​TEMA 4. EDADISMO


4.1. DEFINICIÓN Y TIPOS DE EDADISMO 

Cada 15 de junio desde 2006, se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez. Dicho día tiene sus raíces en una iniciativa de la Asociación Internacional de Gerontología y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este día se estableció con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre el abuso y maltrato que afecta a las personas mayores en todo el mundo. La OMS, publicó un informe resultante de extensas consultas: "Abordar el abuso contra las personas mayores: cinco prioridades para el Decenio de las Naciones Unidas para el Envejecimiento Saludable (‎2021-2030)” en el que destaca cinco prioridades. Entre ellas, subraya la lucha contra el edadismo, reconocida como un factor de riesgo significativo para el maltrato y como una de las razones principales de la falta de atención global a este problema.

Pero ¿qué es el edadismo?  El término "edadismo" o "ageism" fue acuñado por el destacado gerontólogo y psiquiatra estadounidense Robert N. Butler (1927-2010). El término "edadismo" hace referencia a la discriminación y estigmatización basada en la edad, una práctica que impacta a las personas mayores al socavar sus derechos y dignidad.

Infografía: El edadismo. Campaña Mundial contra el Edadismo.

Aunque el fenómeno existía mucho antes de la introducción del término en 1969, Butler buscó equiparar la lucha contra la discriminación por edad con la lucha contra el racismo y el sexismo, utilizando términos más reconocibles y efectivos. "Edadismo" es preferido por su claridad frente a "gerontofobia", que se refiere al miedo patológico al envejecimiento y puede funcionar como sinónimo de edadismo. 

Butler, en la formulación inicial del término "edadismo", subraya que el prejuicio relacionado con la edad puede manifestarse en diversas direcciones, incluyendo el prejuicio de los mayores hacia los jóvenes o viceversa. En esencia, el edadismo representa un profundo desorden psicológico caracterizado por el prejuicio institucional e individual contra las personas mayores, que se manifiesta a través de estereotipos, mitos, desaprobación y evitación. Este enfoque amplio busca abordar y rectificar las percepciones negativas arraigadas en torno al envejecimiento y las personas mayores. 

Butler, dedicó su carrera a investigar de manera fundamental los aspectos relacionados con el envejecimiento y la vejez. Abogó, a lo largo de su trayectoria por políticas y prácticas que mejoraran la calidad de vida de los adultos mayores, destacando la importancia de una atención médica centrada en el paciente y adoptando un enfoque gerontológico para comprender de manera integral las necesidades de este grupo demográfico. Su legado, incluye la fundación del Instituto Internacional de Longevidad y su papel como el primer director del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (NIH). 

Otro destacado y reconocido con numerosos premios, el gerontólogo estadounidense Erdman Ballagh Palmore, que junto al mencionado anteriormente Robert N. Butler, realizaron valiosas contribuciones al estudio del envejecimiento y la vejez. Palmore, destacó por sus estudios exhaustivos sobre salud, calidad de vida, discriminación y estereotipos asociados a la vejez, contribuyendo al desarrollo de instrumentos de medición para evaluar diversos aspectos del envejecimiento.                                                                                   

Este fenómeno, según señalan las autoras Soledad de Lemus y Francisca Expósito en su artículo "Edadismo y perspectiva de género", se posiciona como el "tercer istmo" de la sociedad actual.

La literatura aborda el edadismo como un concepto polifacético que involucra tres dimensiones distintas:

