TEMA 1. FACTORES QUE AFECTAN A LA ALIMENTACIÓN RELACIONADOS CON EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO


La desnutrición es una condición multifactorial, existen distintas variables que pueden afectar el estado nutricional de los adultos mayores. Estos factores pueden interferir con la ingesta de alimentos, provocar pérdida de peso, malnutrición y deterioro del sistema inmunológico. Por lo tanto, es importante evaluar y detectar de manera temprana la etiología para llevar a cabo estrategias de prevención y tratamiento precoz del desequilibrio en la alimentación. 

 

1.1. FACTORES FISIOLÓGICOS 

El metabolismo basal es la cantidad mínima de energía que necesita el cuerpo para realizar las funciones metabólicas básicas, como mantener la temperatura corporal, respirar, hacer circular la sangre y mantener el funcionamiento de los órganos internos, estando en reposo y después de un período de ayuno de 12 horas. Esta cantidad de energía se mide en calorías y representa entre el 50-70% del gasto energético total del cuerpo. La disminución del metabolismo basal con la edad se debe principalmente a la pérdida de masa magra y de la masa celular activa, que son las principales consumidoras de energía corporal y tienen la mayor actividad metabólica. Por lo tanto, la pérdida de estas masas resultará en un menor gasto energético.  

La masa magra está relacionada principalmente con los músculos y su disminución con la edad puede deberse a la sarcopenia, es decir, la disminución de la masa muscular y la fuerza que se produce con el envejecimiento. La sarcopenia puede verse influenciada por factores ambientales, especialmente la dieta y la actividad física. Además, a su desarrollo también puede contribuir la aparición de ciertos procesos inflamatorios y el debilitamiento de las conexiones entre nervios y músculos debido al envejecimiento. Se asocia con la debilidad de la edad y la pérdida de funciones físicas, porque puede causar resistencia periférica a la insulina debido a cambios cualitativos y cuantitativos en los receptores musculares, lo que conduce a trastornos metabólicos de los carbohidratos de rápida absorción. Además, la pérdida de masa ósea que acompaña a la pérdida de masa muscular puede contribuir a la osteoporosis, una enfermedad que debilita los huesos y aumenta la probabilidad de fracturas. La osteoporosis es un problema común en los adultos mayores y su riesgo se puede reducir con una ingesta adecuada de calcio y vitamina D y un programa de ejercicio individualizado, por lo que es fundamental implementar estrategias nutricionales adecuadas que eviten la pérdida de músculo esquelético y desnutrición durante el proceso. 

A medida que envejecemos, se producen cambios significativos en la composición corporal, incluido un aumento y redistribución de la masa grasa. En particular, la grasa visceral e intramuscular tiende a aumentar, mientras que la grasa subcutánea disminuye. Este cambio en la distribución de la grasa corporal puede verse influenciado por factores genéticos, ambientales y de estilo de vida. Además, con la edad, disminuye la cantidad de agua corporal total, especialmente agua extracelular. Este cambio puede hacer que el cuerpo sea más susceptible a la deshidratación, especialmente en las personas mayores que a menudo tienen una sensación de sed reducida. En cuanto al metabolismo, la tolerancia a la glucosa disminuye gradualmente con la edad. Varios factores pueden contribuir a este cambio, incluido el aumento de la obesidad, la disminución de la actividad física y la disminución de la secreción de insulina asociada con una disminución de la masa y función de las células beta. Ciertos medicamentos y enfermedades preexistentes también pueden contribuir a la alteración del homeostasis de la glucosa. Finalmente, los cambios relacionados con la edad en el metabolismo de los lípidos pueden conducir a una disminución de la capacidad de oxidación de grasas y a una desregulación del metabolismo de las lipoproteínas. Esto puede provocar un aumento de los lípidos séricos, que puede verse exacerbado por una disminución de los receptores hepáticos de colesterol LDL y una disminución de la actividad de la lipoproteína lipasa. Estos cambios metabólicos pueden verse potenciados por cambios en la composición corporal que conducen a una mayor obesidad. En conclusión, el envejecimiento va acompañado de modificaciones en la composición corporal y el metabolismo, que pueden tener un impacto significativo en la salud. Muchos factores pueden contribuir a estos cambios, incluida la genética, el estilo de vida y ciertas condiciones de salud. Por tanto, es importante abordar estos cambios con medidas adecuadas, como una dieta saludable y actividad física regular. 

