TEMA 6. ANESTESIA GENERAL


Definir el concepto de anestesia general resulta complicado, y hoy en día aún no hay un consenso en la comunidad científica de cuál sería su definición exacta. Sin embargo, si podemos definir claramente que características deben cumplirse en un paciente para poder decir que se encuentra bajo los efectos de una anestesia general:

  • Debe existir un estado de inconsciencia, el cual debe ser generado y mantenido farmacológicamente y debe ser reversible al término de la anestesia.
  • El paciente debe tener la imposibilidad de establecer recuerdos durante la cirugía, o sea, debe tener amnesia, la cual también debe ser reversible tras la anestesia.
  • La relajación muscular es una condición que debe estar presente en una anestesia general para que el acto quirúrgico se pueda realizar. 
  • En una anestesia general, debe producirse un adecuado nivel de analgesia.

 

Por lo tanto, la anestesia general la podríamos definir como “un estado reversible inducido farmacológicamente que se caracteriza por inconsciencia, amnesia, inmovilidad y analgesia. Dado que es un estado similar a un coma, esta definición se podría simplificar en decir que la AG corresponde a un coma farmacológico reversible asociado a una mantención de la homeostasia interna”. Todo ello con la finalidad de proporcionar las mejores condiciones para que el cirujano desarrolle su labor con el mínimo impacto físico y psíquico posible sobre el paciente” (Penna & Gutierrez, 2017).

Además de estos principios básicos que caracterizan y definen la anestesia general, el anestesista, durante el proceso, se encarga de mantener estable al paciente, evitando descompensaciones de su situación basal, así como de contrarrestar los efectos perjudiciales que pueda desencadenar la intervención quirúrgica.

Aunque el proceso de la anestesia general en sí mismo consta de tres únicas fases (inducción, mantenimiento y educción) para una mejor comprensión global la esquematizaremos en cinco fases: 

 

1. FASE PREANESTÉSICA

En esta fase nos encontramos dos etapas, la primera de valoración y recopilación de información, y una segunda de preparación al paciente para la cirugía.

 

 

 

2. FASE DE INDUCCIÓN

Una vez colocado al paciente dentro del quirófano se procede a la monitorización: ECG, pulsioximetría y tensión arterial (invasiva o no invasiva) siempre. BISS. TOF, entropía, ..., en los casos que el anestesista lo requiera. Seguidamente se debe ajustar la altura de la mesa al anestesista que va a llevar a cabo la intubación.

Con el paciente, equipo y personal ya preparados comenzara la fase de inducción anestésica, en la cual los fármacos hipnóticos, relajantes musculares y analgésicos serán los protagonistas con el fin de conseguir las condiciones óptimas necesarias para la intubación orotraqueal y la posterior intervención quirúrgica.

Antes de proceder a la administración de fármacos se debe conseguir un adecuado nivel de preoxigenación del paciente. Consiste en la aplicación de oxígeno mediante mascarilla reservorio (FiO2 = 1) durante 5 minutos para sustituir el nitrógeno de la capacidad residual funcional por oxígeno (fenómeno de lavado –washing out–). Esto permite mantener un paciente durante 3-8 minutos en apnea sin hipoxemia. Dicha ventilación no será efectiva si no se procede a una correcta colocación de la mascarilla facial. La MF se aplicará a la cara con mano dominante mediante la técnica E (3 dedos)- C (2 dedos MF). Para conseguir el tan necesario buen sellado facial, se debe realizar la triple maniobra: boca abierta, subluxación mandibular y extensión del cuello.

Posteriormente, en una secuencia normal de inducción anestésica, los fármacos se administrarán en el siguiente orden: analgésicos, hipnóticos y finalmente relajantes musculares.

Los analgésicos por excelencia serán los opioides, siendo el fentanilo y remifentanilo los más utilizados.

Entre los hipnóticos a utilizar nos encontramos dos tipos: los endovenosos y los inhalatorios. Dentro de los primeros el propofol, etomidato y ketamina son los más comunes y entre los segundos serán el sevofluorano y el desfluorano.

Finalmente tenemos los relajantes musculares, los cuales pueden ser despolarizantes o no despolarizantes. En el primer caso tenemos la succinilcolina (solo se usará en las inducciones por secuencia rápida que explicaremos más adelante) y en el segundo los más comúnmente utilizados son el rocuronio y cisatracurio.

Con el paciente ya relajado, el anestesista procederá a la intubación. La posición de la cabeza para la intubación endotraqueal mediante una laringoscopia directa es la llamada “posición de olfateo”. Para la cual se requiere la alineación de los ejes oral, faríngeo y laríngeo. Para ello eleva la cabeza unos 10 cm, mediante la colocación de una almohadilla debajo del occipucio, manteniendo los hombros sobre la mesa, se alinean los ejes laríngeo y faríngeo. Con la extensión posterior de la cabeza a nivel de la articulación atlooccipital se obtiene la distancia más corta a una línea recta entre los dientes incisivos y la glotis.

 

3. FASE DE MANTENIMIENTO

Es la fase de la anestesia general durante la que se produce el acto quirúrgico. El principal objetivo será el de mantener las condiciones óptimas para que la cirugía se pueda realizar correctamente, así como mantener las funciones vitales del paciente.

 

4. FASE DE EDUCCIÓN O DESPERTAR

Consiste en la transición del estado inconsciente al consciente y con la recuperación de reflejos de protección intactos. Esto lo convierte en una fase especialmente sensible y que se debe tomar con la calma y cautela necesarias.

El anestesista procederá a la disminución progresiva de los fármacos hipnóticos y opiáceos hasta la interrupción definitiva. En función del tipo de intervención que se haya realizado al paciente, los opiáceos se reducirán lo suficiente para no producir depresión respiratoria, pero se mantendrán en niveles plasmáticos óptimos para paliar el dolor.

 

5. FASE DE POSTOPERATORIO INMEDIATO (URPA)

Aunque esta fase ha sido detalladamente expuesta en el capítulo de URPA, hay algunos aspectos que nos gustaría recalcar. Cuando el paciente se encuentra hemodinámicamente estable y el anestesista da el visto bueno, se procederá al traslado de este a la URPA o en los casos necesarios, a la reanimación o UCI. En dicho traslado, al paciente lo deben acompañar SIEMPRE un anestesista y una enfermera o anestesista y residente, siempre en función del protocolo del hospital en el que se encuentre.

 

BIBLIOGRAFÍA