Las terapias continuas de depuración extracorpórea (TCDE) han revolucionado el tratamiento de la insuficiencia renal aguda en pacientes críticos, superando las limitaciones de la hemodiálisis intermitente al permitir una eliminación gradual y constante de líquidos y solutos. Estas terapias se clasifican según el principio físico que emplean: difusión, convección, ultrafiltración o combinación de estos, como ocurre en la hemodiafiltración veno-venosa continua (HDFVVC). Las TCDE ofrecen ventajas significativas como mayor estabilidad hemodinámica, mejora del intercambio gaseoso, administración de nutrición y fármacos sin interrupciones, y reducción de mediadores inflamatorios. No obstante, requieren monitorización continua, presentan riesgos como hipotermia, hipovolemia o infecciones, y precisan anticoagulación (con heparina o citrato-calcio) para mantener la permeabilidad del sistema.
Por otra parte, la plasmaféresis es una técnica de depuración extracorpórea indicada en enfermedades inmunomediadas o en trasplantes, que elimina patógenos del plasma mediante filtración o centrifugación. Consiste en separar el plasma y sustituirlo por albúmina o plasma fresco congelado, según la patología. Aunque eficaz, puede conllevar complicaciones como hipotensión, alteraciones electrolíticas, reacciones alérgicas o infecciones por el acceso vascular. El éxito de ambas terapias depende del correcto manejo técnico, monitorización de presiones, elección del tipo de anticoagulación y una adecuada programación personalizada según las características del paciente. El papel de enfermería es esencial en la implementación segura y eficaz de estas técnicas avanzadas.
