TEMA 3. HIPERTENSIÓN ARTERIAL


La presión arterial es la medida de la fuerza que el bombeo de la sangre por parte del corazón ejerce contra las paredes arteriales. Esta presión se ve afectada por diferentes variables: el gasto cardiaco y las resistencias vasculares periféricas.

 

Puede calcularse de la siguiente manera:

Presión arterial = gasto cardiaco × resistencias vasculares periféricas

 

Como se ha mostrado en el primer apartado de este bloque, el gasto cardiaco es igual al volumen sistólico multiplicado por la frecuencia cardiaca. Cualquiera de estas variables relacionadas con el cálculo de la presión arterial puede modificar sus valores.

Dentro de la presión arterial se pueden diferenciar tres mediciones: la presión arterial sistólica (PAS), la presión arterial diastólica (PAD) y la presión arterial media (PAM) que se calcula con la siguiente fórmula:

PAM = PAS + (2 × PAD)/3

 

La hipertensión arterial se define como la presión arterial sistólica ≥140 mm de Hg o presión arterial diastólica ≥90 mm de Hg medidas en consulta. Este nivel se aplica para jóvenes, adultos de mediana edad y ancianos. En el caso de los adultos de mediana edad y mayores, el aumento de la diferencia entre la PAS y la PAD (presión de pulso) es un valor pronóstico adverso adicional.

Por el contrario la hipotensión arterial se define como la presión arterial con valores por debajo del límite (

También existe la conocida como hipotensión ortostática, en la que existe una reducción de la PAS a > o igual 20  mmhg o de la PAD a > o igual 10  mmhg en los 3 minutos siguientes a levantarse.

 

3.1 CLASIFICACIÓN DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL

A pesar de que existen límites en los valores de presión arterial para clasificar a la población y conocer la necesidad de intervenir o tratarla, estos valores límite pueden cambiar en función de otras variables como la edad (en niños y adolescentes se suele usar una clasificación por percentiles). De hecho, existe una definición de la hipertensión que no implica valores y que la describe como “el nivel de PA en el cual los beneficios del tratamiento (ya sean intervenciones en el estilo de vida o tratamiento farmacológico) sobrepasan claramente sus riesgos según los resultados de estudios clínicos”.

Según la Sociedad Europea de Cardiología los niveles para la clasificación de la presión arterial y los grados de hipertensión son los siguientes:

 

Tabla 8

Clasificación de la presión arterial y los grados de hipertensión según la Sociedad Europea de Cardiología

 

 

3.2 ETIOLOGÍA DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL

En la etiología de la hipertensión arterial en torno al 90-95 % de los casos se desarrollan por causa desconocida o esencial y son tratables pero no curables. Por lo general, es una enfermedad con múltiples factores relacionados con su aparición y que se va instaurando de forma paulatina. Algunos de los principales factores son los relacionados con el estilo de vida (sedentarismo, tabaquismo y alcohol, obesidad, nutrición) y factores genéticos.

En el otro 5-10 % de los casos se trata de hipertensión secundaria con causas conocidas tratables como por ejemplo apnea obstructiva del sueño, enfermedad del parénquima renal, enfermedad renovascular, causas endocrinas u otras como la coartación aórtica.

 

3.3 CLÍNICA DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL

La clínica, signos y síntomas, de la hipertensión arterial suele aparecer de forma progresiva y comenzar con una fase asintomática. La hipertensión arterial y la clínica que produce puede clasificarse en función de los principales órganos a los que afecta (cerebro, ojos, corazón y riñón) y la circulación periférica.

 

Tabla 9

Clínica de la hipertensión arterial

 

3.4 DIAGNÓSTICO DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL

La hipertensión suele ser una patología asintomática que se detecta mejor con programas de screening para determinadas poblaciones o en mediciones oportunistas de la tensión. En personas sanas con valores óptimos de tensión debería medirse la tensión al menos cada 5 años; en personas con tensión arterial elevada y menos de 40 años, al menos cada 3 años y en personas con 40 o más años y tensión arterial elevada, al menos 1 vez al año. En personas con tensión arterial elevada y riesgo cardiovascular aumentado se debe considerar realizar medición fuera de consulta con MAPA o AMPA o repetir la medición en consulta más de una vez. En el caso de medición con valores de hipertensión usar para confirmar el diagnóstico una medición en varias consultas o algún método de medición fuera de consulta. El diagnóstico de la hipertensión arterial se basa en repetidas mediciones de la PA en distintas visitas excepto los casos de HTA grave.

Además, existen otros pilares para el diagnóstico: la historia clínica, el examen físico y el daño causado a otros órganos. 

 

Tabla 10

Diagnóstico de la hipertensión arterial

 

 

Según el método de medición de la PA las cifras para determinar la hipertensión varían. Las cifras se muestran en la siguiente tabla.