1.1.1 Modificaciones en aparatos y sistemas 

  •        Aparato digestivo 

Durante el envejecimiento se producen cambios significativos en el sistema digestivo, incluidos el estómago y los intestinos. 

En el estómago, los cambios funcionales más importantes están relacionados con el aumento del tiempo necesario para la digestión y la atrofia gástrica, que se produce en un 20-50% de los ancianos. En las personas mayores que no padecen atrofia gástrica, se conserva la secreción ácida. Sin embargo, el efecto sobre la absorción de vitamina B12 sólo es evidente en la atrofia gástrica grave. Además, la disminución del pH provocada por la aclorhidria puede reducir la solubilidad del ácido fólico o del hierro en el intestino. Durante el proceso de envejecimiento, el tránsito intestinal se mantiene relativamente estable. Sin embargo, se observan ciertos cambios en la digestión y absorción de los nutrientes. Uno de los cambios más comunes es el aumento de la intolerancia a la lactosa, que es causada por una disminución de la enzima lactasa en la membrana del enterocito. Esta enzima es responsable de descomponer la lactosa, un tipo de azúcar que se encuentra en los productos lácteos, en glucosa y galactosa, que pueden ser absorbidas por el cuerpo. Cuando los niveles de lactasa disminuyen, la lactosa no se descompone adecuadamente, lo que puede provocar síntomas de intolerancia a la lactosa como hambre, diarrea y gases. 

Micronutrientes que se ven afectados por el proceso del envejecimiento:

o   Vitamina B12 (Cianocobalamina):

La absorción intestinal de esta importante vitamina no se ve afectada por la edad. La vitamina B12 es importante para la formación de glóbulos rojos, el funcionamiento del sistema nervioso y la síntesis de ADN. Aunque ciertas enfermedades y medicamentos pueden afectar la absorción de vitamina B12, la edad en sí no parece ser un factor.

o   Vitamina D:

En las personas mayores es un problema común y puede deberse a varios factores. Uno de estos factores es la disminución de la síntesis de vitamina D en la piel, que se produce cuando hay exposición a la luz solar. Otro factor es la reducción de la hidrofilacio de los riñones a 1,25-dihidroxivitamina D, que es la forma activa de vitamina D en el cuerpo. Además, se han observado cambios en la absorción de vitamina D a nivel intestinal en personas mayores.

o   Calcio:

Es un mineral esencial para la salud ósea, la absorción de calcio disminuye con la edad. Puede aumentar el riesgo de osteoporosis y fracturas en las personas mayores. Es importante asegurarse de obtener suficiente calcio, así como de vitamina D, que se pueden incorporar a través de fuentes dietéticas o mediante suplementos. El riesgo de caídas y fracturas se puede reducir con la ingesta diaria recomendada (DRI) de 1200 mg/día de calcio solo, o 1200 mg/día de calcio y 1000 UI/día de vitamina D3. 

 

La función del colon  se conserva a pesar del debilitamiento del peristaltismo y la pérdida de la fuerza de los músculos propulsores, la falta de actividad física puede contribuir a esto.

  • Riñones
    La tasa de filtración glomerular (TFG) se reduce a la mitad entre las edades de 30 y 80 años debido a la disminución de la concentración tubular y la fuerza excretora, lo que hace que las personas mayores sean más susceptibles a la deshidratación.
  • Hígado
    El envejecimiento altera los efectos de los fármacos en las personas mayores, y los cambios tanto en la farmacocinética como en la farmacodinamia hacen que la prescripción de fármacos en ancianos sea un proceso complejo que difiere significativamente del de los adultos jóvenes.
  • Corazón
    A nivel cardiovascular, el envejecimiento normal se asocia con un deterioro de la función, estructura y mecanismos moleculares cardíacos, y se observan cambios en los vasos sanguíneos, con hipertrofia de la pared medial de los vasos y depósitos de calcio que reducen la flexibilidad. Se producen cambios en el endotelio que conducen a un estado procoagulante y alteración de la vasodilatación. Estos cambios pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia cardíaca en los adultos mayores. Sin embargo, muchos de los efectos cardiovasculares del envejecimiento pueden reducirse mediante el ejercicio regular y abordando los factores de riesgo modificables como la presión arterial alta, el colesterol, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo. 

