El abordaje terapéutico del cáncer se define según objetivo (curativo, de control o paliativo) e integra quimioterapia, radioterapia, cirugía, hormonoterapia, inmunoterapia y medicina de precisión. La quimioterapia utiliza citostáticos con acciones específicas o inespecíficas del ciclo celular y se clasifica además por su agresión tisular (no irritantes, irritantes y vesicantes), lo que condiciona la prevención y el manejo de extravasaciones. Su preparación exige entornos y EPI estrictos; la administración debe realizarse por personal entrenado, con selección cuidadosa del acceso venoso y vigilancia continua. La toxicidad se evalúa por momento de aparición (inmediata, precoz, retardada y tardía) y requiere cuidados enfermeros dirigidos a anemia, neutropenia y trombocitopenia. Los reservorios subcutáneos (Port-a-Cath) mejoran el acceso vascular, con técnica aséptica, mantenimiento (lavados, sellado) y vigilancia de complicaciones mecánicas e infecciosas, incluido el “pinch-off”.
La radioterapia puede ser profiláctica, curativa o paliativa; administrarse como neoadyuvante, adyuvante o intraoperatoria; y usar fuentes externa, interna (braquiterapia) o sistémica. Su toxicidad se localiza en el área irradiada (piel, mucosas, médula ósea) y puede acompañarse de efectos sistémicos y tardíos; los cuidados enfermeros incluyen protección cutánea, medidas dietéticas, higiene y precauciones de seguridad en braquiterapia. La cirugía cumple fines diagnósticos, terapéuticos, profilácticos, paliativos o reconstructivos. En tumores hormonosensibles se emplea tratamiento hormonal; la inmunoterapia (anti-CTLA-4/PD-1/PD-L1) ha mejorado supervivencia y control sintomático; y la medicina de precisión combina biomarcadores, terapias dirigidas (p. ej., anti-HER2), estrategias personalizadas (CAR-T), aproximaciones génicas (CRISPR) y biopsia líquida para optimizar diagnóstico, selección terapéutica y monitorización de respuesta y recaída.