 

3.5 PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL

Existen dos estrategias principales para lograr el descenso de la tensión arterial: las intervenciones sobre el estilo de vida y el tratamiento farmacológico. La regulación rápida de la tensión arterial se realiza con quimio y baro receptores carotideos y receptores de baja presión en la aurícula. El control a largo plazo está regulado principalmente por el sistema renina-angiotensina-aldosterona y por ello gran parte de los posibles fármacos buscarán influir sobre él. El objetivo del tratamiento será reducir la PA por debajo de 140/90  mmhg en todos los pacientes, debiendo alcanzar 130/80  mmhg en la mayoría. En menores de 65 años se recomienda reducir al intervalo 120-129  mmhg siendo el intervalo 130-139  mmhg en mayores de 65 años. Por último, se debe considerar un objetivo de PAD menor de 80  mmhg para todos los pacientes hipertensos, independientemente del nivel de riesgo y comorbilidades (nivel de evidencia más bajo). En algunos casos el umbral de tratamiento farmacológico puede reducirse y usarse en personas con PA normal-alta si el riesgo cardiovascular es muy alto.

 

Tabla 11

Prevención y tratamiento de la hipertensión arterial

  

 

3.6 CUIDADOS ENFERMEROS EN PERSONAS CON HIPERTENSIÓN

Según la AEEC los cuidados claves en una persona con hipertensión son: el control periódico de la presión arterial, fomentando mediciones y auto mediciones en condiciones adecuadas. Es fundamental educar al paciente sobre hábitos saludables, como una dieta baja en sal, actividad física regular y evitar tabaco y alcohol. Además, se debe garantizar la adherencia al tratamiento antihipertensivo, supervisar posibles efectos adversos y promover técnicas de manejo del estrés.

 

3.7 SITUACIONES ESPECÍFICAS DE HIPERTENSIÓN ARTERIAL

Existen algunas presentaciones de la hipertensión específicas que reciben otras denominaciones y para las que también puede variar el tratamiento.

 

Tabla 12

Tratamiento de algunas presentaciones de la hipertensión específicas

 

 

 

3.8 BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO 5 DE JULIO DE 2022 SOBRE GUÍAS PARA INDICACIÓN, USO Y AUTORIZACIÓN DE DISPENSACIÓN DE MEDICAMENTOS SUJETOS A PRESCRIPCIÓN MÉDICA POR PARTE DE LAS ENFERMERAS: HIPERTENSIÓN

Este Boletín Oficial del Estado sienta las bases para que las Comunidades Autónomas y el resto de Entidades Gestoras desarrollen sus propios protocolos y/o guías asistenciales adaptadas a su contexto. La población diana de estas guías son personas diagnosticadas de HTA en tratamiento prescritos por su médico y personas en crisis hipertensivas. 

El BOE establece que las enfermeras podrán intervenir en las siguientes situaciones: inicio del tratamiento (siendo necesaria la prescripción médica previa y/o existencia de protocolo/guía asistencial específica para problemas agudos y/o urgentes), prórroga del tratamiento (cuando se estén alcanzado los objetivos terapéuticos establecidos cuando se prescribió, cuando la tolerancia al tratamiento sea adecuada, cuando no existan cambios clínicos relevantes ni tampoco en las características del paciente y cuando no se supere la duración del tratamiento establecida en la ficha técnica del medicamento), modificación del tratamiento (si ha habido cambios en la situación clínica o características del paciente y en ningún caso modificar el principio activo prescrito por el médico) e interrupción del tratamiento (por alguna causa justificada como cifras de tensión fuera de rango, efectos adversos no deseables o tolerables, rechazo del tratamiento o embarazo o lactancia, poniéndolo en conocimiento del médico responsable).

Los fármacos autorizados en este BOE son los recomendados para el tratamiento de la hipertensión: diuréticos, betabloqueantes, bloqueadores de los canales del calcio, IECA, ARA II, y fármacos que combinen estos principios activos.

 

3.9 GUÍA PARA LA INDICACIÓN, USO Y AUTORIZACIÓN DE DISPENSACIÓN DE MEDICAMENTOS SUJETOS A PRESCRIPCIÓN MÉDICA POR PARTE DE LAS/OS ENFERMERAS/OS: HIPERTENSIÓN ARTERIAL

En este tema se abordarán tres puntos principales. En primer lugar, se discutirá la hipertensión arterial, definiendo sus límites y niveles. Se hará especial énfasis en el tratamiento farmacológico, ya que permitirá visualizar cómo este también está sujeto a ciertos factores y protocolos. Aunque los médicos tienen cierta libertad para elegir el principio activo, existen guías específicas que indican las pautas a seguir, las cuales se adaptarán a la guía de prescripción enfermera. En segundo lugar, se analizarán los aspectos más importantes de la guía, así como las acciones que una enfermera puede llevar a cabo en relación con el tratamiento farmacológico de la hipertensión. Es importante tener en cuenta que este documento es solo una estructura previa y que las comunidades autónomas deberán desarrollarlo más a fondo. 

