Definir el concepto de anestesia general resulta complicado, y hoy en día aún no hay un consenso en la comunidad científica de cuál sería su definición exacta. Sin embargo, si podemos definir claramente que características deben cumplirse en un paciente para poder decir que se encuentra bajo los efectos de una anestesia general:
- Debe existir un estado de inconsciencia, el cual debe ser generado y mantenido farmacológicamente y debe ser reversible al término de la anestesia.
- El paciente debe tener la imposibilidad de establecer recuerdos durante la cirugía, o sea, debe tener amnesia, la cual también debe ser reversible tras la anestesia.
- La relajación muscular es una condición que debe estar presente en una anestesia general para que el acto quirúrgico se pueda realizar.
- En una anestesia general, debe producirse un adecuado nivel de analgesia.
Por lo tanto, la anestesia general la podríamos definir como “un estado reversible inducido farmacológicamente que se caracteriza por inconsciencia, amnesia, inmovilidad y analgesia. Dado que es un estado similar a un coma, esta definición se podría simplificar en decir que la AG corresponde a un coma farmacológico reversible asociado a una mantención de la homeostasia interna”. “Todo ello con la finalidad de proporcionar las mejores condiciones para que el cirujano desarrolle su labor con el mínimo impacto físico y psíquico posible sobre el paciente” (Penna & Gutierrez, 2017).
Además de estos principios básicos que caracterizan y definen la anestesia general, el anestesista, durante el proceso, se encarga de mantener estable al paciente, evitando descompensaciones de su situación basal, así como de contrarrestar los efectos perjudiciales que pueda desencadenar la intervención quirúrgica.
Aunque el proceso de la anestesia general en sí mismo consta de tres únicas fases (inducción, mantenimiento y educción) para una mejor comprensión global la esquematizaremos en cinco fases:
1. FASE PREANESTÉSICA
En esta fase nos encontramos dos etapas, la primera de valoración y recopilación de información, y una segunda de preparación al paciente para la cirugía.
En el capítulo de la unidad de preanestesia ya hablamos del papel de la enfermería en esta fase. Ahora hablaremos de dicha fase desde el punto de vista médico, pero que igualmente debemos conocer para poder participar y colaborar con el anestesista durante el proceso quirúrgico.
Valoración preanestésica
Antes de cualquier tipo de procedimiento susceptible de precisar una sedación o anestesia general del paciente debe realizarse una exhaustiva valoración preanestésica, y en especial de la vía aérea. En los casos de cirugías programadas, esta valoración se realizará días antes de la intervención (el mismo día de la intervención puesto que el anestesista no tiene por qué ser el mismo que el de la preanestesia puede que este la revise) y en el caso de las cirugías urgentes momentos antes de la intervención si la situación de urgencia lo permite.
En dicha valoración se realizará la necesaria anamnesis, se solicitarán radiografía de tórax, hemograma, serología y coagulación, se solicitaran las pruebas que crea necesario el anestesista en función de las particularidades de cada paciente y se realizará la valoración de la vía aérea y del riesgo anestésico.
El manejo de la vía aérea es el factor más importante de morbi-mortalidad relacionada con la anestesia, y un porcentaje de muertes o daños neurológicos permanentes se originan por la imposibilidad de oxigenar al paciente, bien por imposibilidad en la intubación, en la ventilación, o en ambas, “NO INTUBABLE-NO VENTILABLE”.
La incidencia de la situación “paciente no intubable no ventilable “(NINV) es de 1/50000 pacientes; el fallo de IOT ocurre en 1/2000 casos programados, aumentando a 1/200 casos en las urgencias.
“Un estudio realizado en 18.558 pacientes ha mostrado una incidencia de 1,8% de ID y de los fracasos de intubación (0,3%). Es interesante destacar que 1,3% de los pacientes no tenían signos sospechosos, pero fueron sin embargo difíciles de intubar. Es decir que el anestesista debe estar preparado para encarar esta eventualidad y debe estar entrenado a hacer frente a esta situación para manejar lo mejor posible y sin pánico la urgencia de la oxigenación del paciente” (Conducta a seguir ante una intubación dificultosa no prevista. Dres. Anne-Marie Cros, Fabrice Chopin). Es por ello por lo que la valoración de una posible vía aérea difícil es tan importante.
