TEMA 3. CREACIÓN Y MADURACIÓN DE LA FAV


La fístula arteriovenosa (FAV) es el acceso vascular de elección para hemodiálisis, gracias a su durabilidad y menor tasa de complicaciones. Aunque se promovió su uso universal con iniciativas como “Fistula First”, hoy se opta por un enfoque individualizado, considerando factores anatómicos, clínicos y funcionales del paciente.

La FAV debe planificarse cuando el filtrado glomerular cae por debajo de 30 ml/min/1,73 m², anticipándose a la necesidad de tratamiento renal sustitutivo. Es clave preservar el lecho vascular del brazo elegido y valorar mediante ecografía doppler la viabilidad de arterias y venas. También se deben considerar factores como diabetes, edad, hipotensión, sexo femenino u obesidad, que pueden dificultar el éxito del acceso.

La técnica quirúrgica más común es la anastomosis latero-terminal entre arteria y vena, sin necesidad habitual de profilaxis antibiótica en FAV nativas. Tras la intervención, se realiza un control riguroso para vigilar el flujo, prevenir complicaciones como hemorragias, trombosis o síndrome de robo arterial, y ajustar la medicación.

La FAV madura idealmente tras unas 6 semanas y cumple con la “Regla del 6”: más de 6 semanas desde su creación, diámetro mayor a 6 mm, profundidad menor a 6 mm y flujo sanguíneo superior a 600 ml/min. Sin embargo, entre un tercio y la mitad de las FAV no maduran adecuadamente, siendo necesarios tratamientos como reanastomosis, angioplastia o ligadura de colaterales. El ejercicio isométrico y la no manipulación del brazo contribuyen a mejorar la maduración.