  • Cognitiva (estereotipos): Esta dimensión se refiere a la forma de pensar y a los estereotipos que se tienen sobre las personas debido a su edad:
    o   Fragilidad física: La creencia generalizada de que todas las personas mayores son básicamente frágiles y necesitan asistencia constante.
    o   Declive cognitivo: Asociando la edad avanzada con la pérdida de capacidades cognitivas.
    o   Dependencia económica: Estereotipar e ignorar la contribución activa al ámbito laboral y económico.
    o   Resistencia al cambio: Suponer que son reacias al cambio ya la adopción de nuevas tecnologías, sin considerar las actitudes y adaptabilidad.
    o   Homogeneidad: Asumir que todas las personas mayores comparten los mismos gustos, intereses o valores.
  • Afectiva (prejuicio): El prejuicio se traduce en actitudes negativas que influyen en sus interacciones sociales y calidad de vida. Algunos ejemplos con esta dimensión serian:
    o   Inutilidad percibida: Desarrollar actitudes que consideren a las personas mayores como inútiles o irrelevantes para la sociedad, ignorando sus contribuciones continuas y su experiencia acumulada.
    o   Menor capacidad de aprendizaje: Asumir que las personas mayores tienen una capacidad de aprendizaje limitada o que son menos capaces de adquirir nuevas habilidades.
    o   Resistencia a la participación social: Creer que las personas mayores no tienen interés en participar en actividades sociales o comunitarias, perpetuando la exclusión y el aislamiento.
    o   Desinterés en el desarrollo personal: Suponer que las personas mayores no están aceptadas en el crecimiento personal, el aprendizaje continuo o la exploración de nuevas pasiones, lo cual es una generalización injusta.
    o   Menor atractivo físico: Sostener la idea de que la belleza y el atractivo físico disminuyen con la edad, contribuyendo a la discriminación basada en la apariencia.Ç

  • Conductual (discriminación): La manifestación de prácticas discriminatorias hacia las personas mayores, que se traducen en exclusiones, tratos desfavorables o limitación de oportunidades basadas en la edad:
    o   Exclusión laboral: No contratar a personas mayores basándose únicamente en su edad, ignorando sus habilidades, experiencia y capacidad para contribuir al ámbito laboral.
    o   Acceso limitado a servicios de salud: Negar o limitar el acceso de las personas mayores a servicios de salud adecuados, asumiendo que ciertos tratamientos o intervenciones no son necesarios debido a su edad (Protocolos Covid- 19).
    o   Estigmatización en el ámbito social: Marginar a las personas mayores en entornos sociales, como eventos comunitarios o actividades recreativas, debido a estereotipos y prejuicios relacionados con la edad.
    o   Desigualdad en la educación: Restringir oportunidades educativas para adultos mayores, como acceso a programas de educación continua o desarrollo profesional, analizando en percepciones erróneas sobre sus capacidades.
    o   Aislamiento institucional: Colocar a personas mayores en entornos institucionales de manera innecesaria o sin considerar alternativas comunitarias, contribuyendo a su aislamiento y pérdida de autonomía.
    o   Negación de servicios financieros: Denegar la obtención de préstamos, seguros u otros servicios financieros a personas mayores calculadas únicamente en la edad, sin evaluar su solvencia financiera. 

 

Dimensiones del edadismo

Aunque el edadismo suele centrarse en las personas de edad avanzada, su alcance no se limita exclusivamente a este grupo etario. También impacta a individuos jóvenes, convirtiéndolos en blanco de los mismos prejuicios y discriminación relacionados con la edad que inicialmente afectan a las personas mayores, lo que pone de manifiesto la persistente influencia de estereotipos y discriminación vinculadas a la edad a lo largo de diversas etapas de la vida. 

A lo largo de la historia y en diferentes culturas, la percepción de la edad ha variado significativamente. La edad, en muchos contextos, se ha considerado principalmente en su aspecto cuantitativo, cronológico y biológico. En muchas culturas, el envejecimiento ha sido, y continúa siendo, sinónimo de perfeccionamiento y plenitud, marcando la época óptima para asumir responsabilidades elevadas. No obstante, en contraste, existen culturas donde la vejez se percibe como una decadencia, dando origen a mitos y estereotipos asociados con la llegada a una determinada edad. Estos mitos no solo afectan a la percepción social de la vejez, sino que también impactan la identidad personal de las personas mayores, influyendo en su bienestar emocional y social. 