La definición de vía aérea difícil (VAD) según la Sociedad Americana de Anestesiología (ASA): “Es la situación clínica en que un anestesiólogo entrenado, presenta dificultad en ventilar al paciente con mascarilla facial, dificultad en la intubación traqueal, o en ambas”.
La valoración de la VA permite al anestesista anticiparse a una potencial situación de riesgo y de esta manera elegir el dispositivo más adecuado, así como los accesorios precisos para facilitar la intubación. El factor predictor más importante es la existencia de un problema de manejo de vía aérea en una intervención previa.
Se valorarán dos tipos de factores, los dependientes y los independientes del paciente. Los factores independientes del paciente son, por ejemplo, quien va a intubar (experiencia y entrenamiento) o donde (que aparataje y medios hay a su alcance). En el caso de los factores dependientes del paciente tenemos los predictores de intubación difícil y los predictores de ventilación difícil.
Lo primero que hay que tener claro es la diferencia entre ventilación e intubación difícil. La ventilación difícil se define como la incapacidad de mantener una saturación de O2 > 90%, a pesar de ventilar con FiO2 al 100%. Esta a su vez, se relaciona con un riesgo de intubación difícil 4 veces superior. Sin embargo, la intubación difícil se define como la necesidad de más de tres intentos por parte de un experto para la intubación o más de diez minutos para conseguirla.
Los principales factores predisponentes de ventilación difícil se engloban en el acrónimo “OBESE” (Obesidad, Barba, Edentición, SAOS, Edad > 55 años).
A pesar de existir gran cantidad de escalas que evalúan la probabilidad de intubación difícil y la visualización durante la laringoscopia, no existían escalas para valorar la ventilación hasta que el Dr. Richard Han y cols. propusieron en el año 2004 la siguiente escala para calificar la dificultad de ventilación a través de la mascarilla facial:
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ESCALA DE HAN GRADO I: Ventilación con mascarilla facial, eficaz sin ayuda de dispositivos. GRADO II: Se precisa empleo de cánula nasal o faríngea, guedel, etc. GRADO III: Ventilación difícil (inadecuada, insuficiente o inestable con 2 personas y empleo de cánula). Con o sin relajantes musculares. GRADO IV: Ventilación imposible con o sin relajantes musculares. |
Tabla 1. Escala de Han
A la hora de evaluar los factores predisponentes de intubación difícil, primeramente, se descartan enfermedades que clásicamente se asocian a dificultad en el manejo de la vía aérea en general como: síndromes congénitos (Pierre Robin, Treacher Collins, Apert, Síndrome de Down, etc.), artritis reumatoide, espondilitis anquilopoyética, acromegalia, SAOS u obesidad. De la misma manera se revisará la historia estomatológica por si hubiese dientes flojos o en mal estado, prótesis dentales móviles, flemones u abscesos que dificultaran el manejo de la vía aérea.
Además de los ya expuestos, se consideran factores dependientes del paciente predisponentes de intubación difícil:
- Cuello corto y musculado.
- Mandíbula corta.
- Incisivos superiores prominentes.
- Limitación en la abertura de la boca.
- Paladar ojival.
- Espacio faríngeo anterior disminuido.
- Reducción de la flexión cervical.
- Articulación atlanto-occipital limitada.
- Nódulos o pólipos.
- Bocio.
- Traumatismos y/o quemaduras maxilofaciales, tráquea, mediastino, y columna cervical.
- Hernia discal cervical.
- Patologías que cursen con rigidez articular como la artrosis o artritis reumatoide.
A diferencia del caso de la ventilación difícil, existen innumerables escalas y valoraciones para predecir el grado de dificultad en la intubación.
- Prueba de Mallampatti, Samsoon y Young: fue descrita por primera vez por Mallampatti en el año 1985. Estableció tres grados, a los que posteriormente, Samsoon y Young en 1987, añadirían un cuarto grado. Se basa en la visión de las estructuras faríngeas con la boca abierta al máximo, en posición sentada y sin fonación.
