TEMA 4. ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL


4.1 CONCEPTO Y GENERALIDADES

El término enfermedad inflamatoria intestinal (EII) se emplea de forma genérica para referenciar diversas enfermedades, de tipo crónico y de características inflamatorias, con asiento en el tubo digestivo. Se incluyen principalmente dos entidades nosológicas: la colitis ulcerosa (CU) y la enfermedad de Crohn (EC). Ambas presentan diversas características comunes a nivel genético, inmunológico, epidemiológico y clínico que hacen que ciertos casos no puedan clasificarse como una u otra, de forma que se etiquetan como colitis no clasificada o indeterminada.

La CU presenta una afectación inflamatoria continua de la mucosa del recto y el colon, y se extiende de manera proximal y continua en una longitud variable. La capa serosa y la muscular no se ven afectadas.

Por su parte, la EC puede aparecer en cualquier parte del tubo digestivo, si bien la localización más común es la válvula ileocecal (íleon terminal, ciego, colon ascendente). Su presencia puede ser de forma parcheada, con zonas de mucosa sanas y otras enfermas, y puede afectar de manera transmural a toda la pared intestinal.

La etiopatogenia de estas enfermedades no está clara, aunque se plantea una interacción entre diversos genes y el ambiente, que acaba desembocando en una respuesta inmune alterada contra la mucosa intestinal. La incidencia es similar en ambos sexos y existe un pico de diagnósticos entre los 20 y los 30 años, aunque en población infantil también puede diagnosticarse.

Si bien existen nexos comunes entre la CU y la EC, también hay diferencias; en la tabla 6 se plasman de manera resumida las características más importantes de ambas patologías.

 

Tabla 6

Características de la CU y la EC

  

4.2 DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

A la hora de realizar un diagnóstico de EII ningún dato tiene la cualidad de resultar patognomónico, por lo que deben evaluarse varios aspectos:

  • Datos clínicos: la entrevista clínica, los síntomas indicados por el paciente y una exploración física puede orientar sobre la realización de diversas pruebas que ayuden a confirmar el diagnóstico.
  • Datos de laboratorio: normalmente se ha empleado la proteína C-reactiva, pero el empleo de la calprotectina fecal ayuda tanto al posible diagnóstico como al seguimiento del paciente. También son útiles las determinaciones de diversos anticuerpos (p-ANCA y anti-Saccharomyces cerevisiae) y, para el seguimiento, de indicadores bioquímicos como el hierro o la albúmina, sin olvidar el hemograma.
  • Datos radiológicos: se emplean la radiología convencional y la ecografía, aunque tanto la TC como la RM se imponen, sobre todo la RM.
  • Datos endoscópicos: la colonoscopia aporta visión directa de las posibles lesiones, así como despistaje con otras patologías, además de permitir la toma de biopsias. 

En cuanto al tratamiento de la EII, no existe curación como tal, aunque sí es posible controlar la inflamación y, por ende, conseguir una curación de las lesiones de la mucosa y una estabilidad en la evolución de la enfermedad. Las opciones de tratamiento médico comprenden varios grupos farmacológicos: 

  • Corticoides: fármacos empleados para su gran actividad antinflamatoria, pero con efectos secundarios que impiden su uso a largo plazo. Se administran en forma oral y/o rectal. Vigilar la aparición de corticodependencia y/o corticorresistencia.
  • Aminosalicilatos: con efecto antinflamatorio si son empleados durante periodos prolongados de tiempo. Se administran en forma oral o rectal.
  • Inmunosupresores: inhiben de manera global la respuesta inmune. Existen diferentes grupos:

o   Tiopurinas: se administran en forma oral.

o   Inhibidores de la calcineurina: presentaciones oral e intravenosa.

o   Metotrexato: formulado en forma oral o subcutánea.

  • Otros grupos farmacológicos de reciente aparición como las JAK quinasas (con acción inhibitoria de determinadas enzimas) administrados en forma oral.
  • Fármacos biológicos: es un conjunto de fármacos con diferentes dianas terapéuticas (anti-TNF, anti-integrina, anti-interleucina) que se administran en forma intravenosa o subcutánea y que han propiciado un aumento enorme en la calidad de vida de estos enfermos.

 

BIBLIOGRAFÍA 

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