Cuando hablamos de hipertensión, nos referimos a un problema de gran magnitud. No es casualidad que la diabetes y la hipertensión sean consideradas como una de las primeras enfermedades para la prescripción enfermera. Se trata de un problema de salud pública que consume una cantidad considerable de recursos. Es necesario abordarlo de manera eficiente y efectiva para evitar que los sistemas sanitarios se saturen con las posibles complicaciones a largo plazo. Según la última guía europea de hipertensión, se estima que en 2015 había aproximadamente 1.130 millones de personas con hipertensión en todo el mundo, siendo más de 150 millones de ellas residentes en Europa. La hipertensión no solo implica tener la presión arterial ligeramente elevada, sino que a largo plazo puede generar diversos problemas en los órganos del cuerpo. Antiguamente conocida como "el asesino silencioso", la hipertensión gradualmente daña los órganos favoritos del cuerpo, como el cerebro, el corazón, los riñones y la retina. 

La presión arterial se define como la fuerza ejercida por el bombeo del corazón contra las paredes arteriales, y se calcula en base al gasto cardíaco y las resistencias vasculares periféricas. Existen niveles óptimos y no óptimos de presión arterial, y la guía de la Sociedad Europea de Cardiología considera a una persona como hipertensa grado 1 cuando su presión sistólica es igual o mayor a 140 y su presión diastólica es igual o mayor a 90. Si se cumple uno de estos criterios, ya se considera hipertensión. Estos límites son útiles para el análisis posterior de la guía. 

Es importante destacar que las cifras mencionadas podrían variar en el futuro, ya que la hipertensión arterial se define como el nivel de presión arterial en el que los beneficios del tratamiento superan claramente los riesgos asociados. Es posible que en un futuro, basándonos en estudios adicionales, se determine que un nivel de presión arterial de 130  mmhg con tratamiento ya sea suficiente para mejorar la salud. Los riesgos son mínimos y podríamos cambiar los criterios de clasificación. Además, la presión sistólica es el mejor predictor de mortalidad y morbilidad en personas mayores de 50 años. 

En resumen, la hipertensión arterial es trastorno de la salud que afecta a una gran cantidad de personas en todo el mundo. Su impacto en los órganos del cuerpo a largo plazo la convierte en una enfermedad de gran importancia. Es fundamental seguir las guías y recomendaciones sanitarias para controlar y tratar adecuadamente la hipertensión, con el fin de prevenir complicaciones graves en la salud. Es importante tener en cuenta que la presión arterial se clasifica en base a dos valores: la sistólica y la diastólica.

En primer lugar, es relevante destacar que la diastólica es un mejor predictor en personas menores de 50 años. A continuación, se presenta la clasificación de los niveles de tensión arterial según la Sociedad Europea de Cardiología, la cual probablemente será utilizada en futuros protocolos de las comunidades autónomas.

Para considerar que una persona es como hipertensa, se tomarán en cuenta los siguientes rangos: si la sistólica se encuentra entre 130 y 139  mmhg, o si la diastólica está entre 90 y 99  mmhg. En este sentido, basta con que una de las dos cifras esté dentro de estos rangos para ser clasificado como hipertensión grado 1. 

Si la sistólica se encuentra entre 130 y 139  mmhg, se hablará de una normalidad alta, es decir, aún no se considerará al paciente como hipertenso. Es importante tener en cuenta la columna intermedia, que indica la posibilidad de tener la sistólica alterada y la diastólica normal, o viceversa. En estos casos, se clasificará al paciente como hipertensión grado 2 o grado 3, dependiendo de sus cifras.

Estas cifras serán las que, en un futuro, guíen las decisiones de prescripción médica y permitan a las enfermeras determinar la necesidad de continuar el tratamiento, ajustar la dosis o considerar otras opciones terapéuticas. Es importante destacar que estas son suposiciones y que se deberá esperar a la guía de prescripción oficial para confirmarlas.

Es relevante mencionar que, aunque en Europa se utiliza la clasificación mencionada, en América se considera hipertensión grado 1 a lo que nosotros llamamos normalidad alta. Esta diferencia generó cierta controversia en su momento, ya que algunos consideraron que se estaba sobre diagnosticando y sobre medicando a la población. Sin embargo, cada sociedad tiene sus propias razones y motivaciones para establecer estas clasificaciones. 

Como enfermera, la responsabilidad será evaluar y tomar decisiones en base a las pautas establecidas por la Sociedad Europea de Cardiología. Esto implica considerar tanto la sistólica como la diastólica, y utilizar la clasificación correspondiente para determinar el grado de hipertensión y ajustar el tratamiento en consecuencia. Además, es importante estar actualizada con las guías de prescripción y estar preparada para enfrentar situaciones inesperadas, como la aparición de hipotensión en un paciente en tratamiento de hipertensión, sino también en otras escalas de valoración, como la escala Framingham, que también tiene en cuenta la presión arterial sistólica como uno de los indicadores principales.