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TEST DE MALLAMPATTI, SAMSOON Y YOUNG • Grado I: Si al abrir la boca se observa el paladar blando, las fauces, la úvula y los pilares anterior y posterior de las amígdalas y el paciente protruye la lengua. • Grado II: Si al abrir la boca, la lengua no se protruye como en caso anterior y se visualiza el paladar blando, fauces y la úvula. • Grado III: Si solamente se puede observar el paladar blando y la base de la úvula. • Grado IV: Solo se visualiza el paladar duro. |
Tabla 2 e imagen 30. Test de Mallampatti
- Prueba de la mordida del labio superior: es el test más moderno. Publicado en el 2003, se basa en la importancia que tiene para la visión laringoscópica la libertad del movimiento mandibular y la arquitectura de los dientes. Evalúa la habilidad del paciente de alcanzar o cubrir completamente el labio superior con los incisivos inferiores y se divide en tres clases.
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TEST DE LA MORDIDA DEL LABIO SUPERIOR
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Tabla. 3. Test de la mordida del labio superior
- Distancia tiromentoniana o de Patil-Aldreti: es la distancia entre el mentón y el borde inferior del cartílago tiroides. Se mide con el cuello del paciente en máxima extensión y la boca cerrada. Si es menor de 6.5 centímetros posiblemente el enfermo tenga una ID.
- Apertura bucal: es la distancia entre los incisivos superiores e inferiores Si ésta es < 2 cm es posiblemente ID. Es un test muy importante, ya que, si la apertura es muy pequeña puede hacer imposible la introducción de dispositivos de V.A.D. (M.L, Fastrach…).
- Distancia esternomentoniana: es la distancia entre el mentón y la parte superior del esternón. Si es menor de 12.5 centímetros se relaciona con ID.
- Clasificación de Bellhouse-Dore (grados de movilidad articulación atlo-occipital): paciente en posición sentada con cabeza en extensión completa, valora la reducción de la extensión de la articulación atlanto-occipital en relación con los 35° de normalidad. Se clasifica en cuatro grados.
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CLASIFICACION DE BELLHOUSE-DORE
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Tabla.4. Clasificación de Bellhouse-Doré
En el caso de elegir un dispositivo supraglótico existe el acrónimo RODS para la predicción de una posible dificultad en la ventilación a través de estos dispositivos.
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ACRONIMO RODS: • R: RESTRICTED MOUTH OPENING: Distancia interincisivos menor de 2,5 cm puede conllevar dificultad. |
Tabla.5. Acrónimo RODS
Existen dos escalas de especial importancia que debemos conocer, estas son la escala LEMON (valoración de la vía aérea en el paciente politraumatizado) y la escala MACOCHA (valoración de la vía aérea en el paciente crítico).
Escala LEMON. Obtenida de anestesiar.org
Escala MACOCHA. Obtenida de anestesiar.org
A pesar de ser de gran utilidad para el anestesista, ninguna de las evaluaciones descritas predice la intubación difícil con una sensibilidad y valor predictivos absolutos, pues la intubación endotraqueal se ve influenciada por múltiples factores.
Además de la vía aérea, en la fase preanestésica, se valorará el riesgo anestésico, tal y como se explicó en el capítulo ‘unidad de preanestesia’. Recordamos que la escala ASA consta de 6 grados (si incluimos el de muerte cerebral-donante de órganos) y en el caso de ser una intervención de urgencia se le añadiría la letra U.
Preparación para el proceso quirúrgico
La segunda etapa de la fase preanestésica es la de preparar al paciente para el proceso quirúrgico. La parte que debe realizar la enfermera ya la expusimos en el capítulo de la unidad preanestésica, ahora hablaremos de la premediación.
Previo a la entrada en el quirófano, en la unidad de preanestesia, en la gran mayoría de los pacientes se administrarán una serie de medicamentos para facilitar la posterior anestesia general.
