En este tema trataremos las implicaciones respecto a la seguridad del paciente relativas a problemas concretos de cuidados estudiados como indicadores de la calidad de la asistencia sanitaria.
El seguimiento de los eventos adversos se ha implementado de forma reciente y la notificación de los mismos se incluye en sistemas voluntarios y anónimos que tratan de constituir el punto de arranque para mejoras del sistema sanitario. Respecto a los problemas que vamos a tratar a continuación, se realiza un seguimiento periódico mediante registros específicos obligatorios.
Sobre cada uno de estos problemas existen una serie de recomendaciones basadas en evidencias que mejoran aspectos estructurales de procesos y de resultados, con el objetivo de prevenir, mitigar y estudiar los riesgos inherentes y sus consecuencias.
1. CAÍDAS
Ana acaba de recibir a una paciente que ingresa en la unidad en la que trabaja. Este paciente se llama Josefa, tiene 85 años y padece un síndrome constitucional a estudio. Mientras mira la historia, entrevista a la familia y ordena la documentación, Felipe, un TCAE, la acompaña a la habitación y le indica que debe cambiarse de ropa en el baño.
Las caídas, generan una elevada carga de morbi-mortalidad añadida a los problemas de salud de las personas que más las padecen, correspondiéndose con las personas de mayor edad. Además, representan un elevado coste para los sistemas sanitarios (34000 millones de $ en EEUU en 2013).
Si bien las caídas de los pacientes en los hospitales constituyen aún el centro de la literatura de seguridad del paciente, a este respecto no se puede obviar que la mayoría de estos eventos se producen en el hogar o en centros sociosanitarios. En el medio hospitalario la tasa de caídas ronda las 3,5 caídas por cada mil estancias.
La prevención de caídas en pacientes hospitalizados forma parte de los “Safety goals” de la Joint Commission desde su primera edición y las principales organizaciones de calidad de cuidados incluyen las caídas como indicador clave en sus estándares. Además, la existencia de herramientas de valoración del riesgo, medidas de mitigación del mismo y procedimientos de registro y seguimiento de las caídas. Este tipo de herramientas se exige como un sistema preestablecido de actuación en caso de caídas, según los protocolos de acreditación de esas organizaciones y en el proyecto SENECA de estándares calidad de cuidados para la seguridad del paciente en el Sistema nacional de salud.
