Hablar de la Seguridad del Paciente, es hablar de los efectos adversos que sufre el paciente derivados de la asistencia sanitaria que se le presta por parte de los profesionales y del sistema. Es hablar de praxis profesional, es hablar de calidad asistencial.
La situación ideal sería que ningún paciente en busca de asistencia sanitaria sufriera un problema de salud o la muerte a causa de la asistencia recibida.
La preocupación por la seguridad del paciente en los servicios sanitarios no es un tema nuevo. Los primeros estudios datan de 1950, pero lo cierto es que en los últimos quince años, desde que el Instituto de Medicina de los Estados Unidos publicó en 1999 el libro “To err is Human: building a safer health system”, el problema ha adquirido una dimensión mundial y se ha incorporado a las agendas políticas y al debate público.
Desde entonces, no sólo los gobiernos, sino también las organizaciones internacionales, han desarrollado iniciativas para apoyar estrategias tanto nacionales como internacionales que contribuyan a la mejora de la seguridad de los pacientes en todo el mundo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en la 55 Asamblea Mundial de la Salud celebrada en Ginebra en el 2002, aprobó la resolución WHA55, en la que se insta a los estados miembros a prestar “la mayor atención posible al problema de la seguridad del paciente” y a establecer y consolidar “sistemas de base científica, necesarios para mejorar la seguridad del paciente y la calidad de la atención de la salud, en particular la vigilancia de los medicamentos, el equipo médico y la tecnología”, dando por creada una gran Alianza Internacional por la Seguridad del Paciente.