“La premedicación se realiza con el fin de prevenir o contrarrestar los efectos indeseables derivados tanto de los anestésicos como del propio acto quirúrgico, y de este modo, aliviar la ansiedad, inducir sedación, reducir al mínimo las posibilidades de aspiración del contenido gástrico y evitar las náuseas y vómitos postoperatorios. También se utiliza la medicación preoperatoria para controlar la infección (profilaxis antibiótica), proporcionar analgesia y promover cierta estabilidad cardiovascular.” (Anestesiologia. E. Soler).
Principalmente se trata de la administración de benzodiacepinas por vía intravenosa para reducir la ansiedad y el estrés ante la próxima intervención. El medicamento más comúnmente administrado es el midazolam.
En algunos casos, en especial los de carácter urgente, en los que no está asegurado un estómago vacío y no es posible una anestesia regional, es necesaria la administración de citrato sódico, que proporciona protección ante el pH acido de contenido gástrico. Su administración es común en pacientes con riesgo de neumonía por aspiración. Como punto positivo tiene que su efecto es inmediato, pero en contraposición, al administrarse vía oral, el volumen intragástrico aumenta. Debe administrarse una cantidad entre 15-30 ml por vía oral, de 15-30 min antes de la inducción anestésica. Hay que tener en cuenta que disminuye la velocidad de absorción de la cimetidina, ranitidina y digoxina, y que acelera la eliminación de fenobarbital.
En los casos con posibilidad de regurgitación y/o vomito como en embarazadas, obesos, pacientes con depresión del SNC o íleo paralitico entre otros, se precisará de la administración de antieméticos o inhibidores de la bomba de protones.
Otro de los grandes pilares de la premediación es la profilaxis antibiótica, la cual en función de la intervención que se vaya a realizar consistirá en un antibiótico concreto y preferiblemente se administrará al menos 30 min antes del inicio de la intervención quirúrgica, para asegurar de esta manera un adecuado nivel plasmático de antibiótico.
En algunos casos será necesario también la administración de un fármaco anticolinérgico para contrarrestar las bradicardias reflejas que puedan producirse. La estrella en este caso es la atropina, aunque también suele utilizarse el glucopirrolato.
2. FASE DE INDUCCIÓN
Lo primero será revisar que tenemos todo lo necesario y en perfecto funcionamiento (labor tanto de la enfermera como anestesista):
- Comprobar respirador (Tubuladuras, Fugas, FiO2, capnógrafo, etc).
- Aspiración y sondas.
- Mascarilla facial de diferentes tamaños.
- Tubos de Guedel de varios tamaños.
- Laringoscopio pala larga (comprobar luz).
- Laringoscopio pala corta (comprobar luz).
- Tubos endotraqueales o dispositivos supraglóticos del tamaño adecuado, lubricados y con el balón comprobado.
- Fonendoscopio.
- Guías de intubación (EischmannTM, frovaTM).
- Jeringa (para inflar el globo del tubo o DSG).
- Venda o esparadrapo (sujeción tubo o DSG).
- Ambú (siempre debe haber uno cerca).
- Carro de intubación difícil (cerca y localizado por si se complica la intubación).
- Videolaringoscopio si se prevé fuera necesario, sino en el carro de intubación difícil.
- Dispositivos de monitorización necesarios y funcionantes.
- Carro de parada cardiorrespiratoria.
Una vez colocado al paciente dentro del quirófano se procede a la monitorización: ECG, pulsioximetría y tensión arterial (invasiva o no invasiva) siempre. BISS. TOF, entropía, ..., en los casos que el anestesista lo requiera. Seguidamente se debe ajustar la altura de la mesa al anestesista que va a llevar a cabo la intubación.
Con el paciente, equipo y personal ya preparados comenzara la fase de inducción anestésica, en la cual los fármacos hipnóticos, relajantes musculares y analgésicos serán los protagonistas con el fin de conseguir las condiciones óptimas necesarias para la intubación orotraqueal y la posterior intervención quirúrgica.