En este contexto, se distinguen distintos tipos de edadismo, y su impacto:

  • Edadismo en el ámbito laboral: La discriminación basada en la edad no solo acarrea consecuencias inmediatas, sino que también deja huellas profundas en la vida de aquellos que han sido víctimas de esta forma de discriminación. Las personas que han experimentado edadismo previamente enfrentan repercusiones significativas que afectan tanto su bienestar psicológico como su salud a largo plazo. Desde un punto de vista psicológico, estas consecuencias pueden manifestarse de diversas maneras, entre las que se incluyen:
    o   Baja autoestima: La sensación de menosprecio o ignorancia debido a la edad puede minar la confianza en uno mismo, generando un sentimiento de marginación persistente. Esta baja autoestima puede perdurar incluso después de abandonar el entorno laboral donde se experimentó la discriminación.
    o   Ansiedad: La experiencia de ser discriminado por la edad puede generar ansiedad, ya sea anticipando situaciones similares en el futuro o como resultado directo de la discriminación experimentada.
    o   Depresión: La sensación constante de ser menospreciado debido a la edad puede contribuir al desarrollo de la depresión. La carga emocional asociada con la discriminación persistente puede tener efectos duraderos en la salud mental. 

Estos impactos psicológicos no solo afectan el bienestar emocional de la persona en el momento de la discriminación, sino que también pueden dejar secuelas a largo plazo, afectando negativamente la calidad de vida durante la jubilación. 

  • Edadismo en el ámbito social: Las estructuras sociales influyen en cómo se percibe y trata a las personas mayores. Desde un punto de vista antropológico, las creencias culturales dan forma a nuestras actitudes hacia el envejecimiento, creando estereotipos que marginan a los adultos mayores. Estas actitudes arraigadas perpetúan la discriminación, ya que la sociedad, al no cuestionar estos estereotipos, contribuye a la exclusión de los mayores en diferentes áreas de la vida.
  • Edadismo en el ámbito de la salud:  El edadismo genera inconvenientes en el acceso a servicios y tratamientos de salud, donde la edad determina quién recibe cuidados y quien no. En un estudio previo a la COVID-19 con más de 9,000 pacientes, se observó que los profesionales de la salud eran más propensos a no aplicar tratamientos vitales a pacientes mayores (1). Esto resulta en atención insuficiente, menor supervivencia, peor calidad de vida, y aumento de problemas cognitivos y funcionales, además de incumplimiento de tratamientos y hospitalizaciones. Durante la COVID-19, la restricción de la atención crítica basada en la edad se volvió evidente, exacerbando los desafíos ya existentes debido al edadismo en el ámbito de la salud (2).
  • Edadismo en el ámbito familiar: El edadismo en el ámbito familiar se manifiesta a través de estereotipos que perciben a las personas mayores como frágiles, dependientes o mentalmente menos “sagaces”. Estos prejuicios pueden resultar en una sobreprotección por parte de los familiares, limitando la autonomía y la toma de decisiones de las personas mayores. Además, estos mismos a veces son excluidos de decisiones familiares importantes bajo la suposición errónea de que no comprenden completamente la situación o no pueden contribuir de manera significativa.
  • Edadismo en el ámbito comunitario: Este tipo de edadismo afecta negativamente la calidad de vida de las personas mayores al limitar su participación en actividades comunitarias y su acceso a recursos (3). Romper con estos estereotipos es crucial para construir comunidades inclusivas que valoren y aprovechen la diversidad de experiencias y habilidades de todas las edades promoviendo así un ambiente en el que cada individuo, independientemente de su edad, se sienta valorado y parte integral del tejido. social.
  • Edadismo en el ámbito institucional: Se manifiesta en leyes, prácticas y políticas institucionales. El edadismo institucional arraigado en estructuras perpetúa estereotipos basados en la edad. Las instituciones, al establecer reglas discriminatorias, marginan a los mayores en sectores como el laboral, educativo y de la salud. Es esencial sensibilizar a las instituciones para crear entornos inclusivos, modificar normativas que perpetúen la discriminación y promover políticas que fomenten la equidad y el respeto hacia las personas mayores. En residencias, políticas inflexibles, como horarios rígidos, pueden afectar la autonomía y dignidad de los residentes.

 

Edadismo

Según un informe de las Naciones Unidas sobre el edadismo, se calcula que una de cada dos personas en el mundo tiene actitudes edadistas.Imagen: Dall-E. 