 

1.1.2 Limitaciones sensoriales 

  • Olfato y gusto
    El porcentaje de personas mayores con problemas de olfato es del 8% aproximadamente en el total de la población mayor de 65 años. La alteración en la percepción de los olores reduce el disfrute de la comida. El sentido del olfato está relacionado con el apetito y suele ser el desencadenante que inicia la secreción de enzimas digestivas y la absorción de nutrientes. Las personas mayores con un umbral olfativo más alto valoran menos las propiedades sensoriales de los alimentos. 

Cuando nos centramos en personas mayores que tengan problemas con el gusto los porcentajes se reducen. En este caso, solo un 4% de la población encuestada manifiesta tener limitaciones.

Compensar la pérdida del gusto y el olfato con productos que potencien el sabor de los alimentos puede aumentar la salivación, mejorar la absorción, la inmunidad y reducir las molestias quimio sensoriales tanto en ancianos sanos como enfermos.

Los cambios en el gusto y el olfato anteriormente mencionados pueden afectar al apetito y a la elección de los alimentos. Estos cambios se deben a la disminución del número de papilas gustativas y receptores del olfato asociados con el envejecimiento. Las personas mayores pueden experimentar una disminución en la percepción de los sabores salados y un aumento en la percepción de los sabores dulces. Esta pérdida del gusto puede verse agravada por la desnutrición, principalmente por deficiencia de zinc. 

  • Vista
    Afectar la percepción de los alimentos y la capacidad para prepararlos y consumirlos. Las personas de edad avanzada y con discapacidad visual que viven en centros y los que están hospitalizados tienen un alto riesgo de desnutrición. Los diabéticos de edad avanzada con déficit visual grave tienen más probabilidades de presentar déficits nutricionales que aquellos sin discapacidad. Estos grupos de personas tienen un elevado riesgo de tener un índice de masa corporal (IMC) más bajo, lo que aumenta la prevalencia de la desnutrición. Además, se descubrió que la inseguridad alimentaria estaba asociada con una peor visión de lejos y de cerca en adultos mayores de 50 años. Para abordar estas cuestiones, es importante evaluar el estado nutricional de las personas con problemas visuales y proporcionar intervenciones nutricionales personalizadas Es importante garantizar que se los ancianos dispongan de dispositivos que ayuden a realizar las actividades instrumentales tales como manipular los cubiertos o llevarse la comida a la boca. La discapacidad visual puede contribuir a una tendencia hacia el aislamiento social, lo que afecta la capacidad de participar en actividades como comprar y preparar alimentos. Todo ello favorece una dieta poco variada y a ingerir alimentos que requieren poca preparación, que resultan monótonos y en ocasiones insípidos.

 

1.1.3 Modificaciones en la masticación 

Según el Estudio Fontactiv (2022) el 14% aproximadamente de la población mayor tiene problemas para masticar bien (1.3 millones de personas), sobre todo a partir de los 75 años (785 mil personas). Los porcentajes, en este caso, son similares para hombres y mujeres, aunque el porcentaje de hombres que tienen problemas para masticar bien aumenta en prácticamente 10 puntos cuando cambiamos de intervalo de edad. Cuando a hombres y mujeres se les pregunta por el tipo de productos que más dificultad les genera, es la carne la que obtiene mayor porcentaje de respuesta. Aproximadamente un 25% de la población mayor de 65 años hierve mucho la comida para que esté blanda, esto genera una pérdida importante de micronutrientes que genera carencias en la dieta. 