Es fundamental comprender la importancia de mantener la presión arterial dentro de los rangos saludables, ya que un aumento en los niveles de presión arterial se asocia directamente con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares graves. Por lo tanto, es crucial que los profesionales de la salud, como las enfermeras, no solo se enfoquen en el tratamiento farmacológico, sino también en la educación y promoción de un estilo de vida saludable.

La hipertensión es una enfermedad multifactorial, y el estilo de vida juega un papel fundamental en su desarrollo y control. La enfermera puede desempeñar un papel clave al brindar educación sanitaria sobre los cambios necesarios en el estilo de vida, como la adopción de una dieta equilibrada, la práctica regular de ejercicio físico, la reducción del consumo de alcohol y tabaco, y el manejo del estrés.

Además, es importante destacar que la presión arterial no es solo un número aislado, sino un factor de riesgo cardiovascular que debe ser evaluado en conjunto con otros factores, como el tabaquismo, el género, la edad y los niveles de colesterol. Estas variables se tienen en cuenta en diversas escalas de valoración del riesgo cardiovascular, como la escala SCORE, que nos permite determinar el riesgo a 10 años de sufrir un evento cardiovascular grave o fatal.

La presión arterial es un factor clave en el riesgo cardiovascular y su control es fundamental para prevenir eventos graves y mejorar la salud a largo plazo. La labor de la enfermera va más allá de la administración de medicamentos, incluyendo la educación y promoción de un estilo de vida saludable, lo cual puede tener un impacto significativo en el tratamiento de la hipertensión y la prevención de complicaciones cardiovasculares. La clasificación de la tensión arterial en diferentes fases y la evaluación del riesgo asociado revela que a medida que aumenta el nivel de tensión arterial, también aumentan los riesgos de padecer diversos problemas. En el caso de una tensión arterial de grado 3, con una sistólica por encima de 180  mmhg, el riesgo es alto incluso sin otros factores de riesgo adicionales. A medida que la tensión arterial disminuye, la persona no solo presenta hipertensión, sino también otros factores de riesgo como enfermedad renal crónica, daño orgánico, obesidad, carencias sociales, inactividad física, sedentarismo, estrés y ansiedad, entre otros. Para establecer los criterios de diagnóstico y cribado en la población, la Sociedad Europea de Cardiología recomienda ciertos niveles, que probablemente se reflejarán en la guía de prescripción enfermera de fármacos para la hipertensión. Si un paciente tiene una tensión arterial óptima de 120-80  mmhg, no es necesario prescribir un tratamiento y si el médico lo hace con niveles muy por debajo de lo óptimo, es posible que se deba reconsiderar la dosis. En el caso de un paciente derivado por el médico con una prescripción de diuréticos u otros fármacos para la hipertensión y después de tres meses no se observa una disminución en las cifras de tensión arterial, puede ser necesario aumentar la dosis. Según estas cifras, si los valores son óptimos, el control se realizará cada cinco años, siempre y cuando no se esté recibiendo tratamiento farmacológico. Si los valores son normales, la frecuencia de control de la presión arterial varía dependiendo de los valores obtenidos. Si los valores se encuentran dentro del rango normal, es recomendable realizar controles cada tres años. Sin embargo, si se presentan cifras altas, se debe realizar un seguimiento anual, ya que podría tratarse de una hipertensión enmascarada. En estos casos, se sugiere realizar mediciones fuera de la consulta utilizando métodos como el MAPA o AMPA. 

En el caso de que se diagnostique hipertensión, es importante realizar múltiples mediciones en diferentes consultas. Además, se pueden utilizar métodos de medición fuera de la consulta para evitar posibles errores, como la hipertensión de bata blanca o la hipertensión enmascarada. Para el diagnóstico de la hipertensión, existen diferentes métodos de medición. El más común es la medición convencional en consulta, donde se utiliza un esfigmomanómetro semiautomático para obtener la cifra de presión arterial. Se recomienda tomar la medida en ambos brazos y utilizar el brazo con las cifras más altas como referencia. El paciente debe estar en reposo, sentado durante al menos 5 minutos, en silencio y con el brazo a la altura del corazón. Sin embargo, también existen otros métodos de medición que permiten detectar la hipertensión enmascarada o la hipertensión de bata blanca. Por ejemplo, la medición automática no presenciada en consulta, que se realiza en una habitación preparada para ello, utilizando un medidor automático que realiza varias tomas durante el tiempo que el paciente permanece allí, sin la presencia del profesional sanitario. Este método ayuda a reducir el efecto de la hipertensión de bata blanca y se ha observado que las cifras de presión arterial obtenidas son más bajas que cuando se realiza la medición en presencia del profesional. La falta de evidencia actualmente impide determinar con precisión los criterios para clasificar a un paciente como hipertenso grado 1, grado 2 o con tensión arterial normal utilizando la medida propuesta. Además, existen otras dos opciones fuera del entorno sanitario que también son conocidas: la monitorización domiciliaria de la tensión arterial (AMPA) y la monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA). 