Fuera de los distintos tipos de edadismo previamente mencionados, que, a su vez, forman parte de todas las formas más comunes de edadismo, podemos destacar: 

  • Infantilización: Consiste en expresarse utilizando habitualmente diminutivos, como "viejito" o "abuelito", al referirse a las personas, o al emplear diminutivos con sus nombres. También se observa el uso de posesivos, como "nuestros mayores" o "nuestros abuelos", para resaltar el vínculo afectuoso con la persona mencionada.
  • Despersonalización: Implica tratar a todas las personas mayores de manera homogénea, utilizando términos edadistas que despersonalizan, como "los jubilados", "los pensionistas", "los viejos", o el más arraigado en el ámbito sociosanitario, "los abuelos".
  • Deshumanización: Ocurre cuando se pierde la empatía en el trato con las personas mayores, no fomentando su autonomía, no respetando su privacidad y no permitiendo su participación en la toma de decisiones. Utilizar términos deshumanizadores como "carca" y "trasto" contribuye a este fenómeno.

Es esencial utilizar expresiones adecuadas al referirse a las personas mayores y dirigirse a ellas. Según la psicóloga Montserrat Celdrán, experta en Psicología del Envejecimiento, este enfoque es resultado de un riguroso proceso de recopilación y selección de palabras y expresiones edadistas (4).

 

4.2 EDADISMO EN LA SOCIEDAD

La problemática del edadismo, caracterizada por prejuicios y discriminación asociados con la edad, se ha convertido en un desafío significativo en nuestra sociedad actual. Este fenómeno afecta a personas en diversas etapas de la vida y ha impulsado la promulgación de la Ley 15/2022, de 12 de julio, integral para la igualdad de trato y la no discriminación en España. Esta legislación, notable por su enfoque pionero, aborda de manera específica la discriminación por edad, estableciendo una capa de protección legal para contrarrestar actitudes discriminatorias.

Al fundamentarse en el principio de igualdad consagrado en el artículo 14 de la Constitución, que proclama que "los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social", la ley incorpora expresamente la edad como motivo de discriminación, junto con otros factores reconocidos por su especial relevancia social.

Previamente a esta normativa, varias Comunidades Autónomas ya habían establecido legislación relacionada con la atención y protección de las personas mayores. Esta perspectiva asistencialista se basa en la construcción social de la vejez como una etapa de vulnerabilidad. El envejecimiento, intrínsecamente vinculado al transcurso del tiempo, no solo conlleva cambios fisiológicos, sino que también incide en la dinámica de las relaciones sociales y en la salud mental de las personas mayores. Además, está influenciado por el edadismo, un fenómeno complejo que se manifiesta en dos dimensiones cruciales:

  • Vertiente Ideológica y Representativa del Edadismo:
    La vertiente ideológica y representativa del edadismo constituye un aspecto crucial en la percepción y trato de la sociedad hacia las personas mayores. La manera en que se construyen y perpetúan las ideas y representaciones sobre la vejez y los adultos mayores influye significativamente en la forma en que son tratados. Estas representaciones a menudo refuerzan estereotipos negativos y actitudes discriminatorias hacia las personas mayores. Por ejemplo, en los medios de comunicación, pueden ser retratados como individuos frágiles, dependientes o desconectados de la sociedad moderna.

    Estos estereotipos pueden tener consecuencias tangibles, como la exclusión de ciertos programas o beneficios sociales, así como la falta de aprecio y respeto hacia las personas mayores a nivel individual.
    Las representaciones negativas contribuyen a la marginación, afectando tanto su participación social como su bienestar emocional. En este contexto, las personas mayores pueden experimentar sentimientos de aislamiento, falta de valoración o ser ignoradas por la sociedad en general. El impacto de estas representaciones refuerza la importancia de abordar y cambiar las percepciones negativas asociadas con la vejez para promover una sociedad más inclusiva y respetuosa.

 

Edadismo: Aspecto ideológico y representativo

  • Vertiente Práctica y Conductual del Edadismo: Esta dimensión se manifiesta en el día a día a través de interacciones donde las personas adoptan comportamientos basados en prejuicios arraigados hacia la edad. Estos comportamientos conducen a la discriminación en las interacciones con las personas mayores y a la negación de oportunidades simplemente debido a su edad. Estas prácticas discriminatorias no solo se limitan a las interacciones individuales, sino que también se normalizan en la sociedad, influyendo en políticas, actitudes mediáticas y prácticas culturales.