La dificultad para masticar debido a la falta de dientes o al mal estado dental es un problema común entre los adultos mayores, afectando hasta al 50% de ellos. Las dentaduras postizas inadecuadas o la falta de dientes también pueden causar problemas al masticar, como consecuencia se evitan ciertos alimentos como la carne, las frutas y verduras crudas y el pan. Estos problemas pueden provocar una ingesta inadecuada de nutrientes y desnutrición. Mantener una buena salud dental, (incluidos controles dentales regulares y periodontales), además de una higiene bucal adecuada y un tratamiento rápido del dolor o los problemas, es esencial para controlar las dificultades para masticar.

 Entre los consejos para modificar los alimentos para que sean más fáciles de comer se incluyen cocinar las verduras en lugar de comerlas crudas, agregar salsas y elegir frutas como plátanos, cítricos o puré de manzana. También puede ser útil cocinar pollo o diferentes tipos de carne a fuego lento para aumentar la ternura y cortarlos en trozos pequeños antes de comerlos. Beber con las comidas, comer despacio y masticar los alimentos también puede ayudar a tragar. No es de extrañar que haya muchas personas mayores que tengan que llevar una dieta modificada, y las dietas trituradas resultan monótonas y en ocasiones no aportan suficiente valor nutricional, o lo que es lo mismo son nutricionalmente deficientes.

 La disminución de la producción de saliva y su aumento de viscosidad contribuyen a la sequedad de boca, lo que dificulta la formación del bolo alimenticio. Hasta el 70% de la población sufre más o menos xerostomía. Debido a factores como la presencia de polifarmacia por la extensa pluripatología, encontramos que el uso de determinados fármacos y diversas enfermedades aumentan la sequedad bucal y conllevan riesgo nutricional.

 

1.2. FACTORES PSICOSOCIALES

El proceso de envejecimiento se ve condicionado por diversos factores psicosociales que afectan su estado nutricional. Algunos de estos factores incluyen pobreza, recursos limitados, malos hábitos alimentarios, estilo de vida, sentimientos de soledad, depresión, ansiedad y anorexia debido a trastornos alimentarios o enfermedades crónicas que pueden conducir a una mala nutrición.

 

1.2.1. Factores sociodemográficos.

Diversos autores constatan que la edad avanzada, el no tener pareja estable, la viudedad, ser mujer y tener ≥ 85 años y no poseer estudios, se asocian de forma independiente al riesgo nutricional en los adultos mayores.

  • Viudez
    El estado de salud tiende a ser mejor para las personas casadas y solteras (frente a las viudas y separadas), para aquellas que conviven en el hogar con una o más personas, para las que presentan niveles de estudios secundarios y superiores, y para las que gozan de mayores niveles de ingresos netos mensuales en sus hogares.

    En los mayores este estado puede provocar soledad, aislamiento y síntomas de depresión. De igual manera, vivir solo afecta a la motivación interna de las personas mayores viéndose alterada la calidad de su dieta. Se sabe que un número insuficiente de comidas al día y la falta de determinados grupos de alimentos en la dieta de las personas mayores,son indicadores predictores de un estado nutricional deficiente, causando que los adultos mayores estén desnutridos o con sobrepeso. Factores de riesgo como el estrés, la ansiedad y finalmente el sedentarismo que sufre la población que envejece, deriva en un consumo de alimentos inadecuados para mantener la salud. 
  • Economía
    La falta de ingresos económicos es otro factor que afecta el estado nutricional de los adultos mayores, ya que puede amenazar la seguridad alimentaria por la falta de recursos para comprar alimentos. Los bajos ingresos están asociados al riesgo de sufrir desnutrición o presentar malnutrición real, especialmente los ingresos inferiores a la pensión mínima contributiva. La falta de recursos puede limitar la disponibilidad de alimentos saludables y variados, lo que no garantiza que la dieta sea segura y de calidad en la que estén incluidos los grupos de alimentos que cubren los requerimientos necesarios.

 

1.2.2. Factores Psicológicos.

La depresión, el duelo y la demencia son factores psicológicos que pueden afectar la dieta de las personas mayores. La pérdida de apetito es uno de los síntomas más comunes en la depresión. Este desequilibrio anímico provoca una disminución en la actividad física, un mayor aislamiento, la pérdida del sentimiento de pertenencia, las ganas de participar en reuniones en torno a la comida y la motivación para cocinar en soledad. Se han documentado cambios en los niveles de ciertos neurotransmisores, como la noradrenalina, en la depresión, pudiendo este fenómeno afectar el apetito. 