Antes de proceder a la administración de fármacos se debe conseguir un adecuado nivel de preoxigenación del paciente. Consiste en la aplicación de oxígeno mediante mascarilla reservorio (FiO2 = 1) durante 5 minutos para sustituir el nitrógeno de la capacidad residual funcional por oxígeno (fenómeno de lavado –washing out–). Esto permite mantener un paciente durante 3-8 minutos en apnea sin hipoxemia. Dicha ventilación no será efectiva si no se procede a una correcta colocación de la mascarilla facial. La MF se aplicará a la cara con mano dominante mediante la técnica E (3 dedos)- C (2 dedos MF). Para conseguir el tan necesario buen sellado facial, se debe realizar la triple maniobra: boca abierta, subluxación mandibular y extensión del cuello.
Posteriormente, en una secuencia normal de inducción anestésica, los fármacos se administrarán en el siguiente orden: analgésicos, hipnóticos y finalmente relajantes musculares.
Los analgésicos por excelencia serán los opioides, siendo el fentanilo y remifentanilo los más utilizados.
Entre los hipnóticos a utilizar nos encontramos dos tipos: los endovenosos y los inhalatorios. Dentro de los primeros el propofol, etomidato y ketamina son los más comunes y entre los segundos serán el sevofluorano y el desfluorano.
Finalmente tenemos los relajantes musculares, los cuales pueden ser despolarizantes o no despolarizantes. En el primer caso tenemos la succinilcolina (solo se usará en las inducciones por secuencia rápida que explicaremos más adelante) y en el segundo los más comúnmente utilizados son el rocuronio y cisatracurio.
Con el paciente ya relajado, el anestesista procederá a la intubación. La posición de la cabeza para la intubación endotraqueal mediante una laringoscopia directa es la llamada “posición de olfateo”. Para la cual se requiere la alineación de los ejes oral, faríngeo y laríngeo. Para ello eleva la cabeza unos 10 cm, mediante la colocación de una almohadilla debajo del occipucio, manteniendo los hombros sobre la mesa, se alinean los ejes laríngeo y faríngeo. Con la extensión posterior de la cabeza a nivel de la articulación atlooccipital se obtiene la distancia más corta a una línea recta entre los dientes incisivos y la glotis.
Imagen 31. Intubación endotraqueal
La enfermera asistirá en el proceso, teniendo el tubo o DSG a mano, junto con el laringoscopio elegido por el anestesista, la jeringa (para inflar el globo) y la venda o esparadrapo para la sujeción.
Durante la laringoscopia el anestesista valorara la accesibilidad a la vía respiratoria mediante la prueba de Cormack y Lehane.
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ESCALA DE CORMACK-LEHANE
cuerdas vocales y aritenoides.
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Tabla.6. Escala de Comack-Lehane.
Imagen 32. Grados de Cormack-Lehane
Si la visualización de la glotis o cuerdas vocales no es posible el anestesista puede precisar de la colaboración del personal de enfermería (otras veces lo hará otro anestesista) para realizar la maniobra BURP, la cual consiste en el desplazamiento manual externo de la laringe mediante presión sobre el cartílago tiroides (a diferencia de la presión cricoidea) en tres direcciones para exponer mejor la vía aérea: atrás (backward), hacia las vértebras cervicales; arriba (upward), tan lejos como se pueda (aunque no se recomienda más de 3 cm); ligeramente a la derecha (rightward) del paciente. Backward, Upward and Rightward Pressure o BURP. La maniobra BURP no se recomienda de rutina, quedando reservada para las actuaciones de ID extrema (grados III y IV).
Imagen 33. Introducción de tubo endotraqueal
Una vez introducido el tubo se infla el balón, se fija el tubo y se conecta a las tubuladuras del respirador para comenzar la ventilación mecánica.
Existe una variación en la inducción anestésica llamada SIR (secuencia de intubación rápida). “La secuencia de intubación rápida (SIR) se define como la administración de un agente hipnótico y un relajante neuromuscular de forma consecutiva (virtualmente simultánea), así como de otros procedimientos con el fin de facilitar la intubación orotraqueal en el paciente crítico y minimizar el riesgo de aspiración.” “La SIR se aplica frecuentemente en el ámbito quirúrgico, especialmente cuando la intervención es de carácter urgente, y cuando se requiere intubación orotraqueal en situaciones de emergencia tanto en los servicios de urgencias hospitalarias como extrahospitalarias” (Almarales et al, 2016).