    Esta vertiente práctica y conductual del edadismo destaca cómo los prejuicios se traducen en acciones concretas, afectando la calidad de vida de las personas mayores. Desde decisiones cotidianas hasta políticas institucionales, la discriminación basada en la edad puede manifestarse de diversas maneras, limitando el acceso a oportunidades y perpetuando la exclusión. Abordar esta dimensión implica no solo concienciar sobre los prejuicios arraigados, sino también implementar cambios a nivel estructural y cultural para promover la igualdad de oportunidades y el trato justo para todas las edades.

 

Edadismo: aspecto práctico y conductual. 

Al abordar estas dos vertientes del edadismo, no solo reconocemos su impacto en las personas mayores, sino que también se trabaja hacia una sociedad que valora y respeta a todas las generaciones, en consonancia con los principios de la Agenda 2030. 

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, según el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, constituye un plan de acción integral que aborda diversos aspectos, desde el bienestar de las personas hasta la protección del medio ambiente y la promoción de la prosperidad. Este enfoque va más allá de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, predecesores de la Agenda 2030, y destaca la importancia de incorporar a las personas mayores en la implementación y seguimiento de estos objetivos desde una perspectiva de derechos humanos. 

A lo largo de la historia, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han evolucionado como un marco global para abordar desafíos cruciales que enfrenta la humanidad. Inicialmente establecidos en el año 2000 como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la Agenda 2030 representa una expansión y mejora significativa de este marco, reconociendo la necesidad de abordar no solo la pobreza extrema, sino también cuestiones medioambientales, desigualdades y el acceso a la justicia. 

En el contexto de las personas mayores, la Agenda 2030 se destaca por su compromiso de "no dejar a nadie atrás", reconociendo la importancia de incluir a las personas mayores en la búsqueda de igualdad para todas las personas. 

Este compromiso se alinea directamente con los principios de derechos humanos, garantizando que las personas mayores desempeñen un papel activo en la sociedad y que se respeten y promuevan sus derechos fundamentales. Dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, diversas metas e indicadores abordan directa o indirectamente la situación y el bienestar de las personas mayores. Por ejemplo: 

  • Objetivo 2: "Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible". “…abordar las necesidades de nutrición de las adolescentes, las mujeres embarazadas y lactantes y las personas de edad”.
  • Objetivo 3: "Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades", reconoce la importancia de un envejecimiento saludable y activo.
  • Objetivo 10: "Reducir la desigualdad en y entre los países", se alinea con la perspectiva de no dejar a nadie atrás, abordando las disparidades que pueden afectar a las personas mayores.
  • Objetivo 11: "Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles". 

Sin embargo, es válida la falta de representación de ciertas reivindicaciones importantes de las personas mayores en las metas actuales de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Esto destaca la necesidad de una revisión más profunda e inclusión más amplia de preocupaciones clave, tales como ser parte activa de la sociedad, garantizar pensiones dignas, combatir la soledad no deseada, cambiar el modelo de cuidados y mejorar las residencias, luchar contra el edadismo, promover una transformación digital inclusiva y garantizar el derecho y acceso a la sanidad pública. 

La integración de las necesidades particulares de las personas mayores en la Agenda 2030 consolidaría los principios esenciales de equidad, participación y derechos humanos que la Agenda busca promover. No llevar a cabo este alineamiento conlleva un riesgo considerable de marginar a las personas mayores en la consecución de metas que les conciernen directamente, poniendo en peligro el cumplimiento de las promesas establecidas en la Agenda.

Agenda 2030

 

4.3 EDUCACIÓN, EMPATÍA Y COMUNICACIÓN CONTRA EL EDADISMO 

En nuestra sociedad, a menudo nos encontramos con prejuicios (idea irracional, subjetiva y basada en sentimientos) y estereotipos negativos (ideas preconcebidas y sesgadas, no completamente contrastadas con la realidad) que afectan a las personas mayores. Este fenómeno, puede tener un impacto significativo en la vida de las personas mayores, limitando sus oportunidades y afectando su bienestar. El imaginario social del anciano, construido colectiva y culturalmente, abarca percepciones, estereotipos y expectativas asociadas a la vejez, influyendo en decisiones políticas y en interacciones diarias.