  • Depresión
    Es una enfermedad común en personas mayores y la dieta puede desempeñar un papel importante en la aparición y/o desarrollo de trastornos del estado de ánimo. Según el estudio llevado a cabo en la comunidad de Madrid al asociar riesgo de desnutrición y capacidad afectiva en personas de edad avanzada institucionalizadas La prevalencia de depresión fue del 42,7% y el riesgo de desnutrición fue del 54,4%. El 38,2% de la población presentaba síntomas de depresión y desnutrición al mismo tiempo. 
  • Duelo
    La pérdida de una pareja o de un ser querido deriva en el duelo, lo que puede afectar a la elaboración de los alimentos para que la dieta sea adecuada. La falta de motivación puede ser provocada por muchos acontecimientos, como la falta de un compañero de vida, la monotonía, la inactividad etc. Probablemente este sea el principal motivo que obliga a hacer menos ingestas de las cinco comidas recomendadas. Es el caso de muchos hombres, ya sea por desconocimiento de cómo preparar adecuadamente los alimentos o por apatía, reduciéndose también los nutrientes que se deben de incorporar en la dieta. Cuando enviudan se pierde interés por cocinar y comer, de manera que puede ser útil socializar con amigos. La educación nutricional debe abordar simultáneamente conocimientos y habilidades relacionados con el consumo y la adquisición de alimentos.  Utilizando como motivación el refuerzo positivo que vincule una alimentación saludable con una mejor calidad de vida se conseguirá mayor independencia y una mejora en el equilibrio del estado nutricional. 
  •  Soledad
    La pandemia de COVID-19 ha aumentado el número de personas que conviven con alguien que se siente solo, afectando su salud mental y reduciendo su calidad de vida. Los estudios muestran que del 27,3% de las personas que viven solas, el 30,4% se sienten solas. En los datos obtenidos se observan factores  cómo las relaciones sociales insatisfactorias, el riesgo social o problemas sociales que están relacionados con las variables vivir solo y soledad y como afectan al estado nutricional de los sujetos mayores. Cada vez es más evidente la “Soledad no deseada” que por falta de recursos sociales se ve en esta situación y repercute en estados carenciales en cuanto a la ingesta recomendada, con mayor impacto en el riesgo de desnutrición. La falta de compañía y apoyo social puede disminuir el interés por la alimentación.

    Por otra parte, los adultos mayores que comen en presencia de otras personas consumen más alimentos que los que comen solos. La soledad y el aislamiento social de las personas mayores son amenazas graves a la salud pública que afectan a muchas personas en los Estados Unidos. Según datos obtenidos en el Estudio Fontactiv.

    Aunque prácticamente 2/3 de la población mayor de 65 años declara no comer solo ningún día a la semana, un elevado porcentaje de personas comen solas todos los días, cercano al 19% (al que podríamos adicionar el 6% aproximadamente de personas que comen solas 5 o 6 días a la semana), porcentajes que se incrementan significativamente a partir de los 75 años, y sobre todo para las mujeres.

    El aislamiento social y la soledad se han asociado con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, deterioro cognitivo y demencia, afecciones psiquiátricas como depresión y trastornos de ansiedad, y mortalidad en general. Es importante entender que la soledad puede presentarse a cualquier edad, aunque estudios epidemiológicos demuestran que está relacionada con la edad.

    Se ha descrito que varios factores contribuyen a la soledad en las personas mayores, como la viudez, la pérdida de amigos, los cambios fisiológicos, los problemas de salud y la reducción de la actividad social. También se describe la perspectiva social y de género, donde este sentimiento se presenta con mayor frecuencia en mujeres y en estratos socioeconómicos bajos. En este sentido, se necesita una comprensión holística del problema de la soledad y el desarrollo de intervenciones.

    Los mayores manifiestan que la relación con amigos o vecinos es menos frecuente que con la familia. Las relaciones con la familia son frecuentes entre la población mayor de 65 años, lo que sin embargo no implica que no tengan sensación de soledad en algunos casos.

