La nutrición es el proceso por el cual el ser humano transforma e incorpora los nutrientes obtenidos de los alimentos para obtener energía, construir estructuras corporales y regular funciones vitales. Se diferencia de la alimentación, que consiste en la ingesta de alimentos, y de la dietética, que aplica principios de nutrición a personas sanas, mientras que la dietoterapia lo hace en situaciones de enfermedad. Los nutrientes se clasifican en macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas, que aportan energía en grandes cantidades) y micronutrientes (vitaminas y minerales, necesarios en pequeñas dosis para facilitar el metabolismo).
En el ámbito regulador, la UE distingue entre alimentos “sin gluten” (menos de 20 mg/kg) y “muy bajos en gluten” (menos de 100 mg/kg). Entre los cereales sin gluten se encuentran el arroz, el maíz, la quinoa o el trigo sarraceno, mientras que el trigo, la cebada o el centeno contienen gluten. Por otro lado, los probióticos son microorganismos vivos que aportan beneficios al huésped (como los lactobacilos y bifidobacterias presentes en lácteos y fermentados), mientras que los prebióticos son carbohidratos no digeribles (como la inulina o los fructooligosacáridos) que favorecen el crecimiento de estas bacterias beneficiosas. Ambos actúan de forma complementaria, promoviendo la salud intestinal y el equilibrio de la microbiota.