  • Prejuicios: Son diversos:
    o   Biológicos: Este prejuicio, que sugiere que la vejez está intrínsecamente ligada a problemas de salud, es falaz. Muchos adultos mayores llevan vidas activas y saludables, desafiando esta percepción errónea y demostrando que el envejecimiento no equivale a enfermedad.
    o   Psicológicos: La idea de que la vejez conlleva automáticamente problemas cognitivos o pérdida de habilidades mentales es uno de los prejuicios psicológicos más comunes. Sin embargo, numerosos estudios demuestran que el envejecimiento no necesariamente se asocia con una disminución significativa de las capacidades mentales.
    o   Sociales: Se cree erróneamente que la mayoría vive en instituciones cuando en realidad viven de manera independiente, y se sostiene la perjudicial idea de que son asexuadas. Estos conceptos incorrectos pueden afectar negativamente la percepción y la salud emocional y sexual de las personas mayores.
  • Estereotipos: Los estereotipos en torno a la vejez influyen en comportamientos injustos y discriminatorios, ya que se piensa erróneamente que todas las personas mayores son iguales en salud y habilidades, menos capaces, productivas e incapaces de adaptarse, y propensas a la depresión.  

Mejorar la manera en que se trata a los ancianos, afectada por estereotipos injustos, se logra mediante la toma de conciencia y el cuestionamiento activo de estos prejuicios.

Además, para evaluar y desafiar los estereotipos negativos, se puede recurrir al Cuestionario de Estereotipos Negativos hacia la Vejez (CENVE). Esta herramienta está diseñada para medir actitudes y creencias negativas en torno a las personas mayores, con el propósito de identificar y desafiar estereotipos perjudiciales relacionados con la vejez.

Cuestionario de Estereotipos Negativos hacia la Vejez (CENVE)

El CENVE se centra en preguntas que exploran las percepciones y opiniones sobre la capacidad, salud, productividad y adaptabilidad de las personas mayores. A través de estas preguntas, busca revelar y comprender los estereotipos que pueden llevar a comportamientos discriminatorios.

Aunque se ha observado que las respuestas en el CENVE están relacionadas con el nivel educativo, no siempre se obtienen conclusiones claras sobre la conexión con la experiencia previa y el conocimiento específico sobre la vejez. A pesar de esto, el CENVE sigue siendo una herramienta valiosa para sensibilizar sobre el edadismo, informar el desarrollo de políticas inclusivas y programas, así como facilitar investigaciones futuras en el campo del edadismo y la discriminación por edad.

Para combatir el edadismo y fomentar una sociedad más inclusiva, es fundamental enfocarse en la educación, la empatía y la comunicación: 

  • Educación:

La educación desempeña un papel fundamental en la lucha contra el edadismo. En la Agenda 2030 y los ODS, se proponen acciones para lograr una sociedad más justa y equitativa, destacando la educación como vía necesaria y prioritaria para establecer garantías que favorezcan la inclusión. Las instituciones educativas deben implementar programas que promuevan la tolerancia, el respeto hacia las personas mayores. Estos programas pueden incluir talleres, seminarios, cursos y otras actividades para enseñar sobre el edadismo, explicando su manifestación y efectos.

La práctica educativa debe vincularse estrechamente a la realidad y necesidades de las personas, proporcionando acciones concretas para evitar desigualdades y vulneración de derechos. El compromiso de educadores en ámbitos formal, no formal e informal es esencial para utilizar la educación como instrumento al servicio de la gestión organizativa, favoreciendo igualdad de oportunidades y derechos de las personas mayores. 

La educación compensa desigualdades en el acceso al conocimiento y mejora de habilidades, promoviendo actitudes positivas ante las nuevas necesidades de las personas mayores. El aprendizaje a lo largo de la vida es una estrategia de empoderamiento para afrontar los retos de la nueva sociedad.