En el caso de la AMPA, se recomienda al paciente utilizar un dispositivo validado para medir su tensión arterial en casa. No se acepta cualquier dispositivo de bajo costo disponible en Amazon, sino uno que cumpla con los estándares de validación. Se sugiere tomar las mediciones por la mañana y por la noche durante al menos tres días, aunque es preferible hacerlo durante seis o siete días antes de acudir a la consulta. Además, se aconseja realizar al menos dos mediciones por sesión. 

Por otro lado, la MAPA se asemeja al uso de un Holter, pero en este caso se utiliza para medir la tensión arterial durante 24 horas, con intervalos de 15 a 30 minutos. Esta técnica es muy útil para detectar hipertensiones enmascaradas y descartar el efecto de la bata blanca, es decir, cuando las cifras de tensión arterial parecen normales en la consulta pero están alteradas en el día a día. La guía de la Sociedad Europea indica que la MAPA es el mejor predictor de daño orgánico. 

¿Y qué relación tiene todo esto con el futuro de la guía de prescripción? Es probable que la medida de la tensión arterial y la forma en que se obtenga puedan influir en las decisiones de prescripción. Los niveles para considerar a una persona como hipertensa pueden variar según el lugar donde se realice la medición de la tensión arterial. La guía de la Sociedad Europea de Cardiología de 2018 establece que una presión medida en consulta se considera hipertensión a partir de 140  mmhg de presión sistólica o 90  mmhg de presión diastólica. Sin embargo, si se realiza fuera de la consulta, se debe tener en cuenta que las cifras pueden ser diferentes. La clasificación de la presión arterial varía según el método de medición utilizado. En la medición nocturna, en la que se supone que el cuerpo está relajado en posición supina, se considera hipertensión a partir de 120  mmhg de presión sistólica. En un promedio de 24 horas, se considera hipertensión a partir de 130  mmhg, y en un promedio domiciliario, a partir de 135  mmhg.

Sin embargo, la mayoría de los estudios científicos se basan en la medición de la presión arterial en consulta médica. Por lo tanto, las guías recomiendan principalmente el uso de los valores de presión arterial en consulta para clasificar la presión arterial en óptima, normal, alta, hipertensión grado 1, etc. Esto se debe a que la mayoría de los estudios clínicos farmacológicos se han realizado con este tipo de medición. Quizás en el futuro haya más estudios que nos permitan evaluar cómo los tratamientos farmacológicos afectan la medición de la presión arterial, especialmente en aquellos casos en los que los valores se encuentran en los límites entre ser hipertenso o no, o en casos de hipertensión de grado más elevado, con el objetivo de reducir el riesgo cardiovascular a medio o largo plazo.

Las guías de riesgo cardiovascular, tanto para el infarto como para la insuficiencia cardíaca, la hipertensión, etc., son muy claras en este aspecto. Además de la educación, se recomiendan tratamientos que incluyen la restricción de sal, con un límite máximo de 5 gramos al día. Es importante que los pacientes comprendan que no solo se trata de la sal que añaden a la comida, sino también de la sal presente en los productos que consumen, como lonchas de pavo, anchoas, aceitunas y patatas fritas. Leer las etiquetas de los productos es fundamental. Además, se debe reducir el consumo de alcohol a 14 unidades en hombres y 8 en mujeres, eliminar el tabaco y seguir una dieta adecuada. 

En resumen, la clasificación de la presión arterial se basa principalmente en los valores obtenidos en consulta médica debido a la evidencia científica disponible. Además, las guías de riesgo cardiovascular recomiendan una serie de medidas, como la restricción de sal, la reducción del consumo de alcohol, la eliminación del tabaco y una dieta equilibrada, para mejorar el control de la presión arterial y reducir el riesgo cardiovascular a largo plazo. La implementación de cambios en nuestra sociedad para aumentar el consumo de vegetales integrales y reducir el consumo de proteína animal y productos de origen animal es un desafío considerable. La balanza actualmente está desequilibrada hacia los productos de origen animal, y las guías de salud están haciendo hincapié en la necesidad de corregir esta situación.

En relación con la proteína de origen animal, el pescado azul es el más recomendado, mientras que se aconseja reducir el consumo de carne roja y optar por lácteos bajos en grasa. Además, se destaca la importancia de reducir el consumo de grasas saturadas debido a su impacto en el colesterol LDL, así como mantener un peso y circunferencia abdominal dentro de los límites normales y realizar actividad física regularmente, con al menos 30 minutos de ejercicio aeróbico durante 5 o 7 días a la semana.

