La vesícula biliar actúa como reservorio de la bilis, concentrándola y liberándola al duodeno durante la digestión. Su correcto funcionamiento depende del equilibrio entre la producción de bilis, su almacenamiento y su excreción por la vía biliar. La colestasis, interrupción de este flujo, puede deberse a causas intrahepáticas (como hepatitis o enfermedades autoinmunes) o extrahepáticas (como cálculos o tumores). Sus consecuencias incluyen ictericia, prurito y mala absorción de grasas y vitaminas liposolubles. El tratamiento se basa en resolver la causa y aliviar los síntomas.
Las enfermedades litiásicas son las patologías biliares más frecuentes. El cólico biliar es su manifestación típica, con dolor posprandial en hipocondrio derecho. Complicaciones como la coledocolitiasis (obstrucción del colédoco), colecistitis (inflamación de la vesícula) y colangitis (infección de la vía biliar) requieren diagnóstico por imagen y tratamiento escalonado que incluye analgésicos, antibióticos, drenajes (como la CPRE) y cirugía. En el ámbito tumoral, el colangiocarcinoma es una neoplasia agresiva de mal pronóstico que suele presentarse con ictericia progresiva y elevación de marcadores como el CA 19-9. El tratamiento paliativo busca desobstruir la vía biliar y mejorar la calidad de vida, ya que la resección curativa solo es posible en una minoría de casos.