Las indicaciones para una SIR son:
- Ingesta reciente o se desconoce la ingesta de alimentos.
- Obstrucción intestinal, incompetencia del esfínter esofágico inferior, Íleo paralítico-obstructivo.
- Gestación.
- Obesidad.
- Depresión del sistema nervioso central (bajo nivel de conciencia/coma).
- Politraumatismos con compromiso de la vía aérea.
- Insuficiencia respiratoria grave.
- Gran quemado.
En el momento de la intubación generalmente se precisa la realización de la maniobra de Sellick por parte de un colaborador, ya sea del colectivo de enfermería o anestesia si lo hay. “La maniobra de Sellick es la aplicación de fuerza sobre el cartílago cricoides para empujar la tráquea y comprimir el esófago contra las vértebras cervicales en un intento de ocluir el reflujo gástrico” (Gonzalez Echevarria, 2020).
La técnica consiste en localizar el cartílago tiroideo (nuez de Adán) con el dedo índice, se desliza este dedo índice hasta la base del cartílago cricoides y se intenta encontrar un anillo horizontal prominente debajo del cartílago tiroideo (cartílago cricoides). Con las yemas de los dedos pulgar e índice, se comprime con firmeza, desplazando el cartílago cricoides hacia atrás.
La maniobra debe ser sostenida por todo el tiempo que dure el proceso de intubación, por lo que no se deberá dejar de ejercer presión hasta que el globo del tubo sea inflado.
Aunque es un procedimiento muy recomendado y extendido, hay controversia sobre la seguridad en su utilización. En la actualidad hay numerosos estudios llevándose a cabo, cuyos resultados, sin duda, habrá que consultar cuando llegue el momento.
Imagen 34. Huh, Y, Cook-jong Lee, J. Maniobra de Sellick. Aplicación de presión sobre cartílago cricoides [Internet]. 2015.
En la SIR el relajante muscular por excelencia será la succinilcolina, y en los casos de antecedentes de hipertermia maligna se puede usar el rocuronio.
3. FASE DE MANTENIMIENTO
Es la fase de la anestesia general durante la que se produce el acto quirúrgico. El principal objetivo será el de mantener las condiciones óptimas para que la cirugía se pueda realizar correctamente, así como mantener las funciones vitales del paciente.
Existen tres modalidades de anestesia general: inhalatoria, total intravenosa (TIVA) o la más comúnmente utilizada en la actualidad, anestesia balanceada.
- Inhalatoria: es la más antigua de todas, pero actualmente está cayendo en desuso, usándose exclusivamente en cirugías muy cortas y en lactantes o niños. Consiste en utilizar solo gases anestésicos durante todo el proceso de la anestesia general.
- TIVA o anestesia total intravenosa: Consiste en la utilización solo de fármacos intravenosos. Para la inducción se utilizarán hipnóticos, opiáceos y relajantes musculares en bolo, y en la fase de mantenimiento se emplearán bombas de perfusión para conseguir niveles plasmáticos constantes de los fármacos necesarios. Para este tipo de anestesia se precisan fármacos de vida media corta, que permitan una fácil variación o interrupción del efecto, en función de las necesidades quirúrgicas.
- Anestesia balanceada: esta modalidad de anestesia combina anestésicos inhalados con intravenosos. Normalmente usa los fármacos inhalados como hipnóticos para después realizar la relajación muscular y analgesia con fármacos intravenosos, ya sea en bolo o mediante bombas de perfusión.
En esta fase de mantenimiento deberá mantenerse la homeostasis del paciente, mediante una adecuada hidratación, mantenimiento de la temperatura corporal (calentadores de líquidos, mantas de calor, etc.) o aportando aquello que sea necesario a cada paciente (cristaloides, coloides, transfusión sanguínea, hipertensores, hipotensores, etc.). Los ojos deben lubricarse para que no se lesionen durante la cirugía.