Es importante destacar que estas recomendaciones son más efectivas que cualquier pastilla, aunque sabemos que persuadir a las personas para que adopten estos cambios no es tarea fácil. En cuanto al tratamiento, la guía de la Sociedad Europea de Cardiología recomienda iniciar de manera inmediata el tratamiento farmacológico en pacientes con hipertensión de grado 2 o 3, sin importar su nivel de riesgo cardiovascular. Esto implica que, como enfermera, es fundamental estar al tanto de los protocolos de prescripción enfermera que se basen en estas recomendaciones.

Además, se menciona la importancia de implementar cambios en el estilo de vida de los pacientes con hipertensión de grado 1, con el objetivo de normalizar la presión arterial. Estas intervenciones en el estilo de vida deben llevarse a cabo de manera simultánea al tratamiento farmacológico. Es esencial que estemos informados sobre los protocolos y guías que se están desarrollando para asegurar una atención de calidad y eficaz a nuestros pacientes. Antes de iniciar el tratamiento farmacológico, es recomendable probar con cambios en el estilo de vida para evaluar su efectividad en la mejora de la condición. Sin embargo, en el caso de pacientes con riesgo cardiovascular, incluso de grado 1, se sugiere iniciar el tratamiento farmacológico. Además de los cambios en el estilo de vida, es importante seguir el protocolo de tratamiento establecido por la Sociedad Europea de Cardiovascular, el cual podría servir como referencia para futuras guías de prescripción enfermera en cada comunidad autónoma. En situaciones más graves, como la hipertensión de grado 2 con una presión arterial entre 160 y 179  mmhg, se recomienda iniciar el tratamiento farmacológico de manera inmediata. El objetivo principal en los primeros tres meses es lograr el control de la presión arterial. Por ejemplo, si un paciente con hipertensión de grado 2 ya está recibiendo un tratamiento farmacológico combinado de un IECA y otro fármaco, el protocolo establece que su presión arterial debería estar controlada al cabo de tres meses. Sin embargo, si como enfermera observas que, a pesar de la dosis y los cambios en el estilo de vida, las cifras de presión arterial del paciente no mejoran y no alcanzan el objetivo esperado, es posible que el protocolo permita aumentar la dosis del fármaco prescrito. Aunque estos protocolos aún están en desarrollo en las comunidades autónomas, es probable que se basen en este tipo de enfoque, que ya es utilizado por los médicos y puede adaptarse fácilmente a la prescripción enfermera. Según la Sociedad Europea de Cardiología, el objetivo prioritario en el tratamiento de la hipertensión es reducir la presión arterial por debajo de 140-90  mmhg. El objetivo del tratamiento de la hipertensión arterial es alcanzar una presión arterial de 130-80  mmhg o menos en la mayoría de los pacientes, siempre y cuando se tolere bien dicho tratamiento. Sin embargo, existen casos en los que esto puede no ser posible debido a ciertas circunstancias. Por ejemplo, en pacientes mayores de 65 años con tratamiento antihipertensivo, se recomienda que la presión arterial esté por debajo de 120-129  mmhg en la sistólica. Esto indica que en algunos casos este tipo de tratamiento puede no ser factible.

Es importante destacar que estos límites establecidos por la Sociedad Europea de Cardiología se reflejarán posteriormente en los protocolos de prescripción enfermera de cada comunidad autónoma. Como enfermera, se cuenta con cierta autonomía para tomar decisiones en el tratamiento de los pacientes. Por ejemplo, si un paciente ha sido derivado por un médico y no ha logrado reducir su presión arterial por debajo de 140  mmhg a pesar del tratamiento y los cambios en el estilo de vida, se puede considerar ajustar la dosis o aumentarla.

En cuanto al tratamiento farmacológico recomendado por la Sociedad Europea, existen tres protocolos diferentes. El primero se aplica a la hipertensión arterial no complicada, es decir, cuando no hay factores de riesgo cardiovascular ni otras enfermedades que puedan complicar la condición. En estos casos, se recomienda un tratamiento inicial que combine dos principios activos diferentes. Es importante destacar que se enfatiza la preferencia de utilizar medicamentos que combinen ambos principios activos en un solo comprimido, lo cual facilitará su administración. A continuación, se detallarán las combinaciones recomendadas por la Sociedad Europea, como los diuréticos o los bloqueadores de los canales de calcio junto con fármacos que actúen sobre el sistema del eje renina-angiotensina, como los IECA o los ARA2. 