 

Prejuicios y vida

Para fomentar la tolerancia y el respeto hacia las personas mayores, las instituciones educativas pueden llevar a cabo las siguientes acciones específicas:

  • Incorporar la diversidad en las escuelas: Introducir contenidos relacionados con el envejecimiento, el edadismo y la importancia de la empatía hacia las personas mayores en diversas asignaturas.
  • Fomentar el diálogo abierto: Promover el debate y la discusión en las escuelas sobre la relevancia del respeto hacia las personas mayores y los estereotipos asociados al envejecimiento.
  • Utilizar ejemplos reales y estudios de caso: Emplear ejemplos concretos que reflejen la realidad de las personas mayores, estimulando la reflexión sobre la importancia de tratarlas con respeto y empatía.
  • Desarrollar actividades prácticas: Realizar actividades que permitan a los estudiantes ponerse en el lugar de las personas mayores, como simulaciones de situaciones cotidianas o visitas a centros o residencias de mayores.
  • Promover la empatía: Enseñar a los estudiantes sobre la importancia de la empatía y cómo esta puede contribuir a comprender y respetar las experiencias de las personas mayores.

Estas acciones buscan crear una cultura de respeto y tolerancia hacia las personas mayores, generando conciencia sobre la importancia de tratarlas con dignidad y empatía.

  • Empatía:

La empatía, definida como la capacidad de percibir, compartir e interactuar con los sentimientos de las personas mayores, desempeña un papel crucial en el envejecimiento. Al fomentar la empatía, logramos que se reconozca a los adultos mayores como individuos con experiencias, habilidades y contribuciones únicas. Esta destreza es esencial para contrarrestar el edadismo, ya que al entender y compartir los sentimientos de los demás, reducimos la propensión a juzgar o discriminar según la edad.

Además, la empatía ejerce una influencia positiva en los tratamientos que reciben las personas mayores. No se limita únicamente al cumplimiento de un horario de medicamentos, dietas o ejercicios, sino que implica proporcionarles confort y atención comprometida. En esta etapa de sus vidas, marcada por la inevitabilidad de la soledad, es esencial que experimenten una sensación de compañía.

 

Empatía

La soledad experimentada por las personas mayores en esta etapa de la vida puede generar estrés, haciendo que la resiliencia sea crucial para afrontar su situación. Es fundamental que los profesionales que se encarguen del cuidado de las personas mayores apliquen tanto la empatía para tratarlas con comprensión como la resiliencia para motivarlas. Esta combinación puede no solo generar una connotación positiva en su bienestar emocional, sino también impactar positivamente en su salud física.

  • Comunicación:

La comunicación efectiva en el ámbito sanitario es crucial para el trato con las personas mayores y para combatir el edadismo. Estrategias como:

o   Escucha activa: elemento fundamental para poder tener una comunicación eficaz. Juega un papel crucial en la relación que puede mantener una persona mayor con sus familiares o cuidadores. Tenemos que prestar atención a todas las palabras, al tono, velocidad de habla o los silencios.

o   Manejo del lenguaje no verbal: Nuestra postura, expresiones faciales y gestos como una sonrisa, desempeñan un papel crucial en el refuerzo de nuestro mensaje de manera visual, además de contribuir a que la otra persona se sienta más cómoda y comprendida.

o   Adaptación de la comunicación al interlocutor: La sensibilización y formación de los profesionales sanitarios en habilidades de comunicación son fundamentales para establecer un vínculo adecuado con los pacientes mayores. Esto no solo mejora la calidad de la atención médica, sino que también contribuye a una percepción más precisa y respetuosa de las personas mayores en el ámbito de la atención médica. adaptar nuestro estilo de comunicación.

En conclusión, la afirmación de que una buena comunicación está vinculada a una mayor satisfacción con los cuidados, así como a indicadores como la seguridad y la adherencia al tratamiento, se atribuye a Michael A. Stewart. Su investigación, destacada en el artículo "Effective Physician-Patient Communication and Health Outcomes: A Review (5)", subraya la importancia de la comunicación efectiva en el ámbito médico, respaldando el modelo centrado en la persona y la toma de decisiones compartida. 

 

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