El puerperio es el periodo de cambios fisiológicos, emocionales y funcionales que permite a la mujer recuperar progresivamente el estado previo al embarazo, con excepción de la glándula mamaria que alcanza su máximo desarrollo en esta etapa. Se divide en inmediato (primeras 24 h), precoz (primera semana) y tardío (hasta la primera menstruación). Los cuidados incluyen la vigilancia de signos vitales, la involución uterina, los loquios, el estado del periné, la función urinaria e intestinal y la prevención de complicaciones. Se recomienda promover el autocuidado, la lactancia materna, el vínculo madre-hijo y la anticoncepción adecuada según el tipo de lactancia. Durante la hospitalización se debe vigilar la estabilidad materna y neonatal, garantizar contacto piel con piel, vitamina K y profilaxis anti-D en madres Rh negativo. Tras el alta precoz, la matrona en Atención Primaria asegura el seguimiento y la educación sobre signos de alarma.
Las complicaciones del puerperio incluyen hemorragia posparto (causada por tono, traumatismo, tejido retenido o trombina), infección puerperal (endometritis, mastitis, infección de herida), procesos tromboembólicos asociados a la hipercoagulabilidad y estasis venosa, y alteraciones de salud mental, como la depresión posparto o la psicosis puerperal, que requieren detección precoz con la escala de Edimburgo. Asimismo, la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses es prioritaria, con manejo de problemas frecuentes (grietas, mastitis, ingurgitación). En conjunto, el seguimiento integral de la madre y el recién nacido busca prevenir complicaciones, favorecer la recuperación física y emocional y garantizar un inicio saludable de la crianza.
