo, traumático o iatrogénico, y en casos graves puede convertirse en neumotórax hipertensivo, con riesgo vital. Sus síntomas incluyen disnea, dolor torácico y signos de inestabilidad. Se diagnostica con pruebas de imagen y se trata favoreciendo la reexpansión pulmonar: desde la observación en casos leves, hasta la aspiración, drenaje o procedimientos como pleurodesis o pleurectomía en casos recurrentes.
