La insuficiencia cardiaca es una enfermedad en la que existe un desequilibrio entre la capacidad cardiaca para el bombeo de sangre y las necesidades del organismo. Es decir, el corazón no consigue cumplir correctamente su función. Según la Asociación Española de Enfermería en Cardiología es “una enfermedad que impide al corazón bombear suficiente sangre al organismo, no pudiendo llevar el oxígeno y los nutrientes necesarios al resto del organismo para su normal funcionamiento”.
2.1 CLASIFICACIÓN DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA
La insuficiencia cardiaca tiene diferentes clasificaciones. Puede ser aguda, que de forma repentina o rápida produce síntomas graves que producen la búsqueda de atención médica, y crónica, que se refiere a aquellos que han sido diagnósticas de insuficiencia cardiaca y de forma progresiva va empeorando y aumentando la sintomatología. Cuando la insuficiencia cardiaca crónica empeora se le conoce como insuficiencia cardiaca descompensada.
También se puede clasificar la insuficiencia cardiaca en izquierda, derecha (causada principalmente por una disfunción del ventrículo izquierdo que causa hipertensión pulmonar. Aunque también puede deberse a infarto de miocardio, enfermedad valvular etc.) o biventricular en función de la parte cardiaca afectada. En el caso de la derecha, la clínica que produce comprende lo que se conoce como congestión venosa sistémica.
Por último, se puede hablar de insuficiencia cardiaca sistólica cuando el fallo está en la contracción y diastólica cuando afecta a la relajación.
Existen otros criterios para clasificar la insuficiencia cardiaca como los de la Asociación del Corazón de Nueva York (New York Heart Association) y la de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association).
2.2 ETIOLOGÍA DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA
Dentro de la etiología de la insuficiencia cardiaca existen numerosas patologías que pueden acabar generándola. Suele deberse a una anomalía estructural y/o funcional del corazón que produce un aumento en las presiones intracardiacas y/o un inadecuado gasto cardiaco en reposo y/o durante el ejercicio. Identificar la causa es clave ya que puede determinar el tratamiento.
2.3 CLÍNICA DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA
La clínica, signos y síntomas, de la insuficiencia cardiaca, suele aparecer de forma progresiva y comenzar con una fase asintomática. Debido al bajo flujo sanguíneo y a la congestión producida por el acúmulo de líquido suelen encontrarse signos y síntomas como los siguientes:
2.4 DIAGNÓSTICO DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA
El diagnóstico de la insuficiencia cardiaca se fundamenta en la presencia de síntomas y signos de la enfermedad además de la evidencia objetiva de insuficiencia.
Dentro del diagnóstico se puede analizar el desarrollo de la insuficiencia cardiaca en función de la fracción de eyección ventricular (uno de los valores pronóstico de la enfermedad) que refleja el porcentaje de la sangre que contiene el ventrículo que es bombeado en un latido. En función de la fracción de eyección (FE) ventricular se habla de insuficiencia cardiaca con fracción de eyección ventricular izquierda conservada, preservada, en rango medio o ligeramente reducida y, por último, fracción de eyección reducida.
2.5 PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA INSUFICIENCIA CARDIACA
La prevención de la insuficiencia cardiaca debe comenzar por una modificación de los factores de riesgo presentes. En el caso de que la enfermedad esté instaurada, el tratamiento tendrá como objetivo mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida del paciente además de reducir los ingresos hospitalarios y la mortalidad.
2.6 CUIDADOS ENFERMEROS EN PERSONAS CON INSUFICIENCIA CARDIACA
Según la AEEC los cuidados claves en una persona con insuficiencia cardiaca son: valoración continua de signos de descompensación, como edemas, disnea o fatiga. Se debe educar al paciente en el autocuidado, fomentando la adherencia a la medicación, el control de peso y la restricción de sodio.
Es clave supervisar la tolerancia al ejercicio físico moderado y reforzar la importancia de evitar factores de riesgo, como el tabaquismo. Se debe proporcionar apoyo emocional y coordinar el seguimiento con el equipo multidisciplinar para reducir hospitalizaciones y mejorar la calidad de vida.