    Un 34% de la población mayor de 65 años que manifiesta sentirse sola no tiene la rutina de salir a andar cada día. Los porcentajes de nuevo más preocupantes los encontramos para las mujeres mayores de 75 años que se sienten solas, donde prácticamente un 42% indica no salir a andar para hacer ejercicio físico.

    Los comportamientos y hábitos durante las comidas son claramente peores en el colectivo de personas que declaran sentirse solas. Es más elevado el porcentaje de personas que no tienen el apetito regulado, que no disfrutan comiendo, que comen por obligación, que se sacian muy rápidamente y que dejan comida en el plato de forma habitual y  todo ello, de forma más acusada para las mujeres, sobre todo las de mayor edad. 
  • Demencia
    Los pacientes con demencia pueden no estar interesados ​​en la comida, no recordar si ya han comido y no reconocer la necesidad de alimentarse. En el caso de quienes terminan en diferentes instituciones, el tiempo dedicado a ayudar al personal con la alimentación suele ser menor que el de las personas que viven en casa con familiares/cuidadores.

 

1. 3. FACTORES AMBIENTALES

Para mantener una nutrición adecuada y una buena alimentación durante el envejecimiento, es recomendable protegerse adecuadamente del sol y utilizar cosméticos que contengan activos antioxidantes y anticontaminantes para proteger y reparar el daño de estas radiaciones en la piel, reducir al máximo el nivel de estrés y dormir ocho horas al día. El apoyo nutricional es importante para mejorar la esperanza y calidad de vida de las personas mayores. 

 

1.4. FACTORES FACILITADORES DE LA DEPENDENCIA 

Un mal estado nutricional se asocia con una mayor dependencia y discapacidad, lo que lleva a mayores limitaciones de movilidad que impiden el correcto funcionamiento para las actividades básicas de la vida diaria (ABVD). El cambio en el equilibrio y el movimiento predice discapacidad en las personas mayores, lo que afecta la calidad de vida a través de una capacidad funcional reducida y crea una carga significativa para los cuidadores y el sistema sanitario. Según el Estudio Fontactiv llevado a cabo en Barcelona (2022) referente al papel de la nutrición en el envejecimiento activo de la población entre los 65 y 74 años de edad, solo el 7.6% aproximadamente de la población española padece limitaciones para realizar las ABVD, el porcentaje aumenta al 30% en el intervalo de 75 y más años. Por sexos, el porcentaje es claramente superior en el caso de las mujeres, en ambos intervalos de edad, pero sobre todo a partir de los 74 años, doblando en porcentaje al de los hombres, dentro de la población con discapacidades para realizar las ABVD. Aproximadamente 2/3 tienen problemas para hacer una actividad tan necesaria en la alimentación y nutrición como es ir a comprar. Además, casi un 9% de la población mayor de 65 años en España manifiesta dificultades para hacer la compra porque su vivienda tiene problemas de accesibilidad , esto a su vez se traduce también en dificultades para ingerir dietas saludables, se podría decir que es un predictor importante de ingesta insuficiente de la mayoría de los micro y macronutrientes. La dependencia para la realización de actividades instrumentales más complejas comienza a aparecer antes, en comparación con la aparición de la dificultad para realizar la ABVD.

El mayor que no puede satisfacer su autocuidado de alimentación, genera una mayor demanda de atención por parte de los cuidadores, necesita de un entorno adaptado, así como la atención para continuar con la participación mínima en tareas básicas, como la supervisión durante la comida, apertura de la boca y la deglución.

Los alimentos fáciles de masticar y preparar son los más consumidos, lo que a menudo conduce a dietas poco saludables y carentes de proteínas y nutrientes como calcio, vitaminas y hierro. Consumir este tipo de dieta hace que se perciba como monótona, reduciendo el consumo de alimentos frescos y donde faltan micronutrientes como antioxidantes y vitaminas. Una nutrición inadecuada y desequilibrada se asocia con un peor rendimiento físico, una reducción de la fuerza muscular y de la capacidad funcional. 