En resumen, el tratamiento de la hipertensión arterial busca alcanzar objetivos específicos de presión arterial, adaptándose a las características de cada paciente y siguiendo las recomendaciones establecidas por la Sociedad Europea de Cardiología. La prescripción enfermera, dentro de los límites establecidos por los protocolos de cada comunidad autónoma, permite tomar decisiones adecuadas para optimizar el tratamiento y mejorar la salud de los pacientes con hipertensión arterial. El tratamiento inicial de la hipertensión arterial no complicada implica la combinación de diferentes medicamentos. Entre ellos, se pueden utilizar beta bloqueantes dependiendo de la situación. Sin embargo, si los niveles de presión arterial no mejoran, se recomienda iniciar el tratamiento con un comprimido que combine un IECA y un diurético, o un ARA2 y un bloqueador de los canales del calcio. Es importante tener en cuenta que, en ciertos casos, se puede considerar la monoterapia, es decir, utilizar un solo principio activo, especialmente en pacientes ancianos mayores de 80 años o frágiles con hipertensión de grado 1 y bajo riesgo. A medida que avanzamos en el protocolo, si el paciente no alcanza el objetivo de presión arterial, se puede pasar a una combinación triple de medicamentos, como un IECA o un ARA2 junto con un bloqueador de los canales del calcio y un diurético. Es fundamental evaluar los posibles efectos adversos de cada fármaco y su impacto en la función renal. En caso de no lograr el objetivo propuesto, se puede considerar la adición de espironolactona u otro fármaco en el paso 3 del protocolo. Además, en situaciones más complejas, se puede derivar al paciente a un centro especializado para realizar estudios adicionales. Estos protocolos también son aplicables a pacientes con un mayor riesgo cardiovascular o enfermedad renal establecida. En resumen, aunque los médicos tienen cierta libertad para tomar decisiones, también deben seguir guías y protocolos establecidos para el tratamiento de la hipertensión arterial. Los tratamientos farmacológicos actuales también están sujetos a ciertas restricciones basadas en las directrices de las sociedades científicas y regulaciones establecidas. En la guía de la Sociedad Europea para el tratamiento de crisis o urgencias hipertensivas, se mencionan algunos fármacos específicos que se utilizan como tratamiento de primera línea, como el lavetalol y el nicardipino. Estos fármacos son recomendados por la evidencia científica y los médicos están limitados en cierta medida por estas directrices.

Es importante destacar que el tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial se protocoliza en la guía de la Sociedad Europea de Cardiovascular. Sin embargo, es probable que las comunidades autónomas desarrollen sus propias guías, que se basarán en gran medida en esta guía europea, pero podrían profundizar más en aspectos específicos como la dosis y otros detalles relacionados con los fármacos.

La guía de prescripción enfermera en hipertensión arterial, que se encuentra en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del martes 5 de julio de 2022, es una referencia importante para un análisis más detallado. Esta guía fue validada por la Dirección General de Salud Pública y aborda la indicación, uso y autorización de dispensación de medicamentos sujetos a prescripción médica por parte de enfermeras, tanto en el caso de la hipertensión como de la diabetes. Además, existen otras guías previas para quemaduras y heridas.

El marco legal de estas guías se basa en varios reales decretos, como el Real Decreto 1.2015, que regula la indicación, uso y autorización de dispensación de ciertos medicamentos sujetos a prescripción médica por parte de enfermeros. También se incluyen el Real Decreto 954/2015, que regula la indicación y uso de productos sanitarios por parte de enfermeros, y las modificaciones del Real Decreto 1302/2018 del 22 de octubre. Estos decretos generaron controversia en su momento, pero establecen el marco legal para la prescripción enfermera. La reciente adición de base legal a lo que ya teníamos es un avance significativo. Sin embargo, es importante tener en cuenta el papel de la guía en este proceso. La publicación de la guía en el BOE representa un paso importante hacia adelante. Aunque algunas personas pueden considerarlo positivo y otras no, cada individuo tiene derecho a tener su propia opinión al respecto.

Es importante destacar que, a pesar de que la guía ya está disponible, todavía dependemos de las acciones de nuestras comunidades autónomas para implementarla. Actualmente, no podemos seguir al pie de la letra lo que se indica en la guía. Sin embargo, realicé una búsqueda ayer y hasta el momento, esta guía sobre la prescripción enfermera en casos de hipertensión y diabetes ha sido avalada en el BOE. 

¿Qué nos indica la guía en relación a la prescripción enfermera en casos de hipertensión y diabetes? Nos dice que las comunidades autónomas y otras entidades gestoras dentro del marco de los centros de salud del Sistema Nacional de Salud, así como las organizaciones y centros fuera de este sistema, como los centros privados, deberán desarrollar sus propios protocolos y guías asistenciales específicas, adaptadas a su contexto, basándose en los contenidos establecidos en esta guía. Debido a las transferencias de competencias en materia de sanidad, cada comunidad autónoma tendrá que establecer su propia guía y protocolo de prescripción para la hipertensión.