No se debe descuidar la función de la enfermera de anestesia en esta fase, ya que, suele ocurrir que al inicio del acto quirúrgico la enfermera circulante precisa de la ayuda de la enfermera de anestesia. Sin embargo, el papel de la enfermería en el mantenimiento anestésico es fundamental y se debe tener presente.
4. FASE DE EDUCCIÓN O DESPERTAR
Consiste en la transición del estado inconsciente al consciente y con la recuperación de reflejos de protección intactos. Esto lo convierte en una fase especialmente sensible y que se debe tomar con la calma y cautela necesarias.
El anestesista procederá a la disminución progresiva de los fármacos hipnóticos y opiáceos hasta la interrupción definitiva. En función del tipo de intervención que se haya realizado al paciente, los opiáceos se reducirán lo suficiente para no producir depresión respiratoria, pero se mantendrán en niveles plasmáticos óptimos para paliar el dolor.
En el caso del relajante muscular, además de interrumpirlo, puede ser necesario antagonizarlo, por lo que hay que tener a mano el correspondiente antagonista.
Siempre hay que estar preparados ante posibles complicaciones en la extubación (broncoespasmo, broncoaspiración, laringoespasmo, etc.), por ello deberá tenerse a mano: un tubo endotraqueal o DSG del calibre utilizado y medio menor, laringoscopio, jeringa, un fármaco hipnótico, broncodilatador y relajante muscular de acción rápida. Al igual que en la inducción el carro de ventilación difícil y de parada cardiorrespiratoria deberán estar cerca.
La enfermera colaborara con el anestesista en el despertar del paciente, administrando o interrumpiendo la medicación que se le indique, desinflando el globo del tubo, soltando la fijación del tubo, o acercando la mascarilla facial cuando sea necesario. En esta fase es importante que siempre haya alguien pegado al paciente, ya que, en ocasiones, se despiertan bruscamente y pueden caerse de la cama o hacerse daño.
La educción no siempre se lleva a cabo, dado que a veces no es posible o el anestesista decide no despertar al paciente en ese momento. En este caso, se deberá revisar que las bombas de perfusión de hipnóticos y relajantes musculares tengan suficiente volumen para aguantar el traslado hasta la unidad de reanimación o UCI. También se deberá cambiar la sujeción del tubo si se viese endeble o sucia.
5. FASE DE POSTOPERATORIO INMEDIATO (URPA)
Aunque esta fase ha sido detalladamente expuesta en el capítulo de URPA, hay algunos aspectos que nos gustaría recalcar. Cuando el paciente se encuentra hemodinámicamente estable y el anestesista da el visto bueno, se procederá al traslado de este a la URPA o en los casos necesarios, a la reanimación o UCI. En dicho traslado, al paciente lo deben acompañar SIEMPRE un anestesista y una enfermera o anestesista y residente, siempre en función del protocolo del hospital en el que se encuentre.
Antes de salir del quirófano la enfermera circulante deberá tener preparado todo lo necesario para el traslado:
- Ambu.
- Mascarilla facial.
- Maletín de medicación de traslado.
- Informes del paciente.
- Tubo endotraqueal y jeringa (sobre todo en los pacientes que son trasladados intubados, ya que, accidentalmente puede salirse el tubo).
- Monitor de traslado.
- Bala de oxigeno.
- Respirador portátil programado y revisado por el anestesista (si el paciente sale intubado).
Se revisarán todos los catéteres, sondas y drenajes, que estén permeables y en perfectas condiciones para el traslado.
El tiempo que pase el paciente en la URPA lo debe indicar el anestesista en la hoja de anestesia y mientras este en dicho servicio, el responsable médico será el anestesista.
Durante la primera hora después de la anestesia general la vigilancia al paciente debe ser estrecha. Nada más llegar a la URPA se le debe monitorizar (ECG, TA y pulsioximetría) y revisar que todos los catéteres, sondas y drenajes están permeables y correctamente colocados.
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