El bajo consumo de proteínas puede conducir a una pérdida de masa muscular, lo que reduce la autonomía en la realización de actividades, lo que significa una alta prevalencia de debilidad, que a su vez se asocia con un alto riesgo de deterioro físico y funcional, discapacidad y muerte. La escasa ingesta de antioxidantes y de beta-carotenos conlleva a un deterioro severo de la marcha. Hay evidencia de la influencia de ingestas de selenio, vitamina B6 y vitamina B12 por debajo de los requerimientos diarios con la aparición de discapacidad sobre todo en mujeres, también juegan un papel importante en la disminución de la función cognitiva, la malnutrición y la dependencia para realizar las actividades básicas de la vida diaria(DABVD) estrechamente relacionadas con la alimentación. 

En la fase aguda de la enfermedad aumentan los requerimientos de consumo de energía y proteínas. En estados anoréxicos, los alimentos deben estar enriquecidos y la dieta se recomienda que sea hiperproteica e hipercalórica. La anorexia aparece en este contexto, coincidiendo y asociada a una serie de factores negativos que afectan a la salud y el funcionamiento general. La anorexia relacionada con el envejecimiento afecta aproximadamente al 25% de los hombres y al 30% de las mujeres y sigue estando infradiagnosticada y infratratada. El programa de comida elaborada a domicilio se encuentra poco desarrollado y difundido siendo una  buena estrategias que garantiza la ingesta de nutrientes diarios. 

A la hora de establecer un diagnóstico de desnutrición entre los criterios a tener en cuenta, se encuentra la pérdida de peso no intencionada. Conocer el entorno, los domicilios (revisar armarios en donde se almacenan los alimentos, los frigoríficos de los mayores que viven solos en los domicilios) aporta mucha información al respecto. El registro de las caídas sufridas en periodos inferiores a 6 meses se debe registrar ya que nos aportará información para valorar la etiología y corregirla de la forma más adecuada. Estas situaciones están estrechamente relacionadas con la aparición de fragilidad en las personas mayores. 

Autonomía

Los adultos mayores autónomos y no institucionalizados son un grupo que si bien no suelen presentar  desnutrición, sí tienen un mayor riesgo de desnutrición. Detectar problemas nutricionales en esta población aparentemente sana, supone un reto para los profesionales de la salud debido a la dificultad de que muchos de ellos no acuden periódicamente a los centros de salud. El desarrollo de protocolos basados ​​en estrategias de detección temprana mediante la identificación de factores asociados a problemas nutricionales puede ayudar a identificarlos. Los factores asociados al riesgo nutricional en adultos mayores independientes no institucionalizados incluyen edad avanzada, sexo femenino, presencia de enfermedades crónicas, cuidados múltiples, disfagia, depresión, soledad y aislamiento social. Los hábitos alimentarios y el estilo de vida inadecuados son factores que inciden negativamente en la nutrición de las personas mayores. Los adultos mayores pueden tener dificultades para preparar comidas saludables o tener preferencias alimentarias poco saludables. El sedentarismo y la falta de ejercicio también afectan negativamente a la situación nutricional. Es necesario mejorar el apoyo tanto familiar como institucional para abordar todos estos factores ambientales y mejorar la nutrición de los adultos mayores. 

Se pueden considerar las siguientes recomendaciones: 

  • Promover la educación nutricional: Es importante que los adultos mayores reciban información sobre nutrición y hábitos alimentarios saludables.
  • Fomentar la actividad física: mejorará el apetito, el descanso y la salud en general.
  • Proporcionar apoyo social: la compañía y el apoyo social pueden mejorar el interés por la alimentación y la calidad de vida.
  • Identificar y tratar la depresión:  para evitar que se pueda reducir el apetito.
  • Proporcionar alimentos nutritivos y variados. Es importante que los adultos mayores tengan acceso a estos los grupos de alimentos, incluso si tienen limitaciones económicas o de cualquier tipo de recursos.
  • Adaptar la dieta a las necesidades individuales: teniendo en cuenta las preferencias dietéticas, gustos, sabores y a las diferentes patologías que presenten.
  • Identificar y tratar los problemas de salud. 

 

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