Aunque todavía queda mucho por hacer, al menos ya hemos dado el primer paso en esta dirección. El BOE es un documento oficial que contiene leyes, normativas y disposiciones de interés público. En este caso, se hace referencia a una guía de prescripción relacionada con la hipertensión, la cual ha sido respaldada por algunas comunidades autónomas.

La importancia de esta guía radica en los datos que se presentan sobre la hipertensión. Actualmente, el 47% de los hombres y el 39% de las mujeres en España padecen esta enfermedad, y se espera que esta cifra siga aumentando. Además, la hipertensión está estrechamente relacionada con el desarrollo de otras enfermedades cardiovasculares.

Las repercusiones sociosanitarias de la hipertensión son significativas, ya que afectan la calidad de vida de las personas, incrementan su fragilidad y dependencia, y generan un sobrecoste en los gastos sanitarios del país.

En cuanto a la guía en sí, se menciona la posibilidad de establecer una prórroga del tratamiento farmacológico en determinadas circunstancias. Por ejemplo, si el paciente ha logrado alcanzar los objetivos terapéuticos establecidos y su tolerancia al tratamiento es adecuada, se podría considerar la prórroga. Sin embargo, es importante tener en cuenta factores como cambios clínicos relevantes, características del paciente y posibles efectos secundarios del tratamiento. 

En resumen, la guía de prescripción relacionada con la hipertensión, respaldada por algunas comunidades autónomas, busca establecer pautas para el tratamiento de esta enfermedad, teniendo en cuenta diversos factores clínicos y las necesidades individuales de cada paciente. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y reducir las repercusiones sociosanitarias asociadas a la hipertensión. En el ámbito de la hipertensión, es importante tener en cuenta diversos aspectos relacionados con el filtrado glomerular y los niveles de creatinina, entre otros. Cada comunidad establecerá sus propios protocolos para determinar qué se considera un cambio clínico relevante. Además, es fundamental respetar la duración del tratamiento establecida en la ficha técnica del medicamento, ya que la prórroga no puede exceder este límite.

Como enfermera, es necesario estar al tanto de los desarrollos que las comunidades autónomas realicen en relación con el inicio y la prórroga de tratamientos. También se podrá modificar la duración del tratamiento y ajustar el mismo en caso de cambios en la situación clínica, como un mal control de los síntomas o parámetros analíticos como la creatinina o el filtrado glomerular.

Es importante destacar que la guía para enfermeras, emitida por la sociedad europea, deja en claro que en ningún caso se puede modificar el principio activo prescrito por el médico de referencia ni cambiar la pauta o el protocolo establecido en la guía específica. Es fundamental respetar estas indicaciones y no realizar modificaciones sin la debida autorización.

Es necesario seguir las pautas establecidas por las comunidades autónomas y las guías específicas para garantizar un adecuado manejo de la hipertensión, sin realizar cambios no autorizados en el tratamiento prescrito. Como profesionales de la salud, debemos estar actualizados y atentos a los cambios en la situación clínica de los pacientes para brindarles el mejor cuidado posible. La guía proporciona información precisa y fundamentada sobre la dosificación del medicamento. Es importante tener en cuenta que cualquier modificación en la dosis debe ser autorizada por el médico, ya que solo él puede determinar la dosis adecuada según las necesidades del paciente. Además, la guía también menciona la posibilidad de interrumpir el tratamiento en determinadas circunstancias justificadas, como cuando la presión arterial está fuera del rango establecido o en casos de embarazo o lactancia, a menos que exista una indicación previa. También se considera la aparición de efectos adversos no deseados o intolerables por parte del paciente, así como el rechazo del tratamiento debido a la falta de eficacia. Es fundamental seguir las pautas establecidas por la guía y consultar siempre con el médico antes de realizar cualquier cambio en el tratamiento. El protocolo establece claramente que cualquier interrupción en el tratamiento por parte de la enfermera debe ser comunicada al médico responsable. Es importante destacar que como enfermera/o, la responsabilidad es informar al médico sobre cualquier cambio en el tratamiento prescrito. En relación a la combinación de medicamentos, el protocolo sugiere que es preferible administrar un solo comprimido que contenga diferentes principios activos, como los bloqueantes de los canales del calcio, los antagonistas de los receptores de angiotensina, los diuréticos y los beta bloqueantes. Además, se menciona la posibilidad de combinar un agente beta bloqueante con una tiazida u otros diuréticos. Es fundamental tener en cuenta estas recomendaciones al momento de administrar los medicamentos a los pacientes. Las diferentes combinaciones posibles que podrían representar todos los fármacos mencionados previamente por la Sociedad Europea de Cardiología, parecen estar presentes en los protocolos establecidos por cada comunidad autónoma. Aunque estos protocolos pueden ser más restrictivos, es importante destacar que se han tenido en cuenta las opiniones de expertos externos en el campo. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que estos protocolos son solo la base y cada comunidad autónoma debe desarrollar guías más específicas respaldadas por el BOE.